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“Asignación de sexo

Los padres suelen preferir que su hijo sea un niño, ya que en la India los padres con hijas se ven obligados a pagar una dote cuando las casan.

Médicos de la Sanidad pública india han operado desde 1980 a unos 12.000 niños, incluidos bebés de meses, para asignarles el sexo "apropiado" tras nacer con órganos genitales mixtos, un desorden genético fruto de los frecuentes matrimonios entre parientes en la India.
El jefe de Cirugía Pediátrica del Instituto Indio de Ciencias Médicas (AIIMS), D.K. Gupta, explicó que para la operación basta el consentimiento de padres o abuelos, que suelen preferir que su hijo sea un niño, ya que en la India los padres con hijas se ven obligados a pagar una dote cuando las casan.
Dos tercios de estos pacientes fueron operados para dejarles órganos sexuales únicamente masculinos, mientras que el tercio restante se sometió a operaciones quirúrgicas de "reconstrucción" de la vagina.
Gupta, que opera en una de las instituciones médicas más importantes de la India, mantuvo que los médicos tienen en cuenta la opinión de los padres, pero siguen un criterio de "proximidad" para "determinar" el sexo del paciente.
Las intervenciones consisten en "la reconstrucción del área genital para darles el sexo apropiado", dijo Gupta, quien especificó que "no son operaciones de cambio de sexo, sino de determinación de sexo".
Entre los casos tratados en este centro hay un buen número de hermafroditas puros, aunque la mayoría de las alteraciones cromosómicas afectan a niños o niñas que presentan ambigüedades en sus órganos genitales.
Situación producto de relaciones entre parientes

Los altos índices de menores con este tipo de "desórdenes genéticos" tienen su explicación en la endogamia y en los matrimonios consanguíneos, frecuentes en la India y en algunos países islámicos.
Un diez por ciento de las familias que acuden a este centro público indio son musulmanas, muchas de las cuales proceden del extranjero.
Estas familias no dudan en pagar el viaje a Nueva Delhi desde Pakistán, Bangladesh, Arabia Saudí, Emiratos y Egipto para someter a sus hijos a una intervención quirúrgica de "determinación de sexo", que dura entre dos y diez horas según el caso.
"Vinimos hace dos semanas y nos vamos hoy. Estoy impresionado con la habilidad de los cirujanos", explica en la consulta del doctor Gupta el paquistaní Asad Hamid, padre de Momina, una de las niñas operadas.
Momina, con un vestido rojo de topos blancos, descansa sobre el regazo de su madre mientras su progenitor relata que es la segunda vez que su hija, de dos años y medio, se somete a una operación quirúrgica de este tipo, a pesar de lo cual no duda en calificar de "excelente" la labor de los médicos.
"Volveremos de Pakistán dentro de seis meses para el chequeo médico de nuestra hija", explica Hamid, quien aprovecha su despedida del doctor Gupta para entregarle un obsequio.
El matrimonio se vuelve “una posibilidad”

Según datos recogidos por el centro durante este último cuarto de siglo, un 90 por ciento de los pacientes dice estar "muy contento" con su vida, aunque un 25 por ciento tiene problemas psicológicos como, por ejemplo, miedo a casarse.
Casi la mitad de los pacientes creen que el matrimonio -institución fundamental en la India- es "una posibilidad" en sus vidas, aunque un 70 por ciento de los padres ven un futuro "incierto" para sus hijos en el ámbito social y laboral.
Aunque el 75 por ciento de los padres quieren que sus hijos se "impliquen más" en la decisión de la asignación de sexo, la mayoría de los intervenidos eran menores de cinco años, y en todo caso el 80 por ciento tenía menos de 12 años, según los datos de Gupta.
Los intervenciones son variadas y de desigual complejidad: desde niñas que presentan "micropenes" hasta casos puros de hermafroditismo, pasando por pacientes con pequeños testículos que han de ser extirpados para que no desarrollen cáncer.
El proceso de "determinación de sexo" no termina con la operación, sino que continúa con la administración de hormonas y con tratamiento psicológico para los pacientes.
El precario sistema público indio, que no puede hacer frente a la presión demográfica de su población para acceder a los servicios médicos, se hace cargo de estas operaciones, aunque los pacientes han de pagar medio dólar al día por la comida y la hospitalización.