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Atentados en Nueva Delhi: 65 muertos

* Centenares de heridos y anoche no había datos oficiales

NUEVA DELHI/EFE
Los atentados terroristas ocurridos ayer sábado en Nueva Delhi, sin precedentes en los últimos años en la capital india, tiñen de rojo la celebración del Diwali, la más importante del calendario religioso hindú.
La explosión de tres bombas en Nueva Delhi, que causaron 65 muertos, ha llenado de amargura los preliminares de Diwali, el “festival de las luces”, una celebración de cinco días que comienza el martes, cuando las casas indias se adornan con cientos de bombillas y velas y que sería equivalente a la Navidad en Occidente.
En los últimos días, más de mil millones de indios han limpiado y decorado sus hogares para dar la bienvenida a la diosa Laksmi, divinidad de la riqueza, y han acudido por miles a los mercadillos para comprar regalos a sus familiares y amigos.
Pero en la tarde de ayer sábado más de 65 personas han perdido la vida y muchas decenas han resultado heridas mientras hacían sus compras de última hora en la capital india, lo que apagará el brillo de las luces en decenas de hogares.
Aunque las autoridades aún no han confirmado el número oficial de víctimas, los medios indican que el atentado más sangriento ha sido el de Sarojini Nagar, donde habrían muerto cerca de cuarenta personas, la mayoría mujeres, que son quienes se ocupan de preparar los regalos en estos días llenos habitualmente de alegría y color.
Éste es uno de los mercadillos más concurridos por la clase media y los extranjeros de la ciudad, especializado en ropa occidental rechazada por los importadores, que se vende a precios irrisorios, y es frecuentado especialmente por gente joven.
La explosión de una bomba incendió varias tiendas y puestecillos de Sarojini y provocó escenas de caos y una rápida huida de vendedores y compradores.
Otra de las bombas, al parecer colocada en una motocicleta, hizo explosión en el caótico mercado callejero de Paharganj, situado frente a la estación de ferrocarril y conocido por la gran cantidad de hoteles baratos y tiendas para importadores de ropa “hippie”, por lo que suele estar lleno de extranjeros.
Las escenas de horror también cundieron en este mercadillo, lleno de casas de cambio, doscientas pensiones baratas para “mochileros”, internet cafés y restaurantes de comida extranjera, que a cualquier hora del día es escenario de atascos en los que bicicletas, carretas, vacas, motos y motocarros avanzan entre empujones y gritos, mientras los turistas regatean con los vendedores.
Patricia, una española que paseaba a unos veinte metros de donde estalló la bomba de Paharganj, declaró a la televisión local india que, tras oír la fuerte deflagración, “sentimos pánico y lo primero que hicimos fue correr, pero luego intentamos calmarnos”.
“La calle se llenó de gente llorando, había cuatro mujeres que intentaban cruzar la calle para encontrar a alguien que iba con ellos y se había separado, pero no las dejaban acercarse”, agregó Patricia, quien continuará su viaje por el norte de la India.
La tercera bomba estaba colocada en un autobús e hizo explosión a su paso por el mercado de Govindpuri, en el sur de la ciudad, pero el conductor del vehículo logró impedir que falleciese un alto número de personas al evacuar el vehículo tras detectar una bolsa abandonada.
Hacía una década que Nueva Delhi no vivía escenas de espanto similares, desde que en abril de 1996 fallecieron 17 personas al explotar una bomba en un hotel de la ciudad, una semana antes de la celebración de las elecciones.
La tragedia, que se acumula a otro desastre ocurrido hoy en la India en el que un centenar de personas han fallecido en un accidente de tren, no afecta sólo a los hindúes, ya que Diwali es celebrado por casi toda la población y es también una de las mayores festividades de las religiones jainista y sij.