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Lula negocia alianzas para su gobierno


BRASILIA / AFP
El presidente Lula prepara su segundo mandato sin consultas con el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), que salió bien parado de las urnas pero que aún debe reconstruir su equipo dirigente, desmantelado por los escándalos de corrupción.
El PT fue marginado de la negociación de las alianzas, contrariamente a lo que ocurrió en 2002, cuando Lula confió esa tarea a José Dirceu y otros de sus más próximos colaboradores, todos ellos caídos en medio de escándalos.
“Lula va a tratar personalmente ese proceso; al contrario de lo que ocurrió en la formación de su primer gobierno, no va a delegar esas funciones”, dijo el lunes el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, uno de los principales articuladores políticos del jefe de Estado.
Lula no tiene prisa --su próximo mandato empezará el 1º de enero-- y piensa tomarse unos días de descanso, después de la campaña que concluyó el domingo con su victoria en la segunda vuelta con casi 61% de los votos, frente a 39% del socialdemócrata Geraldo Alckmin.
El PT, por su lado, se encuentra en la paradójica situación de tener en apariencia una fuerza similar a la de 2002, pero de verse fragilizado por una serie de crisis que desde 2005 le hizo perder dos presidentes y toda su cúpula, a causa de una serie de escándalos que están bajo investigación judicial.
El partido fundado por Lula en 1980, que tiene 81 diputados, tendrá 83 en la próxima legislatura (de un total de 513); en el Senado perdió dos escaños, y quedó con 10 (de un total de 81). En las regiones, ganó la gobernación de cinco estados (antes controlaba tres), entre ellos Bahía (nordeste), cuarto colegio electoral.
“El PT superó una dura prueba y salió fortalecido. Había quienes anunciaban el fin del PT, el fin de la izquierda y el fin del gobierno Lula; no fue eso lo que ocurrió”, se congratuló Genro. Pero haber salvado el pellejo no debe evitarle un proceso de reestructuración interna.
El propio Genro había fracasado en su tentativa de “refundar” el PT el año pasado, a causa de la resistencia del grupo vinculado a Dirceu.
Una nueva embestida se prepara ahora, con la bandera de reducir la influencia de la elite de Sao Paulo en la estructura partidaria, en favor de un “reequilibrio” con el nordeste, que se convirtió en el principal bastión de Lula.
Los principales organizadores de esa estrategia son, junto a Genro, dos figuras en pleno ascenso y legitimadas por las urnas: Jacques Wagner y Marcelo Deda, que ganaron las gobernaciones de Bahía y Sergipe, respectivamente.
“El PT es un partido muy concentrado en Sao Paulo; debemos federalizarlo, dado que hoy su punto más fuerte está en el nordeste, con Bahía”, dijo Genro en un encuentro con corresponsales.
Según el analista André César, del Instituto Brasileño de Estudios Políticos (IBEP), “el PT salió entero, pero el nuevo PT es una gran incógnita, porque sus cuadros principales cayeron. En el grupo emergente hay menos paulistas, pero aún no se sabe cuál es su consistencia”.
Lula, por su lado, sale “con un capital político fortalecido”, que debe servirle para impulsar una “agenda fuerte”, con temas como la reforma política y la tributaria, y para crear un gobierno “con nombres de peso”, dijo César a la AFP.