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Prohibida la tortura en EU


WASHINGTON / AFP -La última objeción a un texto que prohíbe explícitamente el empleo de la tortura en prisioneros en poder de Estados Unidos fue levantada la noche del jueves al viernes, cuando un influyente legislador de la Cámara de Representantes indicó que finalmente había aceptado sumarse al proyecto.
El presidente de la Comisión de Fuerzas Armadas de la Cámara, Duncan Hunter, señaló que estaba dispuesto a aprobar la versión final del presupuesto de Defensa, acompañada de la enmienda del senador John McCain sobre la prohibición explícita de la tortura.
Hunter explicó el jueves que se seguía oponiendo a esa disposición, a pesar de un acuerdo entre la Casa Blanca y McCain, porque temía que la protección jurídica al personal estadounidense fuera insuficiente, lo que comprometería, según él, los medios para conseguir información.
“El compromiso (del director de Inteligencia Nacional, John) Negroponte, de entregar en 180 días un informe al Congreso sobre la recolección de información” convenció a Hunter de aceptar la enmienda de McCain, destacó.
Victoria para ambicioso senador
La prohibición explícita de torturar prisioneros es una victoria personal para John McCain, senador republicano con ambiciones presidenciales, ex rival del actual presidente George W. Bush y uno de los pocos que osa enfrentársele.
McCain, héroe de la guerra de Vietnam, “ejerce una influencia excepcional”, dijo el politólogo Larry Sabato. “La mayoría de los senadores no están en condiciones de ganar una batalla contra la Casa Blanca. Pero McCain tiene una credibilidad que le permite dar una batalla, lo hizo y la ganó”, subrayó.
McCain se esforzó personalmente durante meses para convencer al Senado, luego a la Cámara de Representantes y finalmente a la Casa Blanca el jueves de que Washington debía renegar públicamente de la tortura.
El senador considera que la tortura no funciona, ya que él mismo le mintió a sus torturadores en Vietnam, donde estuvo detenido cinco años.
Pero antes que nada piensa que Estados Unidos debe tomar una posición de principios luego del escándalo de las torturas contra prisioneros por parte de militares estadounidenses en la cárcel de Abu Graib (Irak), en la de Guantánamo (isla de Cuba) y en Afganistán.
“Le hemos enviado un mensaje al mundo: Estados Unidos no es como los terroristas. (...) Somos un país que defiende ciertos valores, cierto comportamiento, y un tratamiento que se aplica a todos, por malvados que sean”, festejó McCain tras haber arrancado el apoyo personal de Bush.
“Es bastante difícil estar a favor de la tortura”, había dicho el demócrata John Murtha, que tomó la iniciativa de hacer que la iniciativa fuera votada por la Cámara de Representantes.
Pero en realidad, la enmienda McCain --que generó una amenaza de veto presidencial a mediados de año-- tiene efectos bastante limitados: de hecho, Estados Unidos ya estaba comprometido por la convención internacional contra la tortura.
De lo que se trata es de explicitar el sometimiento de todo el personal estadounidense, desde militares a agentes de inteligencia, a una misma norma, y de precisar que los tratamientos “crueles, inhumanos o degradantes” están prohibidos.
Su eficacia real dependerá de los militares, encargados de detallar la naturaleza precisa de los tratamientos autorizados durante interrogatorios, como se inquietó el New York Times este viernes: El gobierno definirá la palabra ‘tortura’ como le parezca (...), a saber, la aplicación intencional de sufrimientos físicos o mentales severos”.
La batalla es un nuevo éxito a favor del activo de McCain, un republicano independiente que domina ampliamente todos los sondeos en vista a la elección presidencial de 2008.
Esta semana el instituto Zogby lo dio vencedor en un duelo contra cualquier demócrata, y de una primaria republicana ante el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani.
En 2000, McCain perdió ante George W. Bush tras hacer campaña con un programa de moralización de la vida política y no poder contraatacar una campaña de críticas de la derecha religiosa.
Queda por saberse si en dos años esta base del electorado republicano le habrá perdonado haber sacrificado la nominación de un puñado de jueces ultraconservadores en nombre de la defensa del respeto secular de los derechos de la oposición del Senado en mayo pasado.