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Bomberos nicas a Riobamba


Once voluntarios de Nicaragua, Perú, Guatemala y España de Bomberos Sin Fronteras, viajaron este sábado a Riobamba (centro), en la zona afectada por la erupción del volcán ecuatoriano Tungurahua, para colaborar en la atención de la emergencia, informaron la Cancillería y la ONG.
Este primer contingente ya había estado en la misma zona en julio pasado cuando se registró otro evento eruptivo, indicó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado.
Los voluntarios de Bomberos Sin Fronteras tienen previsto permanecer en las cuatro provincias afectadas durante un mes realizando tareas de rescate, restablecimiento del suministro de agua potable para 6,000 personas y distribución de medicamentos, según indicó la Organización No Gubernamental (ONG) con sede en Madrid.
Ecuador solicitó la ayuda internacional para atender la emergencia provocada por la erupción la madrugada del jueves del Tungurahua, 135 km al sur de Quito, que provocó cinco muertos, destruyó 20,000 hectáreas de cultivos y mató a cientos de animales, provocando pérdidas estimadas en 150 millones de dólares.
La ceniza y el material arrojado por el volcán taponaron además varias carreteras, obligaron a paralizar una de las principales hidroeléctricas -- en momentos en que Ecuador atraviesa una disminución en su capacidad de generación debido a un prolongado estiaje -- y a reducir los vuelos internos.
Ayuda empieza a llegar
Hay que destacar que Ecuador comenzó a recibir ayer sábado ayuda internacional para atender la emergencia en cuatro provincias del centro del país por la erupción del volcán Tungurahua, mientras unos 15,000 damnificados intentaban recuperar sus bienes y salvar animales y cultivos de las cenizas.
El ministerio de Relaciones Exteriores informó que la asistencia humanitaria de Estados Unidos y España llegó a las cuatro provincias afectadas por la catástrofe, que provocó cinco muertos, 13 heridos, devastó siete aldeas, dañó 20,000 hectáreas de cultivos y mató a cientos de animales.
Habitantes de los caseríos de Bilbao, Palitahua y Manzano acompañados por militares y organismos de socorro, regresaron a sus localidades destruidas por el flujo de materiales incandescentes --cerca de 8,000 toneladas según el Instituto Geofísico-- para rescatar algunas pertenencias de entre los escombros.
En Bilbao, donde el techo de la Iglesia se vino abajo y la escuela quedó en ruinas por las emisiones del volcán, los miembros de la familia Mariño Ruiz rescataban a cientos de pollos y gallinas de sus galpones para intentar reubicarlos en un sitio más seguro.
Una extensa capa de cenizas sigue cubriendo las zonas más afectadas, mientras que por los caminos y carreteras de la sierra andina avanzan familias enteras que cargan con televisores, colchones y ropa, mientras arrean a los animales que sobrevivieron.
En Riobamba (180 km al sur de Quito), en el costado occidental del volcán, los habitantes retiraban sacos de ceniza recogida con ayuda de militares.
“Es imposible cruzar Riobamba, por donde se transite se encuentran cierres con gente amenazando con caerle a palo a quien pase”, comentó exasperado a la AFP Lenin, un taxista, mientras buscaba salir del laberinto de troncos y vehículos atravesados.
El Instituto Geofísico reportó que la actividad del volcán se mantiene baja tras la erupción del jueves, aunque alertó que continúa la acumulación de magma y gases al interior de la montaña de 5,020 m de altura, que hacen presagiar una nueva erupción.
Las actividades de seguimiento a la actividad del volcán, cuyo nombre indígena significa “Garganta de Fuego”, se han dificultado, sin embargo, por la pérdida de tres de los equipos de monitoreo, dañados por la erupción.
Con los instrumentos que siguen en pie, los geólogos del Instituto han logrado detectar una ligera deformación en el flanco norte de la montaña, que fue la menos afectada por la erupción.
Sobre esta zona se ubica Baños, un balneario turístico que aprovecha las aguas termales que surgen del volcán, y en donde a pesar de la emergencia muchos de sus 18,000 habitantes se niegan a salir.
El gobierno, que declaró la emergencia en las provincias de Cotopaxi, Tungurahua, Bolívar y Chimborazo --donde viven 1.4 millones de personas-- coordinaba la entrega de ayuda y provisiones a los damnificados, unos 15,000 según estimaciones de la Cancillería.
La embajada de Estados Unidos indicó que en la zona se encuentran ya ocho médicos militares que fueron desplazados desde la base aérea que ocupan en Manta (oeste). Igualmente, Washington estudia mecanismos para reponer el equipo de monitoreo geológico del volcán que fue destruido tras la erupción.
Por su parte, la delegación diplomática de España indicó que entregó 10,000 mascarillas y 1,000 protectores para los ojos, así como agua y sacos para recoger la ceniza.

Confusión sobre cifra de muertos
QUITO / EFE
Una gran confusión se ha desatado en Ecuador en torno a la cifra real de muertos como consecuencia de la erupción del volcán Tungurahua, que ha lanzado miles de toneladas de ceniza y flujos piroclásticos.
La Defensa Civil emitió un comunicado en el que ratifica que “hasta el momento sólo se contabiliza una persona fallecida y que cuatro en el sector de Pilagtahua, continúan desaparecidas”.
El boletín de prensa 061 de la Defensa Civil, incluso identifica a los desaparecidos como Aurelio Hidalgo, Obdulia Ramírez, Iván Satán y Betty Satán, y al fallecido como Jaime Samaniego, de 53 años.
Sin embargo, un informe Ejecutivo de la Dirección de Defensa Civil en el que se reportan datos “desde el 16 de agosto hasta el 17 de agosto”, anota que en Penipe “encuentran un fallecido calcinado por efectos secundarios a la erupción del volcán (incendio de la casa por la caída de material candente)”.
En el mismo informe se señala que “en Paligtahua se reportan cuatro cadáveres calcinados, así mismo, por efectos secundarios (incendio de sus casas)”, información que contradice a los propios boletines posteriores de la misma Defensa Civil.
El director de la Defensa Civil, José Grijalva, dijo a EFE que “ya se ha definido que están enterradas en la casa” esas personas.
“Inicialmente me indicaron que habían sido ya encontrados y evacuados, pero se llega a comprobar que realmente no les sacaron de ahí, simplemente les dejaron ahí a las cuatro personas”, indicó, aunque hasta el momento nadie ha dicho públicamente que haya visto algún resto.
Según el director de la Defensa Civil, hay informes de testigos de que las cuatro personas se encontraban en la casa la noche del jueves cuando bajaron los flujos piroclásticos que supuestamente la taparon.
Sin embargo, al ser consultado sobre versiones a la prensa de familiares de los cuatro ecuatorianos que dijeron que sus parientes cayeron al río al intentar cruzar un puente que consumió el fuego, Grijalva se limitó a decir que “esos cuatro cadáveres no se han recuperado definitivamente”.
“Han puesto una cruz (en el sitio), han hecho su ceremonial religioso y prácticamente eso (los cuerpos) no se va a poder buscar”, señaló al anotar que ahora la Defensa Civil habla de cinco fallecidos.
“Obviamente esas personas no tienen la posibilidad de haberse salvado o haber estado en algún otro lado. Está prácticamente comprobado (que fallecieron), lo que no tenemos es el cuerpo presente para decir ‘Aquí está’”, subrayó Grijalva.
No obstante, la televisión Ecuavisa dijo hoy que “fallecieron las cinco personas (dadas por desaparecidas), e incluso restos mortales de uno de ellos habrían sido ya recuperados y se encuentran en la morgue de Penipe”, algo que tampoco se ha comprobado.
El alcalde de Penipe, Juan Salazar, sostiene que las cuatro víctimas “están bajo los escombros”, por lo que también los da por muertos.
Pese a ello, el subcoordinador de gestión de riesgos de la Cruz Roja, Oswaldo Proaño, dijo a EFE que ese organismo de socorro se mantendrá en definirlos como “desaparecidos mientras no se encuentren los cadáveres”.
Mientras tanto, la Policía informó de que encontró cerca de la población de Cusúa a Amable Tite, de unos 75 años de edad, quien estaba desaparecido, desde el miércoles.
También el anciano Byron Garcés logró salvarse de los flujos al refugiarse bajo un lavadero de su casa, que está en la ladera del volcán a pocos metros de la quebrada por donde bajó la lava del coloso.