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Panameños preparan canal para el siglo XXI

* Pese a abstención del 56 % la ampliación obtuvo un masivo apoyo en las urnas el pasado domingo

Casi cien años después de su construcción por Estados Unidos, los panameños se disponen a convertir el canal de 80 kilómetros que une el Atlántico con el Pacífico en una obra del siglo XXI tras el masivo apoyo que recibió el proyecto de ampliación el domingo en las urnas.
Aunque la abstención rondó el 56%, el proyecto de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), avalado por el gobierno de Martín Torrijos, recibió el apoyo del 78% de los votantes en el referéndum --con el 97.6% de los votos escrutados--, frente al 21.95% que votó en contra de esta obra faraónica presupuestada en 5,250 millones de dólares, casi un tercio del producto interno bruto (PIB) de este país, de 3 millones de habitantes.
Ahora la ACP tiene la vía libre para iniciar las obras de construcción de dos complejos de esclusas --uno en el Atlántico y otro en el Pacífico-- de tres niveles cada uno, adaptados a los barcos de nueva generación o pospanamax, que no caben en las dos vías del canal acuático construidas hace casi un siglo.
Será necesario cavar dos fosas de 8 km (en el lado Pacífico) y de 3.2 km en el Atlántico, por 200 metros de ancho, donde se construirán las nuevas esclusas deslizantes y las tinas de agua, que remplazarán a los tradicionales embalses.
Los panameños se encargarán de las labores de dragado, que se iniciarán en 2007, pero el resto de la obra, que se espera esté concluida en el 2014, será objeto de una licitación internacional, probablemente en la primavera de 2007, según la ACP.
Los ambientalistas y un variopinto conglomerado de opositores han puesto el grito en el cielo por este proyecto. Los primeros porque están seguros de que tendrá un impacto en el medio ambiente, en particular en la salinización de los lagos de agua dulce por los que pasa el canal. Los otros porque creen que costará mucho más de lo presupuestado y porque será un cheque en blanco a la corrupción que favorecerá a los de siempre.
En la arrolladora campaña oficial, el gobierno ha prometido por activa y por pasiva que la ampliación del canal será la ocasión de oro para aupar al país al grupo de naciones desarrolladas y resolver el problema de la pobreza que afecta al 40% de los panameños.
“El canal es el mejor negocio que tiene el país, y con su modernización se fortalecerán los factores de desarrollo y los márgenes de inversión social”, ha repetido Torrijos.
Ante la amenaza de Nicaragua de construir un nuevo canal o los proyectos de crear nuevas alternativas que combinan el transporte marítimo y de tierra en México, Panamá, en donde confluyen 144 rutas comerciales que en el 69% de los casos proceden de o se dirigen a Estados Unidos, quiere asegurarse que va a seguir siendo el principal paso interoceánico del hemisferio. “Tenemos que ampliar este proyecto para conseguir que Panamá siga siendo el paso principal por el istmo pese a vías alternativas”, aseguró a la AFP Rodolfo Sabonge, director de planificación de la ACP.
Al ritmo del crecimiento del comercio mundial actual, la capacidad del canal de Panamá llegará a su máximo para 2010. “Copada la capacidad de las esclusas es poco lo que se puede hacer para aumentar el tráfico”, advierte Sabonge.
En los seis años de soberanía ejercida por Panamá desde su devolución por Estados Unidos que lo ocupó durante más de 90 años, el canal ha inyectado cerca de 2,400 millones de dólares a las arcas del Estado.
El tercer juego de esclusas, combinado con las existentes, permitiría el tránsito de hasta 600 millones de toneladas y consolidaría a Panamá como un centro de enlace, comercio, transporte y logística mundial.
Por de pronto, la lluvia de millones ha empezado a caer en el diminuto país, en particular en el sector inmobiliario, puertos y el sector turístico.