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Ni los cadáveres se libran del conflicto en Oaxaca

Debido a la paralización que vive la ciudad por una huelga general, en la sala forense local permanecen quince cuerpos sin destino, repartidos en tres camillas metálicas de uno por dos metros de superficie.

La crisis política y social que paraliza desde mayo pasado la ciudad de Oaxaca afecta ya hasta a los muertos, que se amontonan en la morgue a la espera de autorización judicial para su traslado. Una quincena de cadáveres yacen amontonados en el depósito de cadáveres de la ciudad, donde diversos sectores de la economía local se han solidarizado con los maestros, que están en huelga desde hace cuatro meses.
La forense Dunimih Aparicio informó que los cadáveres, todos ellos sin identificar, llevan semanas e incluso meses en las dependencias de la sede del Consejo Médico Legal y Forense de Oaxaca, situada cerca del centro de esta localidad colonial del sur de México. "No podemos trasladar los cadáveres porque necesitamos un trámite legal de la Procuraduría" de Justicia (Fiscalía) del Estado, uno de los edificios ocupados a la fuerza por los maestros que se manifiestan desde el pasado 22 mayo, dijo Aparicio.
Aquel día, los maestros suspendieron sus clases en demanda de un aumento salarial e instalaron campamentos de protesta en la plaza principal de la capital oaxaqueña y en algunas instituciones. El panorama se complicó el 14 de junio, cuando el gobernador oaxaqueño, Ulises Ruiz, ordenó a la Policía la evacuación de los edificios, lo que no hizo más que radicalizar las medidas de presión de los maestros que además exigieron su dimisión.
Cadáveres apilados
Los dos muertos por disparo de bala registrados hasta ahora en el conflicto, pasaron por la misma sala forense donde hoy permanecen esos quince cuerpos sin destino, repartidos en tres camillas metálicas de uno por dos metros de superficie. Catorce apilados en dos de ellas, y el restante en otra frente a la cual el director del centro, Luis Mendoza, imparte sus lecciones a estudiantes de derecho.
Según Aparicio, los cadáveres "están en perfectas condiciones y no son un foco de infección", gracias a un sistema de embalsamado a base de sustancias químicas que sustituyen a las habituales cámaras frigoríficas. El problema radica en el hacinamiento, pues, de prolongarse el conflicto, llegará un momento en el que no sabrán dónde poner a los muertos que vayan llegando, comentó.
La de este centro forense es una de las muchas situaciones surrealistas que abundan estos días por las calles de Oaxaca, donde los ciudadanos tratan de seguir con sus quehaceres cotidianos superando las incomodidades causadas por el conflicto. Por fortuna para los oaxaqueños, continúa el suministro de agua, al igual que el de la luz, abastecida por el Gobierno, pero los usuarios temen tener que afronta una elevada deuda debido a la acumulación de facturas pendientes.

En el principal hospital público se ha producido un importante incremento de pacientes, en parte porque varios centros de salud menores han cerrado sus puertas en solidaridad con los maestros. Pero los principales perjudicados por lo que sucede en Oaxaca son los cerca de 1,3 millones de niños que estudian primaria y secundaria en el estado, algo de lo que están privados desde hace cuatro meses por la huelga del magisterio.
Para contrarrestar el parón de las clases, Jorge Palacios, quien trabaja de camarero de uno de los restaurantes que aún abre sus puertas en el zócalo (plaza principal), repasa cada mañana con su hijo de siete años los libros de texto de cursos anteriores, según explicó en la terraza del establecimiento, prácticamente vacío.
Estas acciones, unidas a las manifestaciones diarias y a las barricadas montadas con vallas metálicas y vehículos quemados, han provocado un notable descenso del turismo en una ciudad que vive precisamente de ese sector. Los pocos visitantes que transitan por Oaxaca, la mayoría jóvenes "mochileros", aprovechan para tomar imágenes con sus cámaras de los mítines sindicales, transformados en una nueva atracción turística.