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Los santos de Ratzinger

El papa Benedicto XVI ha proclamado hoy cuatro nuevos santos, entre ellos el que fue obispo de Veracruz (México), Rafael Guízar Valencia, víctima de la persecución anticlerical del siglo XX.

En su año y medio de Pontificado, Benedicto XVI ha proclamado cinco santos, cifra que ascendió hoy a nueve tras canonizar a otros cuatro, entre ellos el obispo mexicano Rafael Guizar Valencia (1878-1938), víctima de la persecución anticlerical del siglo XX. Guizar Valencia es el segundo santo latinoamericano proclamado por Benedicto XVI, después de que el 23 octubre del pasado año canonizara al jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952). Hasta ahora, el Papa Ratzinger sólo ha celebrado una ceremonia de canonizaciones, la del 23 de octubre de 2005.
Los santos proclamados hasta ahora por Ratzinger son los italianos Felice da Nicosia (1715-1787) y Gaetano Catanoso (1879-1963); los polacos Jozef Bilczewski (1860-1923) y Zygmunt Gorazdowski (1845-1920) y el chileno Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952). Hoy se le han unido los italianos Felipe Smaldone (1848-1923), fundador de la Congregación de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones, y Rosa Venerini (1656-1728), fundadora de las Maestras Pías Venerinas; la monja francesa Teodora Guerib (1798-1856), fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Providencia de Saint Mary of the Woods, y el obispo Guízar.
Benedicto XVI ha retomado la costumbre de los papas de oficiar sólo canonizaciones, dejando las beatificaciones al Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins. En su año y medio de Pontificado han sido ya beatificados 41 religiosos, entre ellos siete curas y una monja asesinados durante la Guerra Civil española de 1936-39 en la diócesis de Urgell (noreste), considerados "mártires" por la Iglesia. También doce mexicanos y un español asesinados durante la "Guerra Cristera" en México entre 1926 y 1929, y considerados asimismo "mártires" y una religiosas española.
Los siete sacerdotes y la monja españoles muertos en 1936 durante la Guerra Civil son José Tapies Sirvant, Pascual Araguás, Silvestre Arnau Pascuet, José Boher Foix, Francisco Castells Brenuy, Pedro Martret Moles y José Juan Perot Juanmartí y la monja María de los Angeles Ginard Martí. Entre los asesinados durante la "guerra cristera" de principios del pasado siglo en México se encuentran el sacerdote español Andrés Solá Molist y los mexicanos José Trinidad Rangel, Leonardo Pérez, Darío Acosta Zurita, José Anacleto González Flores, José Dionisio, Luis Padilla Gómez, Miguel Gómez Loza y José Sánchez del Río. En este tiempo también ha sido beatificada la monja española Ascensión del Corazón de Jesús, cuyo nombre de pila era Florentina Nicol Goñi (1868-1940), originaria de Pamplona.
El próximo día 22 el cardenal Saraiva Martins beatificará en Bilbao (España) a la misionera Margarita María López de Maturana (1884-1934), fundadora del Instituto de las Mercedarias Misioneras de Berriz.
Camino hacia la santidad
El camino hacia la santidad tiene tres escalones: el primero es Venerable Siervo de Dios, el segundo Beato y el tercero Santo.
Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce haber vivido las virtudes cristianas de manera heroica. Para que un Siervo de Dios sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado (santo) es necesario un segundo milagro. Ese segundo milagro debe ocurrir después de ser proclamado beato.
En el caso de martirio, es decir, aquellos que murieron por no renunciar a la fe católica, no es necesario milagro para ser beatificados, pero sí es obligatorio el milagro para ser canonizado. Para la Iglesia Católica es mártir quien da la vida por Cristo, quien es testimonio de fe. No se considera mártir a quien la haya dado por un ideal, aunque sea noble.
Según la normativa de la Iglesia, sólo la canonización implica la autoridad del Papa. Y es que la proclamación de un santo es diferente a la de un beato y uno de los actos más importantes del Papa, ya que en él se acepta la infalibilidad del Pontífice, pues la persona que presenta como santo es un cúmulo de virtudes, ejemplo a seguir para todos. La Iglesia admite para el beato el "culto privado", es decir en la zona donde nació o ejerció su labor, mientras que al santo se le reconoce el culto universal y es modelo público para todos los creyentes.