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“Stan” dejó 1,200 niños huérfanos

Ayuda y reconstrucción en Guatemala y El Salvador, mientras expertos recomiendan atención psicológica a sobrevivientes

Estimaciones preliminares del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) indican que el 50% de la población afectada por las inundaciones en Guatemala son niños y adolecentes, de los cuales unos 1.200 quedaron huerfános.
La representante de Unicef para Guatemala, Gladys Acosta, pidió al gobierno del presidente Oscar Berger impulsar acciones para prevenir enfermedades en las zonas devastadas, así como apoyo sicológico a los menores, con la intención de ayudar a superar los traumas ocasionados por la tragedia.
Acosta considera vital la atención profesional debido a que cientos de niños han sufrido la pérdida de sus padres, hermanos, amigos; enfermedades y heridas físicas y sicológicas.
"Su entorno ha desaparecido, han perdido seres queridos, hay que dar prioridad y atender sus necesidades básicas", demandó.
El procurador General de la Nación, Roberto Molina, dijo que investigaciones de la entidad revelan que al menos 1.200 menores se habrían quedado huérfanos tras la tragedia, que ocasionó la muerte de más de 2.000 personas, según los socorristas.
El funcionario explicó que personal de esa entidad, apoyado por delegados de la Procuraduría de Derechos Humanos, realizará censos en los distintos albergues para determinar la cantidad exacta de niños en esa situación.
Luego se buscará a familiares cercanos para entregarlos; de lo contrario serán llevados a dos hogares de la Procuraduría, donde permanecerán mientras son dados en adopción.
Consecuencias de graves dimensiones
Por su parte, el vicepresidente de la Asociación Pediátrica de Guatemala, Edgar Beltetón, afirmó que las consecuencias negativas del desastre para ese sector será de grandes dimensiones.
"La niñez será la más dañada. Hay riesgo de que la mortalidad infantil aumente (...). Después (de la tragedia) vendrá la atención emocional, que también será enorme", advirtió el galeno.
El ministro de Salud, Marco Tulio Sosa, adelantó que la alerta roja se mantiene en el país, lo que implica establecer cordones sanitarios para evitar la proliferación de epidemias en las zonas afectadas.
Sin embargo, decenas de niños ubicados en albergues ya comenzaron a sufrir problemas en la piel (hongos) y diarreas por las condiciones insalubres en que viven.
Para evitar complicaciones sanitarias, las autoridades declararon "estados de alto riesto" los lugares donde grandes deslaves de lodo y piedras sepultaron decenas de personas y animales.
Datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) indican que 120.075 personas están ubicadas en albergues, principalmente en la costa sur y en los departamentos de San Marcos y Sololá, donde la madrugada del miércoles 5 de octubre, un alud que bajó del volcán San Lucas, arrasó los poblados Panabaj y Tzanchaj y sepultó a unas 1.400 personas.
Las labores de rescate se suspendieron el martes, se declararon muertos a los soterrados y el acceso al área fue restringido para evitar estragos.