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Llanto, temor, muerte y destrucción

Las ciudades del Líbano y el norte de Israel, en constante acecho las primeras por los “cazas” israelíes y por los cohetes de Hezbolá las segundas; se han convertido en pueblos fantasmas, abandonadas por sus habitantes debido a la escalada de violencia que hoy llega a su séptimo día. Esta es una crónica de la tragedia humana causada por esta nueva guerra desatada en Oriente Próximo, que hasta ahora ha dejado una cifra de más de 200 muertos.

Um Hassan llora inconsolable, tumbada en un jardín público de Beirut, tras haber huido de la periferia sur de la ciudad, constantemente bombardeada por los “cazas” israelíes. Hassan, ataviada con el tradicional hábito negro y el 'hijab' en la cabeza, se pregunta: "¿habrán quedado mis hijos sepultados bajo los escombros? Sólo Dios lo sabe".
Hassan lleva siete días así, llorando la desaparición de sus hijos, apoyada en un árbol del parque de Sanaye, a medio camino del centro histórico de Beirut y el barrio de Hamra. Siete días de sufrimiento, el mismo tiempo que ha durado la ofensiva militar que Israel lanzó el miércoles pasado sobre Líbano, para liberar a dos soldados secuestrados por la guerrilla chií de Hezbolá, y que hasta ahora ha cobrado la vida de 200 personas.
“Me encontraba en el trabajo cuando empezaron los bombardeos israelíes. Al volver a casa, sólo quedaban cenizas. Me dijeron que me fuera rápidamente de la zona. De eso hace ahora siete días e ignoro si mis hijos quedaron sepultados bajo los escombros o si están sanos y salvos en algún lugar. Ahora ya no me queda nada ni nadie. Solamente Dios”, se lamenta esta mujer, señalando con el dedo el cielo.
Hassan es una de las miles de desplazadas del sur de Líbano y de la periferia meridional de Beirut, bastión de Hezbolá y blanco de la ofensiva israelí. Como ella, son numerosos los desplazados que no han podido encontrar un sitio donde cobijarse, pese a que se han habilitado escuelas en Beirut y en las montañas con ese propósito.
El jardín público de Sanaye, frecuentado en tiempos de normalidad por los deportistas de la capital, se encuentra ahora atestado de desamparados dispersados sobre el césped. Por la mañana, grupos de hombres beben su café con la oreja pegada a los transistores para seguir el desarrollo de la ofensiva israelí.
Los más pequeños corretean en ropa interior, mientras sus atuendos lavados se secan colgados de las ramas de los árboles. Otros, con los ojos enrojecidos por el cansancio y la falta de sueño, permanecen sentados con los pies llenos de barro y la ropa sucia.Ni se acercan a las zonas de juegos del parque.
“No podemos más.Somos humanos”

"Nadie puede dormir, incluso los niños", dice Maryam Diab a la agencia francesa AFP, observando a sus dos hijos, Abed, de tres años, y Hadi, de uno y medio. "Abed no ha dejado de despertarnos llorando, atemorizado por si vienen los aviones israelíes. Todavía está traumatizado por los ataques aéreos que alcanzaron a nuestros vecinos en la periferia", explica.
Una mujer mayor, dolorida por tener que dormir en el suelo, afirma: "No podemos más. Somos seres humanos. Tenemos casas, familias, terrenos". "Pero a los israelíes les da igual. Quieren atacar a Hezbolá pero matan a todos los que están a su alrededor", se lamenta.
Una de las jóvenes voluntarias del parque para albergar a los desplazados, Wissam Abu Sleiman, explica que unos 250 refugiados duermen cada noche en esa zona: "pedimos ayuda a todo el mundo. Algunos llegan en auto para repartir alimentos, leche y ropa. Pero necesitamos mucho más que esto", asegura.
Ciudades fantasmas
Del otro lado de la frontera, las imágenes también son de desolación. Las ciudades y pueblos del norte de Israel se mantienen prácticamente solitarias, porque sus vecinos han tenido que acudir hasta los refugios debido a los constantes ataques con cohetes lanzados por las milicias de Hezbolá.
El último atentado en esta zona ocurrió en la mañana, en la localidad de Nahría, donde han caído al menos tres andanadas de un total de 11 cohetes, que dejaron como resultado a un israelí muerto y heridas a un número indeterminado de personas.
Eli Dayari es vecino de la zona y presencio este nuevo ataque. Dayari relata, aún asustado y temblando, que el cohete impactó contra una casa de dos plantas y en un edificio anejo de apartamentos, y que aparentemente había provocado un incendio.
"Me encontraba junto a un refugio y escuché una tremenda explosión. Luego vi cómo se había producido a dos metros de mi casa", dijo el testigo.
Como Dayari, miles de personas tienen que vivir día a día con el temor de los cohetes y el sonido de las explosiones. Otro sonido es el que rige su suerte desde hace siete días: antes de la caída de los cohetes, las sirenas de alarma suenan en las ciudades, indicando a sus habitantes que es hora de correr hasta los refugios para poder salvar la vida.
Mascotas abandonadas

Y en la huída no hay tiempo para llevarse nada. Atrás quedan todos los enseres y bienes. Las casas y los apartamentos. Y dentro de ellos, quedan también las mascotas. Según la Asociación Protectora de Animales en Israel y Oriente Medio, AHAVA, 138 perros y gatos han sido recogidos por los trabajadores de la organización en los últimos días.
"La amenaza de los cohetes de Líbano sobre una cuarta parte de la población del Estado de Israel, ha obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares", dejando a sus mascotas atrapadas en los hogares, sin comida ni agua, según un comunicado emitido por la organización y reproducido por la agencia EFE.
Los voluntarios de AHAVA han repartido una tonelada y media de comida para mascotas y centenares de escudillas con agua por las calles de las ciudades del norte de Israel, desde hace días convertidas en auténticas localidades fantasmas.
“Con el caluroso verano de Oriente Medio los perros y gatos abandonados morirán de sed si no se les presta ayuda inmediata”, según el comunicado, en el que se pide donaciones para paliar esta situación.
La asociación espera poder construir un refugio, "que permita cobijar a los animales de Oriente Medio", mientras sus trabajadores y colaboradores realizan su labor de forma desinteresada y algunos de ellos tienen dos puestos de trabajo para ayudar en la financiación de proyectos en defensa de los animales, a pesar de la constante amenaza de bombas.
Amenaza que no cesará, al menos en el corto tiempo. Este martes, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, dijo que la ofensiva militar en el Líbano continuará hasta que la seguridad de Israel esté garantizada y le devuelvan a los soldados secuestrados: "Israel continuará la lucha contra Hezbolá hasta que sean liberados los soldados secuestrados y se garantice la seguridad de los ciudadanos israelíes", dijo Olmert.