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“Maldito sea el puerco de Bush y el puerco de Sharon”

La escalada de violencia en Oriente Próximo ha dejado hasta la fecha más de 380 muertos y miles de heridos, que ahora son los principales testigos de la devastación causada por este conflicto. A continuación una crónica sobre sus viviencias.

Para Ahmed Jalil Ali, un chofer de taxi de 58 años, que yace en una cama de un hospital en Beirut, Israel ha sido una pesadilla: en 1974, durante un ataque israelí perdió a dos de sus amigos y quedó paralizado de un brazo, y esta semana un misil le cortó ambas piernas e hirió a su mujer y a sus cinco hijos.
Ahmed no desea hablar y se ve aturdido. Está internado en el hospital Rafic Hariri de Beirut junto a su mujer, Karam instalada en una cama a su lado, y a sus cinco hijos, Mirah, de 16, Fátima de 12, Alí de 9, Aya, de 3 y Ulah, de 1 año, todos con heridas de diversa gravedad.
También hay otros miembros de la familia, entre ellos varias mujeres que rechazan a los periodistas. La hija mayor, Mirah, de 16 años, a punto de terminar el bachillerato en Beirut, habla perfectamente inglés, y se ha hecho la portavoz de la familia. Está en el pasillo en una silla de ruedas, con una pierna quebrada y con heridas en las cabeza.
"Papa está muy mal, pues se siente culpable por no haber protegido a su familia y no sabe cómo podrá hacerlo a partir de ahora", explica.
Ahmed y su familia habían partido de vacaciones antes del comienzo de las hostilidades a la localidad de Blida, en la frontera líbanesa-israelí, de la cual el es originario. Fue en esta localidad donde Ahmed perdió en 1974 el uso de su mano derecha. Se encontraba junto a dos amigos en una terraza, cuando un avión israelí lanzó una bomba que mató a sus dos amigos y lo hirió gravemente en el brazo.
Mirah recuerda que partieron felices de vacaciones y ni siquiera se imaginaban que la guerra los sorprendería. "Los días anteriores todo estaba muy tranquilo y sólo en la tarde de aquel día tuvimos miedo porque escuchamos bombardeos a los lejos", comentó.
La niña recordó que ese noche se habían acostado temprano y que como a las 3 de la madrugada escucharon las explosiones de unas cinco bombas cada vez más cerca. "Era como un terremoto. De repente vi todo blanco y sólo escuché a mi mamá que gritaba, llamándonos a todos", recuerda Mirah. "Fue ella la que me saco de los escombros de la casa, y fue entonces cuando vimos a papá sin piernas y que pedía lo ayudáramo".
Mirah dice que tratará de interceder ante su padre para ver si acepta dar su propio testimonio. La respuesta es siempre negativa. Despues de haber sido herido en 1974, Ahmed, había venido a la zona sur de Beirut, donde se instaló una importante comunidad chiita y donde el Hezbolá, habría de crear su plaza fuerte.
“El Líbano se acabó”
Mirah dice ser musulmana chiita pero hace notar que no son partidarios del Hezbolá, al que hace responsable junto con Israel de la tragedia que están viviendo. "¿Por qué nos atacan a nosotros? Sólo somos civiles y somos nosotros los que pagamos por esta guerra con nuestras vidas, en nuestro futuro", explica con amargura y resignación.
Sobre el futuro del Líbano, la muchacha se manifiesta muy pesimista. "El Líbano se acabó", dice tajante. "Ni siquiera sabemos qué fue de nuestra casa, pues hay barrios enteros que fueron arrasados en el sector sur donde vivíamos", agrega.
En cuanto al futuro de su familia, esta misma semana debían ser evacuados hacia Grecia y de ahí a Australia, donde su padre será sometido a tratamientos para rehabilitarlo. "Pero yo no quiero irme del Líbano" dice con la voz temblorosa y mientras sus ojos se humedecen.
En la sala adyacente, una mujer de su familia, alega en voz alta que hay que mostrar al mundo lo que los israelíes han hecho a su primo y le pide al herido que muestre los muñones. "Maldito sea el puerco de Bush y el puerco de Sharon (sic). Que Dios los castigue y que les ocurra lo mismo...", grita levantando los brazos al cielo. Una enfermera la calma y le recuerda que se encuentra en un hospital y que hay muchos heridos.