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Cuarto día de enfrentamientos en Somalia

El más importante de los grupos primitivos de Somalia, “el clan Hawiye”, ha jurado que no detendrá la lucha mientras haya soldados etíopes en la ciudad.

Los enfrentamientos entre las fuerzas leales al gobierno de Somalia y los milicianos de la antigua Unión de Tribunales Islámicos (UTI) entraron hoy en su cuarto día consecutivo en Mogadiscio, donde ayer, sábado, murió el primer soldado ugandés de la fuerza de paz enviada por la Unión Africana.
"Uno de nuestros hombres murió y otros cinco resultaron heridos por los disparos de mortero hechos por los milicianos islámicos contra el palacio presidencial" -en cuyos alrededores estaba desplegada una compañía de soldados de la UA-, dijo el portavoz del contingente ugandés, capitán Paddy Ankunda. Dos de los efectivos ugandeses heridos debieron ser trasladados a la vecina Kenia pues su estado es muy grave, dijo el portavoz militar.
Los barrios centrales y del noroeste de Mogadiscio son los más afectados por los combates. Los insurgentes disparan con morteros desde las posiciones que ocupan en varias áreas residenciales y las tropas gubernamentales y los efectivos etíopes que las respaldan responden con fuego de artillería pesada.
Consejos de ancianos piden tregua
Los consejos de ancianos de varios clanes de Mogadiscio hicieron hoy un llamamiento para que se declare una tregua con vistas a entablar negociaciones de paz, pero el más importante de los grupos tribales de esta capital, el clan Hawiye, ha jurado que no detendrá la lucha mientras haya soldados etíopes en la ciudad.
El clan Hawiye, al que pertenece uno de cada cuatro somalíes, dio luz verde a principios de esta semana a sus combatientes para luchar contra el Gobierno, al sentirse relegado por una administración que basa su poder en el apoyo armado prestado por la vecina Etiopía.

Por su parte, las milicias islamistas están tratando de movilizar a la población civil en una "yihad" (guerra santa) contra los "invasores etíopes y los traidores del Gobierno" de Transición, que, a su vez, está trayendo a Mogadiscio refuerzos desde Baidoa, su antigua sede provisional situada a 250 kilómetros al noroeste de esta capital.
La situación humanitaria es cada día peor en Mogadiscio, donde los aterrorizados habitantes continúan encerrados en sus casas, sin electricidad ni agua corriente y con muy pocos alimentos.
250 muertos
Decenas de miles de los habitantes de Mogadiscio, de una población calculada originalmente en 2,5 millones de personas, han huido hacia otras regiones para no ser víctimas de los incesantes duelos de artillería y los tiroteos con fusiles y metralletas entre las facciones enfrentadas.
No hay manera de establecer fehacientemente el número de muertos desde que comenzaron los combates, pero se calcula que podría sobrepasar los 250, en su mayoría civiles, mientras que los heridos son cerca de 500.
Etiopía envió sus tropas a Somalia el pasado 24 de diciembre para desalojar a los milicianos islámicos de todos los puntos que controlaban, incluyendo Mogadiscio, ante el temor de que en su expansión cruzaran la frontera común y desestabilizaran la región oriental etíope, por cuyo control los dos países libraron una guerra entre 1977 y 1978.

La Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) planea enviar una fuerza de interposición de 8 mil efectivos, pero hasta ahora sólo ha podido desplegar un contingente de mil 500 soldados ugandeses, que no están involucrados en ninguna operación de pacificación y permanecen acuartelados debido al acoso de los insurgentes.
Los actuales enfrentamientos comenzaron el jueves pasado, cuando el contingente etíope y las tropas del Gobierno lanzaron una ofensiva contra los reductos de los insurgentes islámicos en un esfuerzo por poner fin a la guerra de guerrillas que estos iniciaron tras ser desalojados de los grandes centros urbanos del país.
El presidente de transición somalí, Abdullahi Yusuf Ahmed, pretende que el desarme de todas las milicias que operan en Mogadiscio sea completado antes del próximo día 16, cuando comenzará aquí una conferencia de reconciliación, que busca cerrar las divisiones que desde hace 16 años impiden la gobernabilidad del país.
Somalia vive inmersa en el caos político desde 1991, cuando los líderes de los clanes tradicionales derrocaron al dictador Siad Barré y dividieron el país en zonas controladas por sus milicias privadas, que luchaban constantemente entre ellas y explotaban a las poblaciones.