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Diplomático pro EEUU a la cabeza de la ONU

En momentos en que el mundo se enfrenta a una nueva crisis diplomática por las pruebas nucleares lanzadas por Corea del Norte, EEUU logró imponer a su candidato, el surcoreano Ban Ki-Moon, a la cabeza de la mayor organización internacional: Naciones Unidas, en sucesión de Kofi Annan.

El Consejo de Seguridad propuso por unanimidad este lunes al canciller surcoreano Ban Ki-Moon como sucesor de Kofi Annan al frente de la secretaría general de la ONU, anunció el embajador japonés, Kenzo Oshima. El titular de Exteriores surcoreano es un diplomático marcado por la difícil búsqueda de la paz en la península coreana y empeñado en tender un puente de comprensión entre Oriente y Occidente.
"El Consejo de Seguridad acaba de recomendar a la Asamblea General que el señor Ban Ki-Moon sea nombrado secretario general de la ONU", dijo Oshima, que ocupa la presidencia mensual de turno de la máxima instancia de la organización. Una fuente diplomática dijo que el respaldo fue unánime Ahora sólo falta que la Asamblea General, que reúne a los 192 Estados miembros y que nunca ha rechazado una propuesta del Consejo cuando se trata de elegir a un nuevo secretario, deberá pronunciarse sobre Ban.
Ban Ki-Moon, a la cabeza de la diplomacia surcoreana desde enero de 2004, es uno de los ministros de Relaciones Exteriores que más tiempo ha ocupado ese cargo tras haber sobrevivido a varias crisis entre las dos Coreas. Con 62 años de edad, el ministro tiene tras él una carrera de 36 años en la vida diplomática, diez de ellos en misiones ligadas a las Naciones Unidas.
De confirmarse su nombramiento, Ban será el octavo secretario general de la ONU desde su fundación en 1945 y tomaría el relevo de Annan, que ha estado al frente de la organización desde 1997, durante dos mandatos de cinco años. El nuevo secretario general debe asumir sus funciones el 1 de enero de 2007.
Pro Globalización
Pese a que siempre defendió que el siglo XXI será el siglo de Asia y el Pacífico, sin embargo, la forja de este diplomático de raza se fraguó en lugares tan variopintos como India, Estados Unidos o Austria, antes de surcar las procelosas aguas de la política de su país.
Ban nació el 13 de junio de 1944 y ya desde sus mocedades mostró un gusto por la globalización que después aplicaría en su estrategia política. Así, cuando estaba en el tercer curso de Bachillerato, en 1962, ganó un concurso de oratoria en inglés que le permitió viajar a la Casa Blanca y ver en persona al presidente John F. Kennedy. En ese encuentro y cuando le preguntaron por sus planes de futuro, Ban no pestañeó a la hora de responder: diplomático.
Licenciado por la Universidad Nacional de Seúl en Relaciones Internacionales en 1970 y con un Máster en Administración Pública de la Universidad de Harvard en 1985, Ban ya era un funcionario maduro cuando se adentró en la alta diplomacia. Su primer puesto fue en Nueva Delhi, desde donde pasaría a trabajar en la representación de su país en la sede central de la ONU en Nueva York.
Su interés por Estados Unidos se vio recompensado con dos nombramientos como embajador en Washington entre los que medió un interludio entre 1990 y 1992 como director general para Asuntos Americanos en Seúl. En 1995, su carrera era ya imparable cuando fue promocionado al cargo de viceministro de Planificación Política y Organizaciones Internacionales. Un año después, en tiempos del presidente Kim Young-sam, era nombrado su asesor de Seguridad Nacional y ya entonces se blindó de la energía necesaria para afrontar la especialidad más difícil en la diplomacia surcoreana: las relaciones con Corea del Norte.
Este interés por los belicosos vecinos septentrionales le venía, sin embargo, de largo, pues ya en 1992 ocupó la vicepresidencia de la Comisión de Control Nuclear entre las dos Coreas, puesto sumamente laborioso en esa época en la que ambos países adoptaron la Declaración Conjunta de Desnuclearización de la península coreana. En 1999, mientras era embajador en Austria, Ban fue elegido presidente de la Comisión Preparatoria del Centro de Datos del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares (CTBT), organismo que por entonces ya prestaba mucha atención a las entonces soterradas ambiciones atómicas norcoreanas.
Crisis nuclear: primer reto
Una de las ímprobas tareas que tiene precisamente por delante Ban es tratar de resolver la crisis desatada por Corea del Norte al echar por tierra este 9 de octubre sus últimos compromisos con esa Declaración Conjunta de Desnuclearización, después de realizar su primera prueba nuclear. Para ello contará, gracias a su larga experiencia como diplomático en EEUU, con un gran apoyo de la clase política norteamericana, respaldo que además ha impulsado su postulación al puesto de secretario general de la ONU.
Fue en febrero de 2006 cuando Ban proclamó su candidatura para reemplazar a Kofi Annan al frente de Naciones Unidas a partir del 1 de enero de 2007 y durante cinco años. Esta era la primera ocasión en que un surcoreano pretendía a tal puesto y la segunda en que un asiático accede a la dirección de la Secretaría General, después de que el birmano U-Thant ocupara ese cargo de 1961 a 1971.
Algunas voces críticas han subrayado la aparente carencia de carisma político de Ban y su extrema obediencia al poder establecido en Corea del Sur, que podría derivar en conflictos con otros grandes países asiáticos, como Japón o China. El ministro de Exteriores surcoreano alega en su favor su larga experiencia en asuntos de la ONU, su capacidad de trabajo y, sobre todo, la "integridad" demostrada en estos años en la diplomacia activa.
Ban, un cristiano no confesional, consolidó su posición el 2 de octubre pasado para convertirse en el octavo secretario general de la ONU, al acaparar la mayoría de votos y ningún veto de los cinco grandes del Consejo de Seguridad. Está casado, tiene tres hijos y a lo largo de su trayectoria ha sido galardonado con varios premios en distintos países.
Entre esos reconocimientos figuran la Orden al Mérito en 1975 y 1986 en Corea del Sur, la Gran Decoración de Honor concedida por la República de Austria en el 2001, la Gran Cruz de Río Branco que le otorgó el Gobierno de Brasil en 2002, y un premio especial de 2005 por la Sociedad de Corea en Nueva York por su contribución a la amistad entre su país y Estados Unidos.