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Cadena de sismos golpea fuerte a Honduras


TEGUCIGALPA / AFP

Dieciocho personas lesionadas, 388 familias afectadas, 373 casas destruidas y 306 dañadas fue el saldo que hasta este lunes dejaron los sismos que se registraron desde el sábado en la zona centro-norte de Honduras, informaron fuentes oficiales a la AFP.
“En el municipio de Marale tenemos 18 personas lesionadas, 274 familias afectadas, 140 casas destruidas y 125 dañadas, y en el municipio de Yorito 114 familias resultaron afectadas, 33 viviendas destruidas y 181 dañadas”, detalló el subjefe de Operaciones de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), Randolfo Fúnez.
Según la fuente, la primera sacudida se sintió el sábado a las 11:59 horas locales (17:59 GMT) con una intensidad de 5.5 grados en la escala de Richter, pero se han registrado unas 14 réplicas que han aterrorizado a la población de las comunidades indígenas tolupanes.
El epicentro del temblor se ubicó a unos 100 km al norte de Tegucigalpa, entre los departamentos de Francisco Morazán y de Yoro.
“En Marale tenemos 1.097 personas damnificadas, siete escuelas dañadas y dos destruidas”, añadió el funcionario.
En el municipio de Yoro quedaron dañadas una iglesia colonial, un monasterio y una escuela.
Fúnez indicó que las autoridades de Salud enviaron personal médico y sicólogos para atender a las personas afectadas, sobre todo por los traumas.
También despacharon colchonetas, frazadas y alimentos a los albergues temporales para atender a las personas que perdieron sus casas o que resultaron dañadas y tuvieron que evacuarlas por precaución.
Éstos son los peores daños que sufre Honduras a causa de un sismo.
Según Fúnez, unas 15 comunidades, entre aldeas y caseríos de viviendas endebles de bahareque (pared de palos) y tejas, quedaron destruidas o con fisuras, por los efectos del “terremoto” y se teme que haya más réplicas.
El jefe de Copeco, Marco Burgos, llamó a la población, a través de radios locales, a mantener la calma, y dijo que los movimientos telúricos “no serán para siempre”.
José Manuel Hernández relató al diario La Tribuna que a las 04:00 horas de la mañana, cuando estaba acostado junto a su familia en el patio de la casa y empezaba a conciliar el sueño, sintió que la tierra se movía, por lo que decidió correr a la calle.
“Los niños están traumatizados, necesitan tratamiento psicológico, no quieren comer ni dormir, ya que temen que las paredes y el techo de las casas los aplasten”, expresó.