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Nueva York recuerda la pesadilla del 11-S

El caos reina en los aeropuertos de la “La Gran Manzana”, mientras los pasajeros no dejan de pensar en el horror del 11 de septiembre de 2001.

La seguridad fue reforzada este jueves en los aeropuertos de Nueva York después de que Londres anunciase la desarticulación de un complot terrorista, en medio de la resignación de unos pasajeros que no podían evitar acordarse de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
"Absolutamente NINGUN líquido autorizado", "Non, nein, geen, nao, ingen, no!", podía leerse en grandes carteles con dibujos de botellas y tubos de pasta de dientes en el aeropuerto Kennedy (JFK). Sólo los líquidos para bebés y los medicamentos con receta fueron excluidos de la prohibición.
El Departamento de Seguridad Interior, que elevó la alerta para vuelos comerciales hasta el nivel máximo (rojo), tomó esta decisión después de que las autoridades británicas anunciasen haber desarticulado un plan para hacer estallar aviones en pleno vuelo entre Gran Bretaña y Estados Unidos mediante líquidos explosivos.
Los viajeros también recibieron la recomendación de acudir antes a los aeropuertos, al menos dos horas, en vez de una, como suele reclamarse para los vuelos domésticos, debido a que los trámites de seguridad podían alargarse. Asimismo, las autoridades aconsejaban a los pasajeros llamar a sus aerolíneas antes de salir hacia el aeropuerto para confirmar que sus vuelos no habían sido suspendidos.
"Hay que acostumbrarse, tengo que volver a casa", explicaba este jueves por la mañana Rob Taylor, un pasajero del vuelo de British Airways JFK-Londres, que había facturado su equipaje de mano y andaba sólo con su billete y pasaporte. "Generalmente, llevo una maleta conmigo", dijo este ingeniero que viene unas diez veces al año a Estados Unidos por razones de trabajo.
La salida del vuelo de las 09H15 (8 de la mañana en Nicaragua) de JFK a Londres-Heathrow estaba prevista a la hora, sin embargo, la llegada de aviones en la ruta inversa se anunciaba con retrasos de más de dos horas.
"Es un poco molesto, ¿verdad?", se preguntaba sobre las amenazas Sarah Brakell, una estudiante londinense que esperaba volver a casa. "Sólo rezo para que mi vuelo vaya bien", confesaba Patrice Boyce, una neoyorquina que viajaba a Corea del Sur vía San Francisco, y que recordaba los atentados que dejaron miles de muertos en Estados Unidos hace casi 5 años. "Mi escuela estaba al lado (del lugar de los atentados). Pero no puedo anular mi vuelo a causa de ello", recordó.
"Desde" los atentados, explicaba Robin Madel, una profesora de gimnasia estadounidense, el incremento de las medidas de seguridad "no se ha parado". Aunque, confesaba con un tono fatalista, "si te llega la hora, te llega".