Internacionales

De la retórica a la acción en un hijo de la guerra fría


Prensa Latina y otras colaboraciones
La XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados(Mnoal), a celebrarse en La Habana entre el 11 y el 16 de septiembre próximos, subraya la división del mundo entre potencias imperialistas y países dependientes surgida a fines del siglo XIX. Aunque hoy Estados Unidos ocupa el papel hegemónico entonces desempeñado por Gran Bretaña se mantiene la dicotomía dominación imperialista/dependencia: el desarrollo de los centros imperialistas condiciona el subdesarrollo de la inmensa mayoría de naciones sujetas a su explotación.
Éste es el caso de los países miembros del Mnoal, que sufrieron el colonialismo primero y más tarde el neocolonialismo. Después de la derrota del nazi-fascismo se hizo moral y jurídicamente insostenible el colonialismo. Sin embargo, éste –-del que aún persisten vestigios como Puerto Rico-- se resistiría a desaparecer y fue la lucha de los movimientos de liberación nacional la que condujo a la independencia de países como India e Indonesia. En varios casos exigió largas guerras de resistencia como las de los pueblos indochinos o los de las colonias portuguesas.
Pero la obtención de la independencia casi nunca estuvo acompañado de la ruptura de los lazos de dominación imperialista. Del colonialismo se pasó al neocolonialismo.
Mecanismos como la deuda externa, la dolarización de las relaciones económicas internacionales, la inversión extranjera no regulada, la asimetría tecnológica y el intercambio desigual han continuado postrando a los pueblos del sur en el retraso económico, educacional, sanitario y científico. Los mal llamados tratados de libre comercio sintetizan en nuestros días la perpetuación per sécula de estos instrumentos de dominación.
Términos como países “en vías de desarrollo” constituyen un eufemismo, ya que no existe posibilidad de alcanzar el desarrollo sin quebrar la sujeción al orden imperialista. De allí deriva también la necesidad de cuestionar el concepto capitalista de desarrollo para reorientarlo a una dimensión racional, de solidaridad humana, respetuosa de la naturaleza y de la interculturalidad.
América Latina es un caso típico en que a casi 200 años de lograr la emancipación política formal, sus pueblos, sometidos aún al neocolonialismo, luchan por su segunda y definitiva independencia, como postuló en su momento la Segunda Declaración de La Habana. Venezuela y Bolivia son ejemplos de naciones que hoy transitan por ese camino impulsadas por revoluciones populares.
Cuba es el primer país de nuestra región que consiguió liberarse de las cadenas neocoloniales. Su impronta significó un gran impulso a las luchas de liberación nacional y social en el llamado tercer mundo, y junto a la revolución argelina, el proceso de descolonización en África y la victoria de Vietnam sobre la agresión yanqui insufló nuevos aires rebeldes al Mnoal.
El Mnoal buscaba desde la cita fundacional de Bandung en 1955 que sus integrantes sortearan las presiones del enfrentamiento entre Estados Unidos y la extinta URSS, las dos superpotencias de la época. Para ello reivindicó la defensa de la Carta de la ONU así como los principios de soberanía nacional, autodeterminación de los pueblos, oposición a los bloques y bases militares extranjeras, lucha por la paz y solución pacífica de los conflictos y por un nuevo orden económico internacional justo y equitativo. Su influencia era creciente hasta la disparatada intervención soviética en Afganistán, una de las causas que precipitó el derrumbe de la URSS. Éste, a su vez abrió las puertas a la unipolaridad estadounidense y al desarrollo de la ofensiva neoliberal.
La aplicación generalizada del llamado Consenso de Washington restó autonomía a los países del Mnoal y junto a la unipolaridad creó una enorme confusión ideológica en su seno, lo que pareció condenarlo a la parálisis.
Sin embargo, las terribles consecuencias sociales del neoliberalismo y su rumbo guerrerista evidenciado en Afganistán, Irak, Palestina y Líbano han creado condiciones propicias a la agrupación para tomarse un segundo aire. Es así que en la cita de La Habana los anfitriones abogan por pasar de la retórica a la acción. Cuba, que presidirá el Mnoal durante tres años, además de insistir en encausar los principios históricos del no alineamiento mediante pasos prácticos, propone dar un nuevo giro a la cooperación entre sus miembros impulsando importantes programas de educación, salud y ahorro energético a partir de las valiosas experiencias de la isla.

Breve repaso por los Mnoal

Ojos del mundo puestos en Cuba

Prensa Latina y otras colaboraciones
Entre el 11 y el 16 de septiembre se realizará en La Habana, Cuba, la XIV Cumbre del Movimiento de Países no Alineados (Mnoal), que cuenta con 116 estados miembros, de los cuales 24 son latinoamericanos. Se trata de un foro en el que los países subdesarrollados y en desarrollo debatirán sobre temas políticos, económicos y de seguridad internacional.
Los antecedentes del Mnoal se remiten a la conferencia afro-asiática de Bandung, Indonesia, realizada en 1955. Los líderes Jawaharlal Nehru, de la India, y Gamal Abdel Nasser, de Egipto, impulsaron un encuentro entre 29 países, en su mayoría ex colonias, preocupados por la naciente Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El conflicto armado de Corea funcionó como alarma entre los países en desarrollo, que veían como el nuevo mundo bipolar los dejaba afuera, y sólo los contemplaba cómo posibles escenarios bélicos. Ésta fue la razón que llevó a Nehru y a Nasser a ubicarse dentro del nuevo eje de los no alineados, que pretendía mantenerse al margen de las potencias.
De esta conferencia surgieron los diez principios de Bandung, entre los cuales se destacan el respeto a la soberanía territorial (tema primordial para las ex colonias), la no intervención en los asuntos internos de los países y el fortalecimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estos puntos fueron fundamentales para la conformación del Mnoal, y sirvieron como marco de las estrategias conjuntas frente a los dos grandes bloques.
Sin embargo, fue recién en 1961 cuando se constituyó formalmente el Mnoal. Esto se debió, sin duda, a la enorme influencia del presidente de la Yugoslavia comunista y disidente, Josip Broz Tito, que convocó a sus pares en la primera cumbre del Movimiento en Belgrado. La creciente carrera armamentista de Estados Unidos y la URSS fue el tema central de la reunión, que sirvió para acordar algunos puntos de la estructura del movimiento. Cuba fue el único país americano en participar de la cumbre.
En Belgrado se estableció que el Mnoal no tendría carta ni constitución, ni reglas formales de procedimiento. Se evitó la creación de estructuras tales como un secretariado, por temor a que la diversidad de ideologías y propósitos llevaran a la destrucción del movimiento o al predominio de unos pocos países. De la misma forma se estableció un modo no jerárquico y rotativo de administración, que permite a todos los países integrantes presidir el Mnoal cada vez que son anfitriones de una cumbre. En este caso, la XIV cumbre dejará a Cuba a cargo del movimiento por los próximos tres años.
Además de las cuestiones administrativas, la Conferencia de Belgrado dejó establecidos varios principios para los miembros, entre los cuales se destacan: preservar las independencias nacionales frente a las superpotencias, no pertenecer a ningún bloque militar (como la Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN- o el Pacto de Varsovia), rechazar el establecimiento de bases militares extranjeras, defender el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la independencia, y luchar por un “desarme completo y general”.
En la IV Cumbre de Argel de 1973 se conformó el Buró de Coordinación, que funciona en Nueva York y sirve como punto focal de acuerdo con las actividades y posiciones de los Gobiernos. De la misma forma se crearon los Grupos de trabajo que actúan en el marco de los principales órganos políticos de la ONU.
La caída del Muro de Berlín en 1989 y el surgimiento de un nuevo mundo unilateral, significó un duro embate para el Mnoal, que perdía así su principal razón de ser. Sin embargo, a pesar de que el concepto de la no alineación parecía perder su sentido inicial, la X Cumbre de Yakarta, Indonesia, en 1992, sirvió para poner un punto y aparte al movimiento, y encontrarle un nuevo rumbo.

Mayoría de miembros del Mnoal confirman asistencia

Prensa Latina y otras colaboraciones
La mayoría de los 116 países miembros de los No Alineados han confirmado su presencia en la XIV Cumbre del Movimiento, que tendrá lugar en La Habana entre el 11 y el 16 de este mes.
Fuentes de la Cancillería cubana indicaron que una buena parte de esas naciones estarán representadas por sus jefes de Estado o Gobierno, quienes se reunirán a ese nivel los días 15 y 16 en el Palacio de Convenciones.
Los secretarios generales de las Naciones Unidas, la Liga Árabe y el presidente de la Unión Africana son esperados también en la reunión, en la que participarán como observadores otros 15 países, cinco organizaciones internacionales y dos movimientos de liberación.
La confirmación de la asistencia de la mayoría de los miembros, las nuevas adhesiones y el interés mediático que suscita, confirman las expectativas sobre el encuentro, para el cual las autoridades cubanas alistan los últimos detalles.
Cuando el NOAL cumple 45 años de existencia, la actual coyuntura internacional, marcada por la polaridad impuesta por Estados Unidos, revalida los principios y objetivos de esta concertación, que nació en septiembre de 1961 en Belgrado.
El Movimiento tiene en la actualidad 116 miembros: 53 de África, 38 de Asia, 24 de América Latina y el Caribe y uno de Europa. Su membresía debe crecer a 118 en la cita cubana, con la incorporación de Haití y San Cristóbal y Nevis.
Aunque la acreditación de la prensa continúa, más de 800 profesionales, de más de 40 países, cubrirán las incidencias de la Cumbre, en la que la prensa extranjera concurrente tendrá la posibilidad de conocer, de primera mano, el acontecer de la mayor de las Antillas.