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Una ballena en el Támesis

* Servicios de emergencia intentaban que el cetáceo desorientado regresara al mar

Londres
Siempre hay una primera vez. Las autoridades británicas se vieron ayer envueltas en una operación que nunca habían afrontado antes: salvar a una ballena, la cual se había introducido por la noche en el río Támesis, y a media mañana nadaba ansiosa y desorientada frente al Parlamento de Westminster.
Los expertos intentaban anoche llevarla río abajo hacia la desembocadura del Támesis, pero el cetáceo, desorientado por la escasa profundidad del río, el ruido y los cambios de marea, nadaba a veces hacia el mar y a veces hacia el interior.
Es la primera vez que se tiene noticia de que una ballena haya alcanzado el centro de Londres. Se trata de un ejemplar poco común, una ballena norteña de nariz de botella, que suele habitar en las profundas aguas del Atlántico Norte y viaja en grupos de tres a 10 ejemplares.
La ballena del Támesis parece un ejemplar bastante joven dada su moderada talla: algo menos de cinco metros, cuando el ejemplar adulto suele medir hasta 10 metros. Su presencia en el río es algo excepcional, porque estas ballenas no suelen habitar aguas que no tengan al menos 800 metros de profundidad. Son capaces de bajar hasta 3.000 metros y aguantar hasta dos horas sumergidas.
La noche anterior fueron vistas tres ballenas al este del estuario del Támesis, aunque sólo una entró río arriba. Ayer por la tarde, una segunda ballena de mayor tamaño nadaba cerca de la desembocadura. Algunos expertos creen que puede ser la madre del ejemplar perdido.
Alan Knight, presidente del cuerpo británico de salvavidas y buceadores marinos, quien acudió al rescate del animal, cree que ambas ballenas son capaces de comunicarse a pesar de que las separaba una distancia de casi 50 kilómetros. “Es posible que la ballena que se encuentra en el río esté lanzando llamadas tan desesperadas que la otra ballena acabe decidiéndose por entrar río arriba”, declaró a la edición electrónica de The Times.
La ballena fue vista por primera vez a las 8.30 de la mañana por un viajero que pasaba en tren por la orilla del Támesis. “No sé si estoy alucinando, pero me parece haber visto una ballena en el Támesis”, le comentó por teléfono a los servicios de emergencia.
A media mañana, centenares de curiosos se acercaron al Támesis atraídos por los comentarios de las radios y las televisiones. Los servicios de rescate intentaban aprovechar la marea de última hora de la tarde para intentar llevarla hasta mar abierto.
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