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Abren debate sobre post castrismo en Cuba


El académico alemán residente en México, Heinz Dieterich, lanzó la primera piedra en lo que puede resultar un inédito debate mundial desde la izquierda sobre el post castrismo en Cuba que, según el especialista, responde a una “invitación” del propio Fidel Castro.
“Se trata de una invitación al debate mundial, una convocatoria a la solidaridad de la razón”, dice Dieterich en su artículo “Cuba: tres premisas para salvar la revolución a la muerte de Fidel”, en referencia a un discurso de Castro del pasado 17 de noviembre.
Publicado en la página de internet Rebelión, el trabajo del académico señala que Castro planteó una tarea con la siguiente interrogante: “¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?”.
Afirma que el único en romper el silencio al respecto fue el canciller cubano Felipe Pérez Roque, que en una sesión del Parlamento llamó el 23 de diciembre a prestar atención al llamado de Castro “a esa frase no pronunciada públicamente antes en la historia de la revolución: la revolución puede ser reversible”.
En esa alocución, Pérez Roque citó tres premisas necesarias para mantener la revolución que deben cumplir los sustitutos de Fidel y Raúl Castro: una autoridad emanada del ejemplo personal, conservar el apoyo del pueblo con base en la convicción y no en el consumo material, y no permitir que resurja una clase propietaria.
Dieterich, profesor de la Universidad Autónoma de México (UNAM), considera “correcta y necesaria” la propuesta de una autoridad emanada del ejemplo personal, pero le concede el beneficio de la duda: “Habrá que ver si la futura configuración del sistema político cubano permitirá imponerla”.
Más complejo es el análisis de conservar el apoyo popular con base en la convicción y no en el consumo popular, teniendo en cuenta que, como citó Pérez Roque, 2,5 millones de jóvenes nacidos o crecidos durante la crisis económica de los 90 tienen “más información y expectativa de consumo” que las generaciones anteriores.
Dieterich indica que el patrón de consumo universal, incluso para Cuba, es el de la clase media europea, y estima que una campaña de concientización sólo podría reducir “ciertos consumos superfluos” y no neutralizar ese patrón.
“Vacunar a los jóvenes ideológicamente contra los elementos esenciales del patrón de vida que ellos consideran justos y necesarios, sólo alcanzará a una minoría”, advierte el sociólogo, cercano a los Castro y al presidente venezolano Hugo Chávez.
Opinó que más prometedor sería “entrar en un intenso debate público, sobre todo con la juventud, que es el punto más neurálgico (...), y consensuar el modelo de consumo viable en este momento”.
Al señalar la tercera premisa de que no resurja una clase propietaria, la cual sería --dijo el canciller-- dependiente de Estados Unidos, Pérez Roque afirmó: “No podemos caer en ingenuidades”, pues la cuestión decisiva es quién recibe el ingreso, si el pueblo o la minoría oligárquica.
Dieterich considera que “no sólo es clave quien lo recibe, sino quien decide sobre él y de qué forma”, y señala que si la propiedad productiva estuviera en manos de las mayorías, éstas “la protegerían, porque es de sentido común que nadie roba a sí mismo”.
“El plusproducto cubano, en su mayor parte, no lo reciben ni las transnacionales, ni las mayorías: lo recibe el Estado. Y éste es el punto nodal del robo y del mercado que Fidel ha denunciado”, afirma el académico.
“Mientras esto sea así, será difícil acabar con la corrupción y el robo, como muestra el ejemplo de China”, añade, y sostiene que “la idea de la economía socialista, producir altruistamente para todos, se hace inviable”.
Dieterich invita a un debate social estratégico, como en los llamados parlamentos obreros de los años 90 en Cuba, pues del actual debate “están excluidas las mayorías y lo que ven en televisión son discusiones tácticas o simples repeticiones de la visión oficial, proporcionados siempre por los mismos periodistas”.