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Aislamiento de Bush al desnudo


WASHINGTON / AFP
El presidente estadounidense, George W. Bush, es blanco de un disenso sin precedentes en su propio Partido Republicano, donde el creciente escepticismo ante la nueva estrategia en Irak amenaza con poner al desnudo su aislamiento.
“Es como los demócratas bajo (el presidente Lyndon) Johnson (1963-1969)”, comentó el historiador Juan Mueller, de la Universidad de Ohio, al hacer paralelismos con el clima político que vivía ese país durante la guerra de Vietnam hace unas cuatro décadas.
Y para Mueller, “esto apenas comienza”.
Con la “paliza” que los demócratas le propinaron a los republicanos en las elecciones de noviembre, al ganar la mayoría de los escaños en el Congreso, los correligionarios de Bush fueron empujados a fijar distancia para los comicios de 2008, añadió el experto.
El pasado miércoles, varios dirigentes del Partido Republicano le pidieron a Bush que revisara su nueva estrategia para Irak, expresando su desacuerdo con el despliegue de 21.500 militares adicionales.
“El Senado está en desacuerdo con el “plan” (...) y llama al presidente a considerar todas las opciones y alternativas para alcanzar los objetivos estratégicos con menos efectivos que los que se propusieron”, dice el proyecto de resolución presentado entre otros por John Warner, ex presidente de la Comisión de Fuerzas Armadas.
Desde hace cuatro años, Warner encarnaba la línea de la responsabilidad al no vacilar en enfrentarse con la Casa Blanca para imponer el respeto de los convenios de Ginebra sobre presos en tiempos de guerra, pero garantizaba al mismo tiempo un pilar fuerte para los militares.
El proyecto de resolución parece tener grandes posibilidades de ser adoptado por el Senado la próxima semana, ya que cuenta con el apoyo de otros tres republicanos y seis demócratas.
La lealtad de los republicanos a la Casa Blanca está en caída libre, dijo el editorialista conservador Robert Novak, que citó a un parlamentario influyente republicano que pidió el anonimato.
En tal contexto, la política de Bush expresada el martes por el presidente en el discurso sobre el estado de la Unión parece estar destinada al fracaso.
“Nuestro país está buscando implementar una nueva estrategia en Irak, y les pido que le den una oportunidad para funcionar”, dijo Bush en el discurso.
Pero sus esfuerzos para argumentar su estrategia parecen vanos, a pesar de la multiplicación de las citas organizadas por la Casa Blanca.
“Después de una reunión de tres horas (...) estoy todavía más escéptico sobre el impacto (del plan de Bush) en nuestra seguridad nacional”, subrayaba cruel el senador republicano Jorge Voinovich.
A pesar de este aislamiento, el vicepresidente Dick Cheney insiste en que la Casa Blanca no cambiará de parecer sobre los pasos a seguir en Irak.
El Congreso “no nos detendrá, y eso sería, creo yo, negativo desde el punto de vista de las tropas”, dijo Cheney en una entrevista realizada antes de que la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado aprobara el miércoles un texto de condena a la nueva estrategia para intentar estabilizar Irak.
Sin embargo, todavía hay algunos republicanos ultraconservadores que apoyan a Bush.
“Lo peor que se puede hacer en el Congreso sería socavar la autoridad del presidente en la escena internacional. Adoptar la resolución enviaría un mensaje negativo”, declaró la senadora texana Kay Bailey Hutchison.