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Zona afectada se levanta entre toneladas de cenizas


Los pobladores de la zona central de Ecuador afectada por el Tungurahua aprovechan que el volcán calmó su furia, tras erupcionar y matar a cinco personas el jueves, para remover toneladas de ceniza que parecieron retrasar a esa región en el tiempo.
Ubicada al lado occidental del volcán, los habitantes de Riobamba (180 km al sur de Quito) empezaron este sábado a retirar los sacos de ceniza recogida, que le daban el aspecto de una ciudad en guerra.
Miles de personas se pertrecharon con escobas, palas y carretillas para limpiar. “Es imposible cruzar Riobamba, por donde se transite se encuentran cierres con gente amenazando con caerle a palo a quien pase”, comenta exasperado Lenin, un taxista que buscaba salir del laberinto de troncos y vehículos atravesados.
Sobreponiéndose a las incomodidades, los habitantes se esfuerzan por lustrar su urbe, que por efecto de la ceniza perdió el color convirtiéndola en una especia de postal en blanco y negro. “Ya llevamos horas recogiendo miles de sacos, y pareciera como si no hubiéramos empezado, esto es interminable”, señaló a la AFP un militar asignado a las labores de limpieza.
Junto con él, decenas de soldados, encaramados en camiones, recorren las calles subiendo los pesados bultos para su desecho, mientras mujeres, hombres y niños, provistos de mascarillas, limpian las aceras de las casas.
La imagen recorre los puntos cardinales de las provincias de Tungurahua y Chimborazo, declaradas en estado de emergencia por disposición del presidente Alfredo Palacio tras la erupción del volcán, de 5.029 metros de altura.
Luego de la violenta expulsión de lava, ceniza y roca, que mató a cinco personas, dejando además a decenas de miles de afectados, incluidos 3,200 que debieron huir de sus parcelas, el coloso quedó en aparente calma.
En Penipe, la zona más damnificada por la erupción, la tregua motiva a sus pobladores a rehacer la arquitectura deteriorada con un tesón que los enorgullece. “Acá soy un poblador más. No ofrezco, sino traigo lo que la gente necesita; comidas, tapabocas, agua, heno para las reses que se salvaron del desastre”, señaló a la AFP el alcalde Juan Salazar, quien emerge como un líder sin saco y corbata y cuyo esfuerzo es reconocido por todos.
“El alcalde fue por su cuenta a Riobamba el jueves y casi trajo a la fuerza al presidente Palacio para que se diera cuenta de la magnitud de la tragedia, gracias a eso pudo asegurar recursos para la gente que lo perdió todo”, destacó Gilberto Veloz, un ingeniero electrónico que desde su modesta emisora coordina la ayuda para los damnificados.
En el flanco oriental del Tungurahua, los moradores de Baños, una población que siempre ha vivido de la explotación turística del volcán, también recogen, lavan y limpian, confiados en que los visitantes no se den cuenta de lo sucedido.
“Cada vez que el volcán se enfurece, nosotros perdemos el trabajo de años. Los turistas se van, el pueblo queda desocupado, debemos bajar los precios, pero no hay remedio... el Tungurahua nos da como nos quita”, afirmó a la AFP una hotelera del sector.