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Mujeres al mando

Angela Merkel será la primera mujer canciller de Alemania. La suya es una incursión histórica en un mundo de hombres. ¿Es un caso aislado o anuncia la nueva era de las mujeres y otra forma de hacer política? Thatcher ejerció su cargo casi en solitario hace 25 años. Ahora hay tres primeras ministras y cinco presidentas, mientras decenas de candidatas se acercan al poder con más posibilidades que nunca

Cuando Ségolène Royal anunció recientemente su candidatura a la Presidencia francesa, un periodista de una radio pública le preguntó: “¿Ya le ha pedido permiso a su marido?”. Su pareja (no están casados), François Hollande, es primer secretario del Partido Socialista y aún no ha ganado una elección. Royal, Presidenta del Consejo Regional de Poitou-Charentes, escala mientras tanto puestos en las encuestas frente a los demás candidatos socialistas para las presidenciales de 2006.
La política, en Francia, es del género masculino. Como lo es en la práctica totalidad de los países del planeta. Alemania se dispone, sin embargo, a tener una canciller por primera vez en su historia mientras otras mujeres cuentan, también en una situación sin precedentes, con muchas posibilidades de escalar hasta lo más alto del poder político.
La pregunta del millón, especialmente tras el paso de Margaret Thatcher por Downing Street, es si esta nueva conquista femenina va a aportar a la política algo diferente. 'Nuestros análisis indican que sí, que las mujeres tienen una apreciación más aguda sobre temas sociales', asegura Anders B. Johnsson, Secretario General de la Unión Interparlamentaria, con sede en Ginebra. El mejor ejemplo lo aporta ahora la neozelandesa Helen Elizabeth Clark, una mujer que ha equilibrado las finanzas públicas al tiempo que ha aumentado la protección social y ha paralizado, por ejemplo, el proyecto de privatización del sistema de pensiones.
Elena Salgado, Ministra de Sanidad del primer Gobierno paritario de España, confía más en el control que ejercerán los socialdemócratas en el nuevo Ejecutivo alemán que en la condición femenina de su canciller. No obstante, considera que mujeres y hombres aportan cosas distintas en todos los órdenes de la vida, y que, por eso, ambos sexos deben tener las mismas oportunidades en todos los escalones de la política. 'En un Gobierno hay que contar con todas las sensibilidades', añade.
“La antropóloga Helen Fisher lo explica muy bien”, dice Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid. “Las mujeres somos más comunicativas. Estamos más acostumbradas a compaginar diferentes actividades a la vez. Aportamos una visión más amplia”.
Más líderes femeninos
Pero los obstáculos son todavía enormes. A veces, insalvables. Para que las mujeres conquisten la cúpula del poder debe haber 'una potente hornada', como explica la diputada de CiU Mercé Pigem, una masa crítica suficiente para generar líderes femeninos. En los partidos franceses, por ejemplo, la paridad entre sexos brilla por su ausencia, aunque figure en los estatutos. El resultado es una escasa participación de las mujeres en la vida parlamentaria (sólo un 12,2% en la Asamblea), lo que sitúa a Francia en el número 74 de la clasificación mundial que elabora sistemáticamente la Unión Interparlamentaria.
A pesar de ello, a poco más de un año de las elecciones presidenciales, hay ya dos candidatas socialistas: la propia Royal y Martine Aubry, Alcaldesa de Lille, ex ministra con Lionel Jospin, e hija de Jacques Delors. Tal circunstancia ha desatado en Francia una fiebre machista entre la casta política. El senador Jean Luc Malenchon ha llegado a clamar: “¡Esto no es un concurso de belleza!”, mientras otro candidato, Laurent Fabius, se pregunta quién cuidará de los niños.
Este asunto de los niños no resulta baladí cuando se trata de mujeres en la política. El caso de Royal, con cuatro hijos, es todavía una excepción. El dato de ser mujer sin hijos motivó uno de los golpes más bajos de la campaña electoral alemana. La periodista Doris Köpf, la cuarta esposa del canciller Gerhard Schröder, negó a Angela Merkel la legitimidad para hablar de la familia por ser una mujer casada y sin hijos.
Elena Salgado se sabe el dato de memoria. En el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, los ocho varones suman 24 hijos, mientras las ocho mujeres sólo suman cinco. Para Salgado, eso no significa que las mujeres que acceden ahora al poder deban renunciar a su vida privada. “Es sólo significativo de la historia que todas tenemos detrás”, dice. “Somos mujeres, en su mayoría, producto de una época en la que las oportunidades para las mujeres eran menores. Por eso tuvimos que renunciar a algunas cosas. Pero eso no debe ser lo normal. La responsabilidad de cuidar a la familia debe ser la misma que la de los ministros varones”.
“En un momento dado decidí que mi prioridad era la familia y que ni las noches ni los fines de semana podían ser para la política', dice Esperanza Aguirre. “Pero, bueno, me alegró oír al ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, que se va a casa pronto para estar con sus hijos, y uno de mis consejeros tiene dos bebés y procura acortar los horarios”.
Sitio, pues, para las mujeres, con hijos o sin ellos, de derechas o de izquierdas, y su influencia en la importancia de compatibilizar la vida profesional con la privada. Ahora, la opinión pública parece más dispuesta que nunca a aceptarlas. En Estados Unidos, el 85% de los ciudadanos dice que aceptaría a una mujer en la Presidencia, según un sondeo dado a conocer por el Roper Center. En la mayor potencia mundial, donde sólo el 15,2% de los congresistas son mujeres, ahora no se descarta que dos compitan en las presidenciales del 4 de noviembre de 2008.
Hillary Clinton contra Condoleezza Rice. La primera no oculta su ambición por sentarse en el Despacho Oval. Tiene el dinero necesario para lograrlo y a ello dedica su inteligencia y tenacidad. La senadora demócrata por el Estado de Nueva York y esposa del ex presidente Bill Clinton ha suavizado su perfil en asuntos como el aborto y se ha hecho halcón en política exterior. El 53% de los estadounidenses asegura que votaría por la ex primera dama si finalmente fuera candidata por el Partido Demócrata.
Si éste fuera el caso, ¿quién mejor para darle la réplica que la actual secretaria de Estado norteamericana y antigua asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice? En un libro de inmediata publicación, su autor considera que Clinton tiene una más que “innegable ventaja” para ser la candidata demócrata. Dick Morris asegura que sólo hay un camino por el que Hillary Clinton puede ser vencida: enfrentarla a una persona en el Partido Republicano que tenga “el carisma, las credenciales y la capacidad de atraer el voto necesario para parar a Hillary”. Esa persona es Condoleezza Rice.
¿Acaso las mujeres se han convertido en un irresistible atractivo electoral? “No, más bien lo que ocurre es que tiene poco tirón electoral el no tener mujeres”, opina Elena Valenciano, eurodiputada socialista española y presidenta de la Fundación Mujeres. “Los partidos deben ser reflejo de la sociedad, y un partido sin mujeres es hoy algo sospechoso”. Valenciano es de las que opina que la llegada de Merkel al poder es “la bomba”, y que el avance femenino, en términos históricos, está siendo arrollador.
Echar un vistazo a la época de Margaret Thatcher, una de las primeras mujeres en acceder al poder por sufragio hace 25 años, da idea de tal avance. Cuando Thatcher se convirtió, en 1979, en primera ministra británica no había ninguna otra en el mismo cargo en todo el mundo; tampoco ninguna presidenta. Antes que ella sólo cuatro habían ocupado el mismo puesto. A Merkel la han precedido 35 mujeres, si bien sólo va a coincidir con tres en los Ejecutivos (Helen Elizabeth Clark, en Nueva Zelanda, Khaleda Zia, en Bangladesh, y Luisa Diogo, en Mozambique) y cinco en las presidencias de país (Irlanda, Letonia, Sri Lanka, Finlandia y Filipinas).
Thatcher fue una excepción. Merkel pertenece a una clase política que se feminiza a ritmo acelerado. En 1979 las mujeres apenas representaban el 11% en los Parlamentos de todo el mundo. Hoy son el 16%, si bien en Europa, por ejemplo, se sitúan en el 24%. En España, tal avance ha sido especialmente espectacular, con un 50% de ministras y un 36% de diputadas, lo que le ha colocado al nivel de los nórdicos.
“¡Pero qué pocas mujeres hay todavía en los núcleos duros de los partidos!”, se lamenta Esperanza Aguirre. 'En el mío no hay ninguna. En el PSOE, tampoco'. Pero las cosas, sí, son ahora mejores. “Recuerdo que cuando era ministra comentaba con mis colegas francesas la tortura a la que nos sometían los medios de comunicación. Que si no les gustaba nuestro peinado, nuestros zapatos, el traje... Cosas que no se les dice a los hombres”. “No lo había pensado, pero sí, quizá en este aspecto hemos mejorado”, añade.
Aguirre dice, sin embargo, que la opinión pública, la misma que está dispuesta a admitir mujeres en lo más alto, es al mismo tiempo más dura con ellas. “Los juicios son más severos porque estamos rompiendo moldes y somos más inexpertas en política”, dice Valenciano. “Todavía se nos mira de otra manera y el ojo público es muy importante para un político”, explica Salgado. “No hemos conseguido todavía normalizar esa mirada, que es muy incómoda para nosotras. No se nos juzga de la misma manera y se nos acusa fácilmente de frivolidad”.
Dar la cara
Los expertos consideraron muy positiva la actuación de Merkel en el duelo electoral televisivo mantenido con el canciller Schröder. La opinión pública, sin embargo, la dio como perdedora del cara a cara. “Los expertos apostaron por Merkel porque actuó muy concentrada y firme en los datos, combativa y con una cierta distancia irónica respecto al canciller”, explica el catedrático de Periodismo de la Universidad de Maguncia, Mathias Keppliger. “Pero eso no es lo que el simple ciudadano valora en una mujer, y está en clara contradicción con el papel que la mayoría asigna a las mujeres. Esto prueba que una mujer que tiene capacidad de liderazgo y competencia siempre tiene en la sociedad muchas más dificultades que un hombre para ser aceptada”.
“Soy mujer, socialista, víctima de la dictadura, separada y agnóstica; junto cinco pecados capitales, pero vamos a trabajar bien”, dijo Michelle Bachelet a la cúpula militar chilena el día que tomó posesión de su cargo como ministra de Defensa hace tres años. Hoy, Bachelet encabeza las encuestas de las próximas presidenciales de Chile, a celebrar en diciembre. Si alguien duda que las mujeres aportan una visión distinta, lean atentamente en su página web sus declaraciones de intenciones: “Como millones de ustedes, trabajo, llevo mi casa y dejo a mi hija en el colegio. Pero, además, soy una chilena con una vocación de lucha y de servicio público”.

Con la aportación de José Comas (Berlín), Yolanda Monge (Washington) y José María Martí Font (París).

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