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Lula lucha por mantener mito


BRASILIA / AFP
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva recurrió a toda la fuerza de su mito de representante de un Brasil pobre y marginado para buscar la reelección, después de un mandato marcado por una política económica de austeridad y por un aluvión de escándalos de corrupción.
El jefe de Estado se esfuerza en convencer a su electorado de que tuvo que aplicar una política de ajustes para restablecer los grandes equilibrios económicos, y que precisa de un nuevo mandato para inaugurar un “ciclo de crecimiento de 10 a 15 años”, con reducción de las desigualdades.
Lula, que cumplirá 61 años el 6 de octubre, también libra una encarnizada batalla para que su imagen no quede identificada a las acusaciones de corrupción que desde el año pasado forzaron la renuncia de sus principales ministros y de los máximos dirigentes de su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).
“Lula quiere ganar la elección con dos objetivos: limpiar su nombre y hacer un segundo mandato mejor que el primero. Él siempre dice que es el mejor presidente de la historia de Brasil, pero sabe que muchos no le creen”, dijo a la AFP un asesor que trabajó en altos círculos del gobierno hasta hace pocos meses.
En el segundo semestre del año pasado su popularidad se vino abajo y su reelección se vio amenazada. Pero en diciembre resurgió de sus cenizas con una determinación imprevisible, con 15 kilos menos y toda su energía volcada a un solo y único objetivo: conseguir la reelección.
Puede ganar en primera vuelta
Aceleró los programas sociales, multiplicó las inauguraciones, se presentó como el único brasileño capaz de combinar rigor económico y solidaridad social. Cuando la campaña empezó oficialmente en agosto, Lula ya llevaba varios cuerpos de ventaja.
Las encuestas aseguran que puede ganar en la primera vuelta, pese al nuevo escándalo que estalló este mes, cuando dos personas vinculadas al PT fueron detenidas con 800,000 dólares, presuntamente destinados a comprar información comprometedora sobre líderes opositores, entre ellos su principal adversario, el socialdemócrata Geraldo Alckmin.
La oposición centró su ofensiva en la corrupción, pero las encuestas dicen que solamente un 5% del electorado de Lula está dispuesto a privarlo de voto por ese asunto.
Lula replicó elogiando sus acciones sociales y dividiendo aguas entre las “elites” que “gobernaron este país durante 500 años” y los marginados, que, según afirma, se hicieron oír con la llegada al poder de un obrero metalúrgico con estudios primarios incompletos.
“Esta campaña no es la de un candidato contra otro. Esta campaña es la del pueblo trabajador contra la elite aristocrática”, dijo Lula en un mitin.
En otro acto popular se comparó al héroe de la Independencia –Tiradentes-- que fue ahorcado y descuartizado en 1792 por las autoridades coloniales portuguesas.
“Cuando ellos me saquen las piernas yo andaré con las piernas de ustedes; cuando me saquen los brazos, gesticularé con los brazos de ustedes; cuando me saquen el corazón, yo amaré con el corazón de ustedes, y cuando me saquen la cabeza, pensaré con la cabeza de ustedes”, dijo Lula recordando al héroe martirizado.
Con el mismo discurso de hombre llegado de abajo seduce a su auditorio internacional.
Así lo demostró al agradecer en mayo pasado en Brasilia al presidente francés, Jacques Chirac, por haberlo invitado a una reunión del G-8 en Evian poco después de haber asumido como presidente en 2003.
“Me preguntaba lo que hacía un metalúrgico en medio de tanta gente importante. Entonces me di cuenta de que yo era tan importante como esos mitos, de que yo también era presidente de un país no menor que ninguno de los demás. Ahí empecé a sentirme más igual, vencí mis prejuicios y percibí que Brasil podía ser más respetado en el mundo”, afirmó.
Católico practicante, Lula se casó en 1969 con María de Lourdes, fallecida al año siguiente durante un parto en el que también murió el bebé. En su viudez tuvo una pareja de la cual nació una hija. En 1974 se casó con Marisa Leticia, con quien tuvo cuatro hijos.