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Normalidad retorna a Nueva Delhi


NUEVA DELHI / EFE
La normalidad retornó poco a poco a Nueva Delhi, donde la desazón provocada por las bombas del sábado no impidió a los ciudadanos salir a las calles, en las que ha habido más de un susto y se han desplegado más medidas de seguridad.
Algunos ciudadanos siguen buscando a sus familiares en los distintos hospitales de la ciudad donde se encuentran los cadáveres de las 59 personas, fallecidas por los ataques, en los que se están llevando a cabo análisis de ADN para identificarlas.
Muchos de los más de 200 heridos sufren quemaduras, amputaciones y lesiones en la cabeza, lo que ha obligado a hacer horas extras al personal sanitario y llenado los hospitales de la ciudad, donde han dormido muchos familiares de las víctimas.
El grupo Inquilab, al parecer conectado con la agrupación islámica Lashkar-e-Toiba que actúa en la Cachemira india, se atribuyó la autoría de los ataques en los mercadillos de Nueva Delhi, aunque la Policía todavía está investigando la información.
Los mercadillos de la capital abrieron ayer domingo sus puertas con normalidad mientras lo hicieron más tarde Sarojini Nagar y Paharganj, dos de los más importantes, donde se produjeron dos de los tres atentados.
En otros mercados, como INA, Dili Hat y las pequeñas áreas comerciales de los barrios, no hubo muchos compradores hasta la tarde, y era patente una gran presencia policial, que acordonó los estacionamientos y no permitía aparcar vehículos cerca de las tiendas.
La aparente tranquilidad de la jornada sufrió un sobresalto cuando, a media mañana, las fuerzas de seguridad evacuaron el tradicional mercadillo de beneficencia para niños invidentes, a causa de una amenaza de bomba que luego resultó ser falsa.
A media tarde, los dos mercadillos afectados de Nueva Delhi habían reabierto, después de haber sido cerrados a última hora del sábado por el ataque coordinado en tres lugares concurridos de Delhi.
Horas antes, los comerciantes de Sarojini, en silencio y con los rostros serios, estaban sentados frente a sus tiendas esperando abrir.
Además de ellos, sólo algunos curiosos, decenas de policías y unos pocos periodistas se encontraban en las calles de este amplio mercadillo, habitualmente lleno a cualquier hora del día, sobre todo en estas fechas, dada la proximidad del festival de Diwali, el más importante del país y en el que los indios se intercambian regalos.
Ravinder Dogra, empleado de una zapatería, dijo a EFE que “vamos a tener grandes pérdidas, aunque lo peor son las perdidas humanas”.
En el establecimiento vecino, que vende brochas y pinturas, su propietario, Rajan Amlani, dice con firmeza que “abrimos porque queremos que los que están detrás de todo esto sepan que pueden herirnos y matarnos, pero no pueden vencer nuestro espíritu”.
“Ayer teníamos muchísimos clientes, estábamos disfrutando del día cuando, de repente, oímos la explosión y todo se volvió caos”, agregó.
Afortunadamente, la bomba estaba colocada en una de las calles exteriores del mercado, en vez de en la zona principal llena de tiendas y puestos de ropa, que en estos días parece un hormiguero humano y dónde hubiera provocado muchas más muertes.
“Aquí hay muchos grupos terroristas, cada uno con sus demandas, sociales, políticas, religiosas...”, dice con tristeza Amnali, que añade que “todos ellos deben negociar mediante el diálogo y no con asesinatos”.
El vendedor de ropa femenina Madam Suckena contó a EFE que salió corriendo para ayudar a los heridos y se encontró con una horrible escena, “todo estaba cubierto de humo y la calle estaba llena de trozos de cuerpos humanos cubiertos con escombros, zapatos y ropa”.
En las calles de Nueva Delhi mucha gente tiene miedo, como Suckena, quien con unas profundas ojeras muestra que las pesadillas y las imágenes de horror no le han dejado dormir en toda la noche.