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La sombra del vicepresidente


El nombre de Lewis Scooter Libby estaba íntimamente ligado al vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney. Libby era el abogado de Cheney. Libby era el jefe de gabinete de Cheney. Y Libby era el asesor de Dick Cheney para asuntos de seguridad nacional. Libby era la mano derecha del vicepresidente. A Libby se le conoce como el Dick Cheney de Dick Cheney. Recordado por ser sarcástico, Libby se ha zambullido esta vez en el humor negro. En una ocasión le dijo a un colaborador que pensaba seguir siendo el asesor de Cheney hasta que le “procesaran o algo similar”. La “broma” la hizo Libby en la anterior legislatura del presidente George W. Bush, cuando la Administración republicana vivía tiempos mejores. Hoy el chascarrillo es agorero y certero. El fiel escudero Libby deja a su señor tras ser procesado por el caso Plame.
Hombre astuto y sutil, Libby siempre se había adscrito a una máxima del vicepresidente Cheney: “Nunca te meterás en problemas por algo que no has dicho”. Sin embargo, el dicho se le olvidó en algún lugar de los tortuosos pasillos políticos de Washington y Libby se encuentra ahora en problemas por haber dicho demasiado. Libby, de 55 años, ha sido una presencia constante en las bambalinas de la Casa Blanca. Libby jugó un papel crucial en ayudar a compilar las acusaciones –falsas-- de la Casa Blanca sobre que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva
Recalcitrante “neocon”, Libby ha formado parte de “los hombres de la fragua de Vulcano”, entre los que también se encontraba el ex secretario de Defensa, y hoy al frente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz. Fue Wolfowitz quien convenció a Libby para que se uniera a la Administración de Ronald Reagan en 1981. Por aquel entonces Libby estudiaba en Yale (como lo hizo Bush) y Wolfowitz era su maestro. Su carrera la ha hecho en el Departamento de Estado, en el Pentágono, y en los últimos cinco años en la Casa Blanca de Bush. Hombre de leyes es a la vez escritor de una novela de misterio --“El aprendiz”, ambientada durante una tormenta de nieve en el Japón rural de 1903--, así como un consumado esquiador. Hasta que se rompió un pie, jugaba al rugby una vez a la semana.
Nacido en New Haven (Connecticut) y criado en Florida, Libby está casado y es padre de familia. Concienzudo y perseverante, pasaba largas horas en su oficina, entregado al trabajo, en la oficina que una vez ocupó Roosevelt, en el edificio al lado del ala Oeste de la Casa Blanca. En opinión de Mary Matalin, quien trabajó con el hombre hoy procesado por el fiscal especial Patrick Fitzgerald como consejera de Cheney durante el primer mandato de Bush, “Libby es al vicepresidente lo que el vicepresidente es al presidente”. Matalin define en la CBS a Libby --ojos pequeños, pelo blanco-- como un “profundo pensador” que “resuelve problemas” a la vez que da “consejos discretos”.
En 1997, Libby participó en la fundación del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, un “think tank” republicano con sede en Washington, que tiene el objetivo final de “promover en el mundo el liderazgo de EU”. Junto a Robert Kagan, William Kristol y otros, Libby escribió en 2000 un informe titulado: “Reconstruir la Defensa de América: Estrategia, Fuerzas y Recursos para un nuevo siglo”. La época que se inauguraba con la guerra del Golfo en 1991 tenía todos los temas que interesaban a Libby: Irak, armas de destrucción masiva, su frustración con el aparato de inteligencia de EU y su pasión por la guerra preventiva. Pasiones que han acabado con su carrera.