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Primer Ministro tailandés en limbo de lujo en Nueva York

El primer ministro tailandés, Thaksin Shinawatra, que permanece en un lujoso hotel de Nueva York, sólo podía ver su propia destitución por televisión, tras el golpe militar el Bangkok este martes.

Mientras los tanques golpistas atravesaban las oscuras calles de Bangkok, el primer ministro tailandés, Thaksin Shinawatra, se recluía con sus asesores en el lujoso hotel Grand Hyatt, en el corazón de Manhattan, Nueva York, desde donde podía ver su propia destitución por televisión, tras el golpe militar asestado por el Ejército este martes.
Lejos de su país y con su destino político pendiendo de un hilo, Thaksin lanzó una acción desesperada, pero, cuando el golpe alcanzaba su clímax, sus asesores en Nueva York admitieron estar perdiendo contacto con los eventos en Bangkok.
En un giro irónico, el hombre que hizo una fortuna de miles de millones de dólares con negocios en telecomunicaciones no podía comunicarse con su país, luego que tropas rebeldes tomaran las líneas de comunicación del gobierno, dijo un funcionario tailandés en condición de anonimato.
"Es muy difícil comunicarse con la gente, saber exactamente cuál es la situación allá (en Bangkok)", aseguró el funcionario.
Los asesores de Thaksin no declararon si habían estado en contacto con el rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, pilar de la estabilidad del país, pues la democracia emergió frágil tras décadas de convulsión política y golpes de Estado.
Cuando el mensaje que declaraba la ley marcial en Bangkok recorrió las pantallas de televisión tailandesas, los asesores de Thaksin aseguraron que él no renunciaría al poder.
"El primer ministro tailandés está bastante tranquilo", dijo un alto funcionario. "Vio al presidente (estadounidense) George W. Bush hablando en la Asamblea general de la ONU desde su cuarto de hotel", aseguró.
Las cadenas de televisión emitieron simultáneamente imágenes del discurso de Bush y de los tanques por las calles de Bangkok, por lo que el primer ministro tailandés no habría podido evitar ver además el terremoto político en su país.
"El siente que es el primer ministro electo y quisiera salvaguardar la constitución del país", afirmó el funcionario.
Al inicio del golpe, mientras las tropas se acercaban a su oficina en Bangkok, Thaksin aparecía en las cadenas de televisión tailandesas desde su hotel, destituyendo al jefe del ejército y declarando el estado de emergencia. Los asesores del primer ministro, en tanto, se apresuraban para reescribir su discurso para la Asamblea general de la ONU, pero finalmente su alocución fue cancelada sin que se expresaran oficialmente los motivos.
El líder golpista, el teniente general Sonthi Boonyaratglin, dijo tener el control y que Thaksin había sido depuesto.
En el lobby del majestuoso Grand Hyatt se reunieron periodistas y algunos tailandeses desesperados por conocer el destino de Thaksin. Mientras tanto, la acelerada vida de Nueva York continuaba imperturbable. Los empresarios ajenos a la crisis salían del hotel, los turistas comían sus helados, sin verse afectados por el drama político que se desarrollaba unos pisos más arriba.
Aprueban golpe
En las afueras de la misión tailandesa en la ONU, críticos del primer ministro gritaban "Thaksin ándate al diablo" y silbaron cuando una ventana de la misión se abrió brevemente.
"No nos gustan los golpes de Estado", dijo Chanyute Oottamakorn, de 48 años, un empleado tailandés originario de Nakorn Sri Thamarant. "Pero esta vez lo aprobamos. Lo necesitamos porque (Thaksin) es muy terco", añadió.
"Estamos felices", dijo otra manifestante que describió al régimen de Thaksin como un grupo de mentirosos corruptos.
La confusión reinaba en la embajada tailandesa en Washington. "Lo estamos viendo (el golpe) por (la cadena) CNN", dijo un funcionario tailandés, que pidió a la prensa que llamara más tarde.