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Bush encabeza actos del 11 de septiembre


WASHINGTON/AFP -El presidente George W. Bush abrirá y cerrará mañana lunes las conmemoraciones por los cinco años de los ataques del 11 de septiembre de 2001, en el marco de una agresiva campaña para defender su gestión.
Bush será uno de los primeros en participar del quinto aniversario de los atentados más mortíferos jamás perpetrados contra Estados Unidos cuando hoy domingo deposite una ofrenda floral en el sitio del World Trade Center donde perecieron más de 2,600 personas.
Mañana lunes se dirigirá a la nación desde el salón oval de la Casa Blanca por quinta vez desde que llegó a la presidencia. La primera vez fue la noche del 11 de septiembre de 2001.
Entre una y otra actividad rezará en Nueva York el domingo de noche, desayunará con los socorristas el lunes de mañana, mantendrá un minuto de silencio a las 08H46, la hora en la que los piratas del aire estrellaron el vuelo 11 de American Airlines contra una de las torres gemelas.
Luego depositará una ofrenda floral en Shanksville (Pensilvania), donde se estrelló el Boeing de United Airlines, cuyos pasajeros intentaron retomar el control, y en el Pentágono, el último blanco.
Esos dos días serán para él una de las ocasiones más solemnes de rendir homenaje a las víctimas y a sus parientes, pero también de exaltar el espíritu de Estados Unidos y la determinación de su gobierno de combatir el terrorismo.
El lunes "nuestra nación (honrará) la memoria de cada una de las personas que perdimos aquel día de terror", dijo Bush ayer sábado, pero reafirmará asimismo "nuestra determinación de vencer (a nuestro enemigo) y asegurar un futuro de paz y libertad".
Esta jornada concluirá, asimismo, una minuciosa campaña, de algo más de una semana, para sacar el mayor beneficio político de la muy fuerte emoción que promete la jornada del lunes.
Casa Blanca a la defensiva
La Casa Blanca se defiende de haber "politizado" el aniversario de un acontecimiento que traumatizó profundamente a Estados Unidos. Pero el 11 de septiembre de 2006, que Bush proclamó como "jornada patriótica", estuvo precedido de una vasta contraofensiva de la presidencia.
No se trató de recuperar el entusiasmo de los días inmediatamente posteriores al 11 de septiembre, cuando cerca del 90% de los estadounidenses apoyaban a su presidente (hoy son menos del 40%), sino de volver a incluir el tema en la agenda política dos meses antes de las elecciones legislativas, que la mayoría republicana corre el riesgo de perder.
La intervención de mañana lunes en la noche "no será una alocución política", declaró el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, "no estará hecha para trazar líneas claras entre demócratas y republicanos".
El 11 de septiembre "es un día que no se olvida. Y la idea es compartir tal recuerdo con sencillez, pero también con optimismo, porque la manera en la que los estadounidenses reaccionaron tras el 11 de septiembre fue sensacional, y eso no podía ocurrir más que en este país".
Bush pronunció desde el 31 de julio una serie de discursos en torno al 11 de septiembre. Pretendía, como lo repitió el sábado, convencer a los estadounidenses que están "más seguros hoy porque actuamos para resolver las fallas" que aparecieron cinco años atrás, y que "siguen enfrentados a enemigos decididos".