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Bush defiende espionaje telefónico


El presidente estadounidense, George W. Bush, defendió este lunes el espionaje telefónico ordenado por su gobierno, y urgió al Congreso a renovar la Ley Patriota antiterrorista, un día después de un discurso televisado en el que defendió su política en Irak.
En una conferencia de prensa de balance del año, Bush aseguró que seguiría autorizando intercepciones de llamadas telefónicas y correos electrónicos en Estados Unidos mientras el país “permanezca confrontado a la amenaza” terrorista.
“Necesitamos atar cabos antes de los ataques enemigos, no después”, dijo.
Por otra parte, llamó al Congreso a renovar la Ley Patriota, un controvertido paquete de medidas de combate al terrorismo a las que calificó de vitales para evitar una repetición de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y que expiran el 31 de diciembre.
“Los senadores (...) deben suspender sus tácticas dilatorias” que han bloqueado la renovación del texto, dijo el mandatario. “El Congreso tiene la responsabilidad de otorgar a los funcionarios de Inteligencia y a los agentes del orden las herramientas necesarias para proteger al pueblo estadounidense”, destacó. “En la guerra al terrorismo, no podemos prescindir de esta ley ni por un segundo”, añadió.
Asimismo, anunció una “investigación completa” sobre el origen de la filtración a la prensa del programa de espionaje, cuya divulgación ha desatado una amarga controversia en el Congreso. Bush defendió la operación secreta, realizada sin orden judicial, sin arrepentirse de la medida. “Revelar este importante programa en tiempo de guerra fue un acto vergonzoso”, subrayó.
Esta nueva conferencia de prensa sucede al singular discurso del domingo, el primero ofrecido desde la Oficina Oval de la Casa Blanca desde la invasión a Irak en marzo de 2003, y en el cual defendió su política en ese país: “Estamos ganando la guerra”, aseguró.
No obstante, este lunes volvió a referirse a la invasión de Irak, para asegurar que los errores de Inteligencia sobre las nunca encontradas armas de destrucción masiva de Bagdad, dañaron la credibilidad de Estados Unidos.
“No hay dudas de que los errores de Inteligencia sobre las armas de destrucción masiva forzaron a todos los servicios de Inteligencia a dar un paso atrás y revaluar el proceso de colecta y análisis de información”, subrayó.
“Por eso, hubo que hacer mucho para trabajar con otras agencias de Inteligencia, para compartir información sobre lo que se hizo correctamente y lo que salió mal, así como para construir credibilidad entre todos los servicios”, añadió.
Además, Bush admitió que los errores con respecto a las armas de destrucción masiva iraquíes, que justificaron la invasión de Irak en 2003, podrían perjudicar los esfuerzos de Washington para convencer al mundo de las ambiciones nucleares del régimen iraní, a las que también fustigó. “La gente sabe que un Irán con capacidad para fabricar una bomba nuclear no es bueno para el mundo. Eso está universalmente aceptado”, aseguró.
“Y debe ser universalmente aceptado, en particular después de lo dicho recientemente por el presidente (iraní, Mahmud Ahmadinejad) sobre querer aniquilar, por ejemplo, a un aliado de Estados Unidos”, insistió Bush, en referencia a las declaraciones de su par iraní que pidió “borrar del mapa” a Israel o trasladarlo a territorio europeo.