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Primera víctima por violencia en París

Según las cifras oficiales, desde el inicio de la revuelta, ya van 3.500 vehículos calcinados, unos 800 detenidos, muchos de ellos menores de edad, y decenas de locales públicos y comerciales han sido pasto de las llamas.

Un hombre que estaba en coma desde la agresión que sufrió en medio de los disturbios del pasado viernes en la localidad de Stains (Seine-saint-Denis, afueras de la capital) ha muerto hoy, informó su viuda tras reunirse con el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy.

Se considera que la agresión de la que fue víctima Jean-Jacques Le Chenadec en la noche del viernes fue provocada por unos desconocidos en medio de los disturbios que afectan desde hace once días a ciertos barrios periféricos de varias ciudades francesas.

A su salida del Ministerio de Interior, la viuda expresó a la prensa su deseo de que los responsables de la muerte de su marido "sean castigados" y dijo que Sarkozy le ha prometido "hacer lo posible para ayudarnos".

A la reunión con el ministro de Interior asistió también un vecino del fallecido, Jean-Pierre Moreau, quien fue agredido por los mismos individuos.

Según Moreau, Le Chenadec y él estaban en la puerta de su inmueble cuando dos individuos se acercaron y uno de ellos les preguntó de qué hablaban. Al responder que "de nuestros coches", uno le propinó un puñetazo en la cara al fallecido hoy y éste cayó al suelo.

Le Chenadec y Moreau habían sido apedreados una hora antes de la agresión mortal en el mismo lugar, al tratar de evitar que ardieran unas papeleras.

Para Moreau, que calificó de "cobardes" a sus agresores, pues, según dijo, se acercaron a ellos con la cara cubierta, el ataque fue "premeditado".

No es el primer caso de agresión contra civiles registrado en Francia desde que el pasado 27 de octubre comenzó la ola de violencia urbana, tras la muerte por electrocución de dos adolescentes en Clichy-sous-Bois (afueras de París) que huían de la policía.

Un bebé de 13 meses tuvo que ser hospitalizado anoche tras recibir una pedrada en la cabeza al ser atacada el autobús urbano en el que iba y el jueves pasado una minusválida sufrió graves quemaduras al ser incendiado otro autobús.

Otra muestra de esa escalada de violencia es la emboscada que anoche sufrió un grupo de policías en Grigny (Essone, afueras de París), orquestada por unos 200 alborotadores que dispararon a los agentes con escopetas de perdigones y fusiles de caza.

Treinta y cuatro agentes resultaron heridos y dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados para extirparles los proyectiles.

No es la primera vez que los alborotadores disparan contra los agentes del orden. Según las cifras oficiales, desde el inicio de la revuelta, ya van 3.500 vehículos calcinados, unos 800 detenidos, muchos de ellos menores de edad, y decenas de locales públicos y comerciales han sido pasto de las llamas.

Otra novedad de la pasada noche fue el lanzamiento de artefactos incendiarios contra dos iglesias en Saint-Edourad (norte) y Sete (sur); además, como cada noche, del incendio de escuelas, guarderías, comisarias, centros sociales, bibliotecas, comercios o gimnasios.

Ante el agravamiento de las revueltas, un sindicato de policías y varios políticos han pedido la intervención del Ejército y la instauración del toque de queda nocturno en los barrios difíciles.