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No se vislumbra fin al conflicto de Irak


Los ánimos en EU están más exaltados que nunca en vísperas del cuarto aniversario del comienzo de la guerra de Irak, pero ni republicanos ni demócratas han conseguido todavía dar con un plan que ofrezca una solución al conflicto.
La incapacidad de ambos bandos del espectro político para enmendar el desaguisado en Irak coincide con un rechazo cada vez mayor de la opinión pública a la contienda.
En las últimas encuestas se muestra que seis de cada 10 estadounidenses se oponen a la guerra y quieren que las tropas regresen a casa.
Los datos contrastan con los registrados en marzo de 2003, cuando casi tres cuartas partes de la población respaldaba la decisión de Estados Unidos de invadir Irak.
Pese al desaliento ciudadano con una guerra que se ha cobrado la vida de más de 3,200 soldados de EU y cientos de miles de iraquíes, la Casa Blanca todavía insiste en que saldrá triunfal de la violenta refriega en Irak.
Saben que ganarán guerra
Para lograr ganar la guerra, EU enviará a unos 30,000 soldados adicionales al país árabe, cuyo cometido no es obtener la victoria militar, algo que los máximos comandantes en la zona consideran ya imposible, sino reducir los enfrentamientos sectarios para lograr un acuerdo político.
Ese acuerdo, que según los analistas pasa por un entendimiento regional que ponga fin al respaldo exterior a los combatientes extranjeros en Irak, allanaría el camino para la retirada estadounidense.
En esa línea se enmarcan los recientes esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos, que ha accedido a negociar con enemigos acérrimos como Irán y Siria para tratar de poner fin al caos rampante en Irak.
Aunque no está claro que el diálogo regional logre el deseado entendimiento entre suníes, chiítas y kurdos, la Casa Blanca parece estar convencida de que ése es el camino a seguir, y ha solicitado fondos adicionales al Congreso para sufragar las operaciones extra en Irak y Afganistán.
Los demócratas, reacios a negar la aprobación de fondos ante el temor a ser acusados de abandonar a las tropas, han optado por vincular el desembolso de fondos adicionales de emergencia para Irak y Afganistán (95,500 millones de dólares) al establecimiento de un calendario para la retirada, el principal punto de desacuerdo con sus rivales republicanos.
La falta de entendimiento en torno a la fecha para el repliegue quedó clara este fin de semana, cuando el presidente de EU, George W. Bush, tachó la idea como “desastrosa” y amenazó con recurrir a su poder de veto para impedir que la iniciativa salga adelante.
La autoridad del Poder Ejecutivo amenaza con frustrar las iniciativas demócratas a menos, dicen los observadores, que el presidente deje de recibir el apoyo de sus propias filas políticas.
Senadores republicanos como John Thune han manifestado que existe un creciente sentido de urgencia que se agravaría, dijo, si la decisión de enviar más soldados a Irak no resulta acertada.
Entre los escépticos sobre el triunfo estadounidense en el país árabe --que ha pasado a definirse ahora como la capacidad para poner fin a la violencia sectaria-- está también el senador John Warner, y, en menor medida, el legislador de Florida Bill Young, quien pese a defender a Bush a capa y espada dice que la guerra actual en Irak es muy diferente a la que autorizó el Congreso en marzo de 2003.
En medio del debate político, que continuará la próxima semana en el pleno de la Cámara de Representantes, decenas de miles de estadounidenses se han lanzado este fin de semana a las calles para protestar por la guerra.
La asociación pacifista ANSWER calcula que habrá más de 1,000 actos ciudadanos contra el conflicto durante el fin de semana, entre los que destacan la vigilia con velas ante la Casa Blanca organizada el viernes por grupos cristianos, la marcha de ayer sábado en Washington y la protesta que discurre hoy por las calles de Nueva York.