Internacionales

Casa Blanca puso en lista negra al fiscal del ‘caso Plame’

* ‘The Washington Post’ revela que Patrick Fitzgerald figuraba entre varios posibles despedidos

Washington / El País
Patrick Fitzgerald, el fiscal que condujo la investigación del escándalo sobre las filtraciones para justificar la guerra de Irak, estaba pobremente valorado por los responsables del Departamento de Justicia, y, eventualmente, entre los candidatos a ser despedidos, según ha descubierto el diario ‘The Washington Post’. Esta información no ha sido confirmada por fuentes del Gobierno por el momento.
La información difundida por el rotativo norteamericano vendría a ratificar también la calificación política que la Administración de George W. Bush ha venido dando a los fiscales y aumenta la presión sobre el fiscal general, Alberto Gonzales, para que abandone su cargo. En este país, los fiscales son nombrados por el Gobierno, pero están obligados a actuar con total independencia e imparcialidad, cosa que, salvo excepciones, hacen.
Fitzgerald es el fiscal que se encargó del caso de la revelación, por parte de altos funcionarios del Gobierno, de la identidad de la agente de la CIA Valerie Plame como castigo a su marido, el diplomático Joseph Wilson, que había descubierto que Saddam Hussein no había comprado uranio enriquecido en Níger. Hace dos semanas, el jefe de Gabinete del vicepresidente Dick Cheney, Lewis Scooter Libby, fue declarado culpable de perjurio y obstrucción a la justicia en relación con ese caso.
Se conectan aquí, por tanto, dos asuntos enormemente lesivos para Bush. Por un lado, el caso Plame, que puso en evidencia las manipulaciones para precipitar la invasión a Irak. Por el otro, el escándalo, más reciente, del presunto despido de ocho fiscales por falta de lealtad política al Gobierno. Si llega a confirmarse que el fiscal que perjudicó a la Administración por su investigación sobre Libby estaba en la lista de futuros despedidos, le resultará muy difícil a Gonzales sostener que los despidos no tenían motivación política.
De momento, lo que The Washington Post ha averiguado es que el nombre de Fitzgerald se encontraba situado en la lista del Departamento de Justicia por debajo de los que eran calificados como “fiscal fuerte que manifiesta lealtad”. Esa lista era elaborada por los ayudantes del fiscal general para identificar a los fiscales que debían ser despedidos. Dos de los que, finalmente, fueron relevados, se encontraban en la misma categoría que Fitzgerald.
Expertos judiciales creen que todo lo que no sea reconocer a Fitzgerald como uno de los más grandes fiscales de Estados Unidos resulta altamente sospechoso. Fitzgerald, fiscal federal de Chicago, alcanzó gran notoriedad nacional por su investigación sobre la red de Al Qaeda antes del 11-S, que le condujo a acusar formalmente a Bin Laden. En 2002 fue premiado por sus distinguidos servicios. Frecuentemente es mencionado por sus colegas como el mejor de los 93 fiscales federales.
La propia portavoz del Departamento de Justicia, Tasia Scolinos, reconoció al comentar la información del Post que Fitzgerald tiene “un reconocido historial como uno de los más experimentados y respetados fiscales”. Se estrecha así el cerco sobre Gonzales. En estas horas se libra una sorda y dura batalla entre la Casa Blanca y el Capitolio sobre cómo salir de esta situación. El plazo para resolverla vence mañana.

Karl Rove bajo juramento
Ésa es la fecha marcada por el Congreso para citar formalmente al asesor presidencial Karl Rove a declarar bajo juramento sobre su intromisión en el despido de los fiscales. Es muy probable que Bush haga uso de los poderes que le otorgan las leyes para impedir que su más estrecho colaborador sea obligado a comparecer en esas condiciones.
Pero es muy difícil que eso ponga fin a esta crisis. Los demócratas no se van a retirar de este duelo sin obtener algún beneficio. Seguramente, Bush va a tener que elegir entre sacrificar a Rove o a Gonzales. Y, pese al nuevo mensaje de apoyo que ayer le envió a su fiscal general, nadie se imagina una Casa Blanca sin Rove.