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Un monstruo electoral bajo la sombra


MÉXICO /AFP
La sombra de una crisis de gran calado pesa sobre el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la formación que gobernó México la mayor parte del siglo XX, cuyo candidato presidencial, Roberto Madrazo, aparece en tercer lugar a pesar de su enorme capital político.
Con 17 gobernaciones y más del 60% de los municipios del país en su poder, la percepción generalizada a mediados de 2004 era que el PRI parecía tener su maquinaria electoral aceitada y grandes posibilidades de regresar a la Presidencia.
Pero una ruptura en su cúpula, escándalos por corrupción y deserciones de destacados militantes parecen estar a punto de sepultar esa idea.
Desde el inicio de la campaña, Madrazo, de 53 años, no ha podido despegar del tercer sitio en los sondeos para las elecciones de este domingo.
El ex gobernador de Tabasco (sureste), el candidato "más conflictivo" que podría haber tenido la formación, es la causa de su declive, según algunos de sus propios militantes, que lo desaprueban incluso en los sondeos.
Los especialistas en cambio coinciden en que la crisis se remonta a principios de la década de 1980.
"El PRI sufre las consecuencias de un deterioro interno y tiene lo que ha cosechado en varios años de olvido del partido y de sus bases", considera el analista Álvaro Arreola, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
"La fatalidad del PRI es que Madrazo es el mejor representante que hoy podría tener", añade.
A mediados del año pasado, el político se enfrentó con Elba Esther Gordillo, líder del sindicato de maestros, el gremio más numeroso de América Latina, cuando era secretaria general del PRI.
Durante el proceso para elegir al candidato del partido, que durante el tiempo que gobernó el PRI era designado por "dedazo" por el presidente en turno, un escándalo por corrupción sacó de esa contienda al ex gobernador del estado de México, Arturo Montiel, dejándole el camino libre a Madrazo, aunque también bastante tocado mediáticamente.
Después, Madrazo se enfrentó a los legisladores priistas Emilio Chuayffet y Manuel Bartlett, ex secretarios de Gobernación (Interior), que lo acusaron de haber traicionado al partido, y a varias sonadas deserciones.
La poderosa Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos --CROC-- con 4.5 millones de afiliados y ligada históricamente al PRI, anunció que apoyará al candidato presidencial de izquierda y puntero en los sondeos, Andrés Manuel López Obrador.
Pero esos episodios no son más que la consecuencia de la crisis del partido que comenzó años atrás, consideran también Alejandro Trelles y Héctor Zagal en su libro "La anatomía del PRI".
Fundado para repartir el poder entre los triunfadores de la Revolución Mexicana (1910), el PRI supo a lo largo de siete décadas consecutivas (1929-2000) cambiar de piel con relativo éxito, con la estabilidad política como su principal oferta y la estricta disciplina de sus militantes como regla de oro para su supervivencia.
Con el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), el PRI adquirió un tinte socialista y a finales de esa misma década borró de sus postulados ideas sobre la lucha de clases, manteniéndose en un centro curado de extremos ideológicos.
Progresivamente, a partir de los años 80, "el PRI abandonó a los pobres que --divididos en sectores con voz y voto en el partido-- eran toda su base. Y como oposición en los últimos seis años tampoco tuvo un papel relevante", apunta Arreola.
Esa crisis se acentuó en la década de 1990, con escándalos de corrupción protagonizados por el presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).
Uno de los últimos priistas promotores de una reforma al interior de su partido, Luis Donaldo Colosio murió asesinado cuando era candidato presidencial para la elección de 1994.