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Involucran a Dick Cheney en escándalo


Nuevas interrogantes sobre el posible papel del vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, en el escándalo de la divulgación del nombre de una agente secreta de la CIA aumentaron el martes las inquietudes de la Casa Blanca, que espera el inminente anuncio de eventuales inculpaciones.
El fiscal independiente Patrick Fitzgerald investiga si importantes funcionarios del gobierno del presidente George W. Bush filtraron a la prensa el nombre de la agente de la CIA Valerie Plame. En Estados Unidos, develar la identidad de un agente secreto es un crimen federal.
El esposo de Plame, el ex embajador y fuerte crítico de la guerra contra Irak Joseph Wilson, afirma que la Casa Blanca reveló el cargo de su esposa en represalia porque él acusó al gobierno de tergiversar informes de inteligencia para justificar la guerra.
Las especulaciones se intensifican en Washington a medida que se acerca el viernes, cuando vence el plazo fijado para el mandato del gran jurado (una especie de tribunal popular) utilizado por Fitzgerald para interrogar a testigos clave.
La investigación del fiscal parece estrechar el cerco en torno a Karl Rove --principal asesor político de Bush-- y el jefe de gabinete de Cheney, Lewis ‘Scooter’ Libby.
Las interrogantes sobre el rol de Cheney en el caso se intensificaron tras la publicación este martes en The New York Times de un artículo según el cual fue Cheney quien reveló a Libby la identidad de la agente Valerie Plame.
Citando abogados involucrados en el caso, el New York Times aseguró que las notas de Libby muestran que éste se enteró de que Plame trabajaba para la CIA en una conversación con Cheney, el 12 de junio de 2003, semanas antes de que el nombre de la agente fuese revelado por el columnista de un periódico.
Esta afirmación no concuerda con declaraciones previas de Libby ante el gran jurado, en las que aseguró haberse enterado de la identidad de Plame por la prensa.
Si bien el artículo no contiene pruebas de que Cheney o Libby hayan cometido un delito, sí alimenta las interrogantes en torno al rol del vicepresidente, y reafirma los rumores de que Fitzgerald podría presentar cargos por obstrucción de la justicia o perjurio. Además, también parece contradecir afirmaciones previas de Cheney, quien afirmó en una entrevista televisiva en setiembre de 2003 que no tenía idea de quién era Wilson.
Este nuevo escándalo, sumado al descontento de los estadounidenses con la guerra en Irak, la lenta respuesta al huracán Katrina y la polémica decisión presidencial de nominar a la abogada de la Casa Blanca Hariet Miers para integrar la Suprema Corte, ha llevado a algunos analistas a señalar que el segundo mandato de Bush atraviesa una crisis.
Si algún funcionario de la Casa Blanca es inculpado, tendrá que renunciar inmediatamente para limitar los daños a una popularidad que no deja de caer en las encuestas.

Un fiscal inflexible
El hombre que desde hace dos años intenta determinar quién en la Casa Blanca reveló a la prensa la identidad de la agente Plame, es un fiscal inflexible que se atrevió a atacar a políticos, gángsters y terroristas.
Patrick Fitzgerald se encontró por primera vez bajo los reflectores internacionales cuando inculpó a Omar Abdel Rahman en el atentado cometido en febrero de 1993 contra el World Trade Center, en Nueva York. Participó luego en la primera instrucción contra Osama bin Laden al inculpar a cuatro de sus cómplices en los atentados con bomba de agosto de 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar-es-Salam.
Hijo de inmigrantes irlandeses, nacido en 1961 en Nueva York, Fitzgerald comenzó su carrera en el departamento de Justicia de Nueva York. Responsable de sonados casos de tráfico de drogas, acusó al célebre padrino John Gambino.
En 2001 se mudó a Chicago (Illinois, norte), donde se convirtió en fiscal federal de la región. Rápidamente la emprendió contra el establishment político, inculpando al ex gobernador George Ryan y a varios altos consejeros del poderoso alcalde Richard Daley en diferentes casos de corrupción.
A comienzos del verano apareció en las portadas de los medios al enviar a la cárcel a Judith Miller, una periodista de The New York Times, quien entonces se negó a revelar su fuente en el caso de la divulgación de la identidad de la agente secreta Valerie Plame, esposa del ex embajador Joseph Wilson, quien había cuestionado las justificaciones oficiales de la guerra en Irak, en marzo de 2003.
Fitzgerald fue criticado por The New York Times y otros medios, que lo acusaban de poner en peligro la libertad de prensa a causa de su celo para encontrar el origen de la fuga de información a la prensa. Pero este hombre, que podría anunciar antes del fin de semana la inculpación de Karl Rove, asesor político del presidente George W. Bush, y de Lewis “Scooter” Libby, director de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, no fue acusado de parcialidad.
Por el contrario, a menudo es calificado como el nuevo Elliot Ness, el policía “incorruptible” del FBI convertido en héroe tras la captura del legendario gángster Al Capone.