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Evo, máximo jefe indio


TIAHUANACO / EFE
Con un acto inédito por su simbolismo y una masiva asistencia de público, el aimara Evo Morales recibió ayer la energía de la renacida civilización Tiahuanaco, al ser investido como máximo jefe indio, antes de convertirse en el presidente número 65 de Bolivia.
El escenario único de la ceremonia fue el principal santuario de este imperio precolombino, que se originó en el año 1.000 antes de Cristo y se propagó por el corazón de Sudamérica, hasta su colapso en el siglo XIII de nuestra era.
Sus descendientes directos, los indios aimaras bolivianos, se rindieron a los pies del futuro gobernante, en una llamativa ceremonia, a la que asistieron decenas de miles de personas y cuya fidelidad con los ritos originales fue, sin embargo, puesta en duda por algunos expertos, consultados por EFE en el lugar.
Hasta el astro Sol, una de las principales deidades andinas, sonrió la asunción de Morales, después de que durante horas los rayos y las gotas de lluvia invitarán a pensar que se iba a caer el cielo.
Como en un viaje atrás en el tiempo, Morales fue bendecido en un llamativo ritual, en el que un “amauta” o sacerdote andino lo invistió como máxima autoridad india al entregarle una réplica del bastón de mando tiahuanacota.
Vestido con un “unku” (túnica) y un “lluku” (gorro cuadrado) de color guindo, Morales ascendió a la pirámide de Akapana ante la atenta mirada de los asistentes, en su mayoría campesinos, y el seguimiento permanente de los objetivos de las cámaras fotográficas y de televisión.
Paradójicamente, para la elaboración de esos tejidos fue usada la tecnología digital, en una muestra clara de la adecuación de estos grupos ancestrales a la modernidad, también visible en el uso de teléfonos móviles, por parte de algunos indígenas presentes.
Tras recibir el báculo de manos de Valentín Mejillones, el principal de los cinco “amautas” que condujeron el ritual, Morales se desplazó al templete de Kalasasaya y desde allí habló a la impaciente marea humana.
Para la mayoría, fueron muchas horas de una sacrificada espera que se alargó por la necesidad de madrugar para llegar hasta el santuario, situado a 71 kilómetros al oeste de La Paz.
Los más tempraneros fueron las autoridades originarias de las provincias colindantes, las cuales estuvieron allí desde el viernes y durmieron en carpas levantadas en una explanada, en pleno altiplano de Los Andes, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y con varios grados bajo cero.
“Hemos estado sufriendo toda la noche, porque hacía mucho frío”, afirmó a EFE Jacinta Chillo, una mujer aimara de la población andina de Ancoraimi.
Al igual que sus compañeras, Chillo lució una pollera (falda), un manto colorido y el característico sombrero con forma de bombín; mientras los hombres portaban poncho, chalina (bufanda) y “lluchu”, un gorro de lana.
También llevaron consigo su “chicote” o látigo para arrear el ganado camélido, que en este caso tuvo otra finalidad.
“Vinimos para celebrar el triunfo de Evo y hacer guardia comunitaria, como los soldados, para proteger al flamante presidente”, explicó el “mallku” del “ayllu” de Zapana, Pablo Mamani, en un castellano con un marcado acento del campo andino.
Los “mallkus” (cóndores en lengua aimara) que son los jefes de los “ayllus” o comunidades de la zona, tuvieron un papel esencial en el acto, pues fueron los responsables de la seguridad en el recinto arqueológico, con el apoyo de centenares de efectivos policiales.
Otros llegaron al alba, en centenares de vehículos que inundaron los alrededores de Tiahuanaco y del pueblo aledaño del mismo nombre, cuyos habitantes aprovecharon este acontecimiento sin precedentes para hinchar el pecho de orgullo y aumentar sus ventas.
También fue inédita la presencia de prensa extranjera, como destacó el periodista boliviano José Manuel Moreno, al opinar que es la “primera vez que se ve algo así” en su país.
En su discurso, Morales dijo haberse sentido “conectado con la fuerza” de las deidades y los pueblos indígenas andinos y se comprometió a gobernar para eliminar su histórica exclusión.
Esa será su primera misión, cuando sea investido el domingo como el primer presidente indio de Bolivia, un hito que apunta a cambiar la historia de la nación andina.
Visiblemente emocionado, el presidente electo también prometió refundar el Estado y pidió la unión de todos los bolivianos.