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El Salvador sigue polarizado


SAN SALVADOR/ AFP

La Iglesia Católica cuestionó ayer domingo el cumplimiento de los acuerdos de paz que terminaron con la guerra civil en El Salvador hace 15 años, y aseguró que la nación sigue "polarizada".
"La democracia y el respeto a los derechos humanos nunca se lograron perfectamente, pero los acuerdos pusieron en marcha procesos saludables y esperanzadores que continúan vigentes", aseguró el Arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando Sáenz, al leer en la catedral una declaración con motivo del aniversario del plan paz.
El 16 de enero de 1992, bajo la mediación de la ONU, el gobierno y la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda) firmaron un complejo acuerdo de paz que permitió terminar la guerra civil que en 12 años dejó más de 75,000 muertos.
A pesar de que buena parte de los acuerdos siguen vigentes con el funcionamiento de nuevas instituciones, como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, el arzobispo fue categórico al señalar que "no hemos logrado el más ambicioso de los objetivos: la reunificación de la sociedad salvadoreña".
"Vale la pena reflexionar sobre este tema (reunificación de la sociedad), no para culpar a grupos e instituciones, sino para hacer un sincero examen de conciencia", señaló el prelado.
Sáenz comentó que más allá de analizar las causas sociales y económicas, la sociedad salvadoreña "está polarizada en distintos aspectos", tras indicar que "ningún sector está inmune de tentaciones y divisiones".
En su declaración, el arzobispo recordó que el primer acuerdo gobierno-guerrilla, firmado el 4 de abril de 1990 en Ginebra, estableció cuatro grandes objetivos: terminar con el conflicto armado por la vía política, impulsar la democratización del país, garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos y la reunificación de la sociedad.
Ese acuerdo --según Sáenz-- tiene el mayor déficit en no haber logrado la "reunificación" de los salvadoreños.
Para respaldar el proceso de paz, el arzobispo recomendó construir "un templo expiatorio para expresar y simbolizar la necesidad de reparación espiritual por todos los crímenes, injusticias y violencias que sufrió el país durante el conflicto armado, y que siguen atormentando nuestra vida social".