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Ecuador en vilo al cierre de campaña

* Oposición le enrostra amistad con Chávez * Gobierno ganaría con tres millones de votos

La campaña por el plebiscito constituyente en Ecuador cerró este jueves con demostraciones de fuerza en las calles entre la oposición de derecha y el presidente Rafael Correa, quien vinculó su suerte en el gobierno a la aprobación de su proyecto socialista.
Correa --el octavo mandatario en una década de inestabilidad política-- se esforzó por desvirtuar la propaganda de la oposición que lo acusa de querer concentrar todos los poderes al estilo del venezolano Hugo Chávez, a través de una Constituyente que redactará una nueva Carta Política.
"Aquí nadie sigue la línea de Chávez; aquí seguimos la línea ecuatoriana, la de los ciudadanos, profundamente humanista, que quiere un cambio radical", declaró el jefe de Estado, descartando la estatización y confiscación de bienes dentro de su plan del "socialismo del siglo XXI".
Le enrostran amistad con Chávez
Pero sus detractores, utilizando la alianza de los mandatarios venezolano y ecuatoriano como caballo de batalla, advirtieron que, de ganar la consulta, Correa desmontará el Estado de Derecho, acabará con la dolarización y ahuyentará la inversión extranjera.
"No quiero darle a mi hijo un régimen donde se violen las libertades como se hace en Venezuela", dijo Alfredo Serrano, quien junto con otros 56 diputados fue destituido por la corte electoral el 7 de marzo bajo acusación de interferir con el plebiscito, lo que mantuvo paralizado el Congreso hasta comienzos de semana.
Cerca de 9.2 millones de ecuatorianos están convocados a las urnas y Correa requiere de unos tres millones de votos para aprobar su Constituyente, considerando un 30% de ausentismo y tomando en cuenta los votos blancos y nulos.
Un sondeo de la empresa consultora privada Cedatos estableció que un 63% votará a favor de la consulta contra 20% que se opone y un 17% que anulará o sufragará en blanco.
El mandatario insistió en que de salir derrotado "probablemente se irá para la casa", al término de una intensa campaña en la que apareció a diario en los medios, recorrió varias provincias y fustigó sin tregua a sus adversarios.
"Soy un demócrata convencido. Todo lo que he hecho es democrático, y justamente lo que hemos dicho es: resolvamos nuestros conflictos en las urnas", sostuvo Correa, defendiéndose de señalamientos que lo tildan de "dictador".
¿Un cheque en blanco a Correa?
Entre tanto, grupos a favor y en contra salieron al centro de Quito a quemar sus últimos cartuchos. "¿Le daría un cheque en blanco a Correa?", se leía en los volantes que repartió Jaime Villarroel, directivo de la Unión Demócrata Cristiana (UDC).
"No creo en las plantillas (imitaciones). Y lo que quiere Correa es imponer el modelo venezolano en Ecuador, dijo a la AFP el dirigente, mientras a varios metros simpatizantes del gobierno celebraban un mitin con música frente a la sede del Congreso.
El gobernante promueve una Constitución de corte socialista que, según él, acabará con el Estado centralista, la politización de los tribunales y la justicia y recortará la facultad del Congreso de echar presidentes.
Asimismo, reposicionará al Estado como "planificador, regulador y promotor de la economía" y profundizará la propiedad de los recursos naturales en un país donde operan varias multinacionales petroleras y mineras.
Según observadores, el gobierno aún no tiene asegurada una victoria.