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Detrás de las barricadas en la agitada Oaxaca


AFP

En la barricada principal instalada en la plaza central de la agitada ciudad mexicana de Oaxaca cientos de militantes políticos pasan las noches alertas ante eventuales ataques armados, afincados bajo toldos donde se enfrascan en largas charlas o escuchan el cancionero popular latinoamericano de los años 70.
Un gran cartel con las figuras de Marx, Engels, Lenin y hasta Stalin precede la entrada en uno de los tantos toldos que instalaron las 50 agrupaciones nucleadas en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), principal impulsora de las barricadas diseminadas por toda la ciudad y de la toma de edificios públicos.
“Las barricadas son para contener la violencia sistemática del gobierno del Estado. Ulises Ruiz (el gobernador) llegó para poner mano dura luego de los compromisos que asumió en la campaña con los grandes intereses económicos”, dijo a la AFP Lázaro García Barrera, titular del Frente Popular Revolucionario (izquierda) e integrante de la APPO.
Las paredes cargadas de pintas y los carteles con leyendas como “Fuera Ulises” son constantes a cada paso en toda la ciudad turística colonial, ahora con hoteles semivacíos ante el temor de los visitantes por los frecuentes hechos de violencia, que han dejado ya cinco muertos desde el inicio del conflicto, meses atrás.
El clima es de tranquilidad en el Zócalo (plaza principal) de Oaxaca, con jóvenes que leen, escuchan música o miran un video de propaganda política, pero los manifestantes saben que el peligro acecha por los frecuentes ataques armados, sobre todo por las noches.
“Se colocan llantas, maderas, papel para encenderlo y alambres para obstaculizar el paso de los autos de la brigada de la muerte, que no llevan placas, con vidrios polarizados, en los que antes iban uniformados y luego de civil con armas de alto calibre para intentar impedir los bloqueos”, explica García Barrera.
El docente Pánfilo Hernández fue la quinta víctima del conflicto al recibir tres balazos en el abdomen que dispararon desconocidos que viajaban en un vehículo mientras se encontraba en una de las tantas barricadas que sitian a Oaxaca.
Por las noches, en el Zócalo (plaza principal) se refuerza y amplía el cerco con el cierre de más calles, mientras sólo se permite el paso de peatones, que generalmente no circulan por allí a esas horas. Las medidas de seguridad, casi imperceptibles, se multiplican.
“Los mismos cuerpos policíacos, que están disconformes con las autoridades, han develado información que nos advierte que nos cuidemos porque la perspectiva de agresión es permanente”, asegura el político.
Dentro del cerco del Zócalo quedan el bello edificio de la catedral de la ciudad, construida en el siglo XVI, algunos hoteles y restaurantes cerrados y la que fue la casa de gobierno, donde ahora fue colgado un cartel con la leyenda: “Construyendo poder proletario y popular”.
En el piso frente a la ex sede el Ejecutivo del estado, se erigió un tapete de arena con la foto de Alejandro García Hernández, la cuarta víctima fatal del conflicto.
García Barrera admite que existe un desgaste entre los activistas por el prolongado plantón, pero considera que en el movimiento “hay capacidad de respuesta”.
Álvaro Carrillo, de 22 años, estudiante de licenciatura en Educación, cuenta que concurre al Zócalo todas las noches desde que fueron instaladas las barricadas.
“Estoy desde el 22 de mayo, pero nos vamos descansar, nos relevan en las guardias. Nos sentimos respaldados porque los familiares y amigos nos visitan. Antes decían que el estudiante que está en política pierde el tiempo, pero ahora es al contrario: mi madre me dice que venga al plantón, que ella me viene a visitar”, señala Carrillo.
“De pie, cantar, que vamos a triunfar”, se oye fuerte en una de las carpas la grabación del Himno de la Unidad Popular del ex presidente chileno Salvador Allende, entonada por el legendario grupo Quillapayun, más adelante la voz contestataria del uruguayo Daniel Viglietti se mezcla con la del argentino-español Alberto Cortés, en un espacio reservado al romanticismo.