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Una sesión de interrogatorio en Guantánamo con café, nevera y McDonalds

Tras varios meses de discusiones y cuando los pedidos para el cierre de Guantánamo continúan -hasta los británicos, aliados más cercanos de los estadounidenses, lo reclaman-, el Pentágono quiere mostrar que los interrogatorios son supervisados de cerca y que respetan los procedimientos conforme al derecho internacional.

En Guantánamo, un interrogatorio presentado a la prensa por circuito cerrado de televisión haría pensar en una sesión de psicoterapia. Pero las esposas en las muñecas del detenido recuerdan que se trata de la prisión más controvertida del mundo.
Un hombre joven de barba está sentado en un cómodo sillón azul, aparentemente sumergido en sus pensamientos. En la esquina de la pantalla, vemos sólo las piernas del interrogador y del intérprete. Sus caras no serán mostradas.Pasan varios minutos en silencio.
Esta escena es observada en una pantalla de televisión sin sonido por aquellos periodistas convocados por el Pentágono para una visita de un día en la prisión donde Estados Unidos tiene 454 presos de "la guerra contra el terrorismo".
"Esto no es una puesta en escena sino un interrogatorio muy real que estuvo previsto para hoy", asegura el oficial responsable de las salas de interrogatorio, que solicitó anonimato.
Estas salas han sido acondicionadas para hacerlas calurosas. Una alfombra oriental en el suelo. Hay también un televisor, una máquina de café y una nevera.
Los signos de la vida carcelaria sin embargo no han desaparecido totalmente. Un anillo de acero fijado en el suelo al cual son atados los presos y una alarma de emergencia se pueden ver detrás del interrogador.
A veces, les ofrecen a los detenidos hamburguesas y papas fritas de McDonald´s, lo que "los hace muy felices", afirma el oficial.
Los criterios que guían estos interrogatorios son los de la Convención de Ginebra, asegura el general Ed Leacock, responsable adjunto del centro de detención de Guantánamo."Los seguimos al pie de la letra", afirma.
El escándalo de la prisión de Abu Ghraib en Irak en 2004 y las acusaciones de abuso en Afganistán y en Guantánamo llevaron el Congreso estadounidense a aprobar dos leyes que prohíben los "tratamientos crueles y la tortura" así como "tratamientos humillantes y degradantes".
Previamente, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, había autorizado a finales de 2002 los procedimientos de interrogatorio no previstos en el manual militar estadounidense -humillación sexual, privación de sueño- para interrogar a Mohammed Al-Qahtani, sospechoso por los ataques del 11 de setiembre de 2001. Estas prácticas han sido utilizadas en Abu Ghraib.
Los militares aseguran dar hoy prioridad a métodos suaves para interrogar a sus presos con el fin de infundirles confianza.
Los interrogados, sin embargo, no confirmaron si este enfoque será empleado con los 14 altos mandos de Al Qaida recientemente trasladados a Guantánamo, entre ellos Khalid Cheij Mohammed, el cerebro de los atentados del 11 de septiembre.
"Esto actualmente es decidido por los dirigentes del Pentágono", indica el general Leacock, anotando "que se trata de casos muy particulares". Todos los demás detenidos de Guantánamo tienen la opción y pueden negarse a ser interrogados, precisa el oficial.