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Más de 55 muertos en Cana

Las bombas israelíes matan a 51 libaneses, 22 de ellos niños, en Cana. El poblado, tras un bombardeo de dos horas tanto por mar, tierra y aire, quedó convertido en escombros. Las bombas israelíes centraron tres zonas -la entrada de la localidad, el centro y uno de sus lados-, donde aún se encuentran atrapadas muchas víctimas civiles que en las próximas horas podrían hacer aumentar el balance de muertos.

Al menos 57 personas, 22 de ellas niños, murieron este domingo bajo las bombas israelíes en la aldea de Cana, en el sur de Líbano, en el más mortífero de los numerosos bombardeos contra civiles que el Estado hebreo ha llevado a cabo en sus 19 días de ofensiva en suelo libanés.
"No quiero que me pregunten por cifras. Es bien sabido que servimos de cobayas a sus armas, las bombas de implosión. Es lo único que se ve", declaró entre lágrimas Naim Rakka, uno de los jefes del equipo de socorro de la Defensa Civil libanesa con los cadáveres de dos niños en sus brazos
Rakka dio rienda suelta a su cólera contra la aviación israelí, que al amanecer del día domingo bombardeó Cana, destruyendo decenas de edificios y causando la muerte de "al menos 51 personas, 22 de las cuales eran niños", según un balance provisional de la Defensa Civil.
Israel ordena investigación inmediata
El ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, ordenó este domingo al ejército israelí que proceda a un "examen inmediato" de las circunstancias del bombardeo de la localidad libanesa de Cana, declaró su portavoz. "El ministro de Defensa ordenó al ejército, inmediatamente después del incidente, que proceda sin demora a un examen de las circunstancias en que se produjo", dijo este portavoz a la AFP.
"Se trata de un suceso trágico que resulta de la guerra contra el Hezbolá, movimiento que opera en el corazón de centros de población sabiendo perfectamente que los pone en peligro", añadió.
Israel: "Cana era refugio de Hezbolá"
Israel responsabilizó a Hezbolá de la muerte de civiles en Cana al acusar al movimiento chiita libanés de usar esa localidad como base para sus disparos de cohetes contra su territorio. Cana servía de refugio a los militantes de Hezbolá, declaró el primer ministro israelí, Ehud Olmert, que inscribió el ataque en la ofensiva militar para acabar con el movimiento chiita, puesta en marcha el 12 de julio tras la captura de dos militares israelíes por parte de este último.
Las bombas del Estado hebreo, sin embargo, parecen no estar logrando su objetivo, según consideran los expertos, pese a los numerosos muertos libaneses, cifrados desde el comienzo de la ofensiva en 506, la mayoría civiles como las víctimas de Cana. Poco después del bombardeo, el primer ministro libanés, Fuad Siniora, descartó cualquier negociación, pidió "una investigación internacional" de lo sucedido y exigió "un alto el fuego inmediato e incondicional".
Mientras tanto, en Cana, los servicios de Defensa Civil prosiguieron con sus tareas de rescate, dificultadas por una serie de bombardeos esporádicos que a lo largo de la mañana realizaron aviones israelíes en las inmediaciones de la localidad.
"Además de unas 36 víctimas que ya fueron sacadas de los escombros, hay entre 15 y 20 personas aún bajo las ruinas de un edificio. La mayoría están presuntamente muertas pero hemos escuchado algunos gemidos", dijo Salam Daher, el responsable de la Defensa Civil para la región de Tiro.
Daher se refería al bombardeo de un edificio de tres plantas, situado en una de las colinas de la localidad y que albergaba un refugio donde se habían instalado algunas familias que habían huido de otras localidades del sur del Líbano bombardeadas en días pasados por las fuerzas israelíes.
Los testimonios
Un superviviente del refugio destruido dijo a la AFP que 63 personas se encontraban en su interior cuando se produjo el bombardeo. Los socorristas usaban sus manos para desenterrar a los atrapados entre las ruinas, donde una periodista de la AFP pudo ver los cadáveres de varias mujeres con sus hijos aún en pijama en brazos, pues habían intentado protegerles cuando cayeron las bombas.
"Hubo un primer bombardeo a la 01H00 local (22H00 GMT / 5PM hora de Nicaragua del sábado). Algunas personas salieron del edificio y una decena de minutos después, un segundo bombardeo lo convirtió en ruinas. Había 63 personas en su interior", contó Ghazi Aidibi.
"Había polvo por todas partes. No se veía nada. Logré salir y todo se derrumbó. Hay varios miembros de mi familia dentro y creo que no hay supervivientes", declaró conmocionado por lo sucedido Ibrahim Chalhoub, de 26 años.
El ataque de Cana, que duró dos horas, se produjo mientras una decena de poblados de la región de Tiro, casi todos al sur de esta ciudad costera, también eran sometidos a los bombardeos de la aviación, la marina y la artillería israelíes, esta última posicionada en territorio israelí, dijo la policía.
"Logré salir con mi hijo y mi marido, que se rompió una rodilla, pero cuando volví para intentar sacar a mi hija, era demasiado tarde: el edificio se derrumbó", contó desconsolada Rabab, una superviviente.
Las fuerzas israelíes no sólo atacaron Cana. Horas antes, tropas de un cuerpo de élite de tierra realizaron una incursión cerca de Taibé, en el sector central de la frontera libanesa-israelí, y protagonizaron un enfrentamiento con milicianos de Hezbolá. Asimismo, bombas israelíes cayeron en la noche del sábado al domingo en la carretera entre Beirut y Damasco, cerrando de hecho la frontera entre Líbano y Siria.
Reacciones de la comunidad internacional
Desde Jerusalén, donde el sábado se reunió con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, la secretaria estadounidense de Estado, Condoleezza Rice, pidió un alto al fuego. "Creo que ha llegado la hora de lograr un alto el fuego, debemos instaurar uno". Este, sin embargo, reiteró su negativa a un alto el fuego en Líbano, donde la ofensiva israelí causó hasta ahora 750 muertos, en su mayoría civiles.
"Pese al lamentable incidente (en Cana), no pediré a las fuerzas de defensa que paren su fuego o modifiquen sus operaciones. Seguiremos actuando sin dudarlo contra Hezbolá", dijo al término de un consejo de ministros. Olmert dejó clara la posición israelí tras las declaraciones de Rice, que parecieron mostrar una apertura en la posición de Washington, hasta ahora opuesto a reclamar un alto el fuego en Líbano.
La jefa de la diplomacia estadounidense, sin embargo, recordó que "las partes tienen que acordar un alto el fuego y tienen que darse ciertas condiciones". "Cualquier alto el fuego tiene que tener circunstancias que sean aceptables para las partes", agregó tras haberse entrevistado con su homóloga israelí, Tzipi Livni y confirmar la anulación de su visita a Beirut, que nunca fue oficial pero que se daba como segura en su segunda misión a Oriente Medio en sólo una semana.
El presidente sirio, Bachar Al Assad, condenó este doimingo la "horrible matanza" de la localidad libanesa de Cana, indicó la agencia de prensa oficial Sana. Assad "expresó su conmoción y su dolor por la horrible matanza cometida por Israel contra civiles inocentes en Cana", según la agencia.
El presidente hizo esta declaración durante una conversación telefónica con su homólogo libanés, Emile Lahud. Se trata de la primera reacción del presidente sirio desde que comenzó la ofensiva israelí, el 12 de julio.
Por otro lado, el primer ministro sirio, Naji Otri, llamó a su homólogo libanés, Fuad Siniora, y le garantizó "el apoyo de Siria con Líbano hermano".
El papa Benedicto XVI también solicitó en el rezo del Angelus un alto el fuego "inmediato" para poder construir, "a través del diálogo, una cohabitación estable y duradera" en Oriente Medio".
"No hay lugar para discusiones en esta triste jornada", afirmó por su parte en Beirut el primer ministro libanés, Fuad Siniora, en una declaración televisada en la que denunció a "los criminales de guerra israelíes". Siniora exigió "un alto el fuego inmediato e incondicional, así como una investigación internacional sobre las masacres israelíes en Líbano".
Protestas en Líbano
A las críticas oficiales se unieron las protestas de cientos de libaneses, que atacaron la "Casa de la ONU", sede de esta organización en Beirut, por el bombardeo israelí en Cana, donde murieron 51 civiles, 25 de los cuales niños, según un balance provisional de los servicios de socorro.
La rabia de los agresores, que lanzaron piedras contra la fachada del edifico, rompieron su puerta central entrado en el mismo y quemaron banderas de Estados Unidos, se calmó y se transformó en una manifestación multitudinaria contra el ataque a Cana.
Olmert reiteró las acusaciones contra Hezbolá, que el 12 de julio capturó a dos militares israelíes en un ataque en la frontera libanesa-israelí, desencadenado así la actual ofensiva hebrea en Líbano.
La localidad ya vivió una tragedia parecida el 18 de abril de 1996, cuando un bombardeo israelí contra las milicias de Hezbolá mató a 105 civiles. En aquella ocasión, la condena internacional obligó a Israel a suspender sus acciones contra el movimiento chiita.
En 1996, el ejército israelí ocupaba aún una parte del sur de Líbano, de donde se retiró en mayo de 2000. Este hecho justificaba los ataques de Hezbolá, según una buena parte de la comunidad internacional y la oposición pacifista israelí.
La actual ofensiva israelí en Líbano es objeto de una menor denuncia internacional y cuenta con un amplio consenso dentro de Israel, donde es considerada una operación legítima de autodefensa ante los disparos de cohetes por parte de Hezbolá, que desde el comienzo de la crisis ascendieron a 1.800 y causaron la muerte de 18 civiles israelíes.
Hezbolá promete castigar a Israel
El Hezbolá prometió el domingo castigar a Israel después de la "masacre" de Cana en el sur de Líbano. "Esta masacre bárbara, que supone un giro grave y peligroso en el curso de la guerra puede conducir (...) a reacciones contra el mundo mudo y cómplice que debe asumir sus responsabilidades, porque esta horrible masacre, como otras, no permanecerá impune", afirmó el partido chiita en un comunicado.
"El enemigo israelí asumirá las consecuencias de sus masacres, en Cana y otros lugares, como se comprometió la Resistencia Islámica", el brazo armado del Hezbolá, aseguró el movimiento libanés.
"La opinión internacional no creerá las mentiras que suelta para justificar su barbarie", agrega el texto.
Los milicianos chiitas, por su parte, dispararon este domingo unos 15 cohetes contra el norte de Israel, según el ejército israelí, sin causar heridos.
El sábado, el líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, amenazó a Israel con tomar como blanco las ciudades del centro del país, donde 18 civiles murieron por los casi 1.800 cohetes disparados por los chiitas libaneses desde el 12 de julio.
Asimismo, otros cinco civiles libaneses, todos miembros de una familia y dos de ellos niños, murieron en un ataque aéreo israelí que destruyó su casa en la localidad de Yarún también en el sur de Líbano.
Además, bombas israelíes cayeron en la noche del sábado al domingo en la carretera entre Beirut y Damasco, cerrando de hecho la frontera entre Líbano y Siria, con el objetivo, según el ejército hebreo, de impedir que Hezbolá reciba armas desde Siria.
Paralelamente, las tropas israelíes llevan a cabo desde el 28 de junio una operación en la franja de Gaza para rescatar a un soldado capturado por grupos armados palestinos en la que hasta el momento han muerto 147 palestinos.