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Triste final de catástrofe minera en China


La mayor catástrofe minera en China en los últimos dos años se saldó con la muerte de los 181 trabajadores atrapados durante casi una semana en dos yacimientos inundados en el este del país, declararon el jueves las autoridades de Pekín.
“No tienen esperanzas de sobrevivir”, dijo Huang Sheng, vicegobernador de la provincia de Shandong, aunque afirmó que el agua seguiría siendo bombeada fuera de las minas.
Los accidentes ocurrieron en Shandong el viernes de la semana pasada, cuando un río se desbordó y sus aguas inundaron dos minas de carbón que se hallaban a 10 km una de la otra, en la ciudad de Xintai.
Se llevaron a cabo desesperados esfuerzos de rescate y hasta este jueves las autoridades se habían negado a descartar la posibilidad de un milagro. Las declaraciones de Huang confirmaron que la inundación de Xintai fue uno de los peores desastres en la peligrosa industria de las minas de carbón en China.
En 2005, una explosión en una mina de carbón en la provincia de Liaoning (noreste) causó 214 muertos. Los parientes de algunas de las víctimas del desastre de Xintai dijeron a la AFP que no habían sido informados de que los mineros estaban oficialmente muertos, pero que no estaban sorprendidos.
“Estábamos esperando la noticia... No sirve para nada enojarse. Hay que aceptar el hecho que murió”, indicó a la AFP por teléfono desde Xintai el hermano de uno de los mineros, de nombre Zhang. “Se haga lo se haga, no se les puede resucitar. Puedes llorar y hacer un drama, pero no puedes hacer que vuelvan a estar vivos”, dijo.
Más de 750 mineros se encontraban bajo tierra cuando el agua entró en la mina de Zhangzhuang. Pese a que muchos pudieron escapar, 172 quedaron atrapados y no se sabe nada de ellos. Además, en otro accidente semejante, nueve personas quedaron atrapadas en la mina de carbón de Minggong.
En Zhangzhuang, las autoridades dijeron que el agua casi llenaba por completo la mina de 860 metros el viernes. Unas 24 horas después de la inundación, el agua estaba aún 20 metros por encima de la superficie, dejando a los mineros con las mínimas esperanzas de hallar una bolsa de aire que les permitiera sobrevivir.