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FBI dejó morir a Ojeda Ríos

* Después de 15 años de burlar la vigilancia de las autoridades estadounidenses desde la clandestinidad, el revolucionario independentista puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos, con su muerte, ha vuelto a poner en jaque al Buró Federal de Investigaciones

EL NUEVO DÍA
(Especial para EL NUEVO DIARIO)
Un violento operativo del FBI --la Policía federal de Estados Unidos-- que terminó con la muerte de Ojeda Ríos, quien estaba fugitivo de la justicia federal que le buscaba por un espectacular robo de $7.2 millones en la capital del estado de Connecticut, ha estremecido a los puertorriqueños y provocado críticas hacia la Policía federal de todos los signos políticos, cívicos y religiosos de Puerto Rico, un “Estado Libre Asociado” de Estados Unidos.
Las críticas hacia el FBI, normalmente exclusivas del independentismo, han sido expresadas también por el gobernador de la Isla, Aníbal Acevedo Vilá, y provocado investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos, el Senado de Puerto Rico y el Colegio de Abogados de la Isla. Este fin de semana, el influyente congresista Charles Rangel, demócrata por Nueva York, pidió también que la Cámara baja federal examine el tema.
El controvertido operativo del FBI ocurrió el 23 de septiembre pasado, justo cuando los independentistas de la Isla --que electoralmente representan cerca del 5%, pero que tienen un significativo espacio en el debate público puertorriqueño-- conmemoraban el 137 aniversario del Grito de Lares, su fecha nacional, pues es la efeméride que recuerda el primer gran levantamiento popular en contra del Gobierno militar español.
La Policía federal estadounidense sostiene que el operativo se desarrolló ese día --después de más de tres días de vigilancia frente a la finca en que Ojeda Ríos, de 72 años, comandante del grupo clandestino “Ejército Popular Boricua-Macheteros” y por años uno de los más buscados por el FBI, vivía con su esposa-- porque “fueron detectados” y temían que el dirigente independentista se les volviera a escapar.
Los agentes, que estaban supuestos a diligenciar una orden de arresto, habrían penetrado a la fuerza a la casa-finca, ubicada en una zona montañosa del municipio de Hormigueros (en el oeste de Puerto Rico). La viuda de Ojeda Ríos, Beatriz Rosado, sostiene que los agentes del FBI dispararon primero, pero el director de la Policía federal en Puerto Rico, Luis Fraticelli, dice que el dirigente ‘machetero’, el más conocido revolucionario boricua de las últimas décadas, lanzó la primera bala.
“Actuamos en defensa propia”, insistió Fraticelli, un puertorriqueño que dirige una oficina que hasta hace unos años solía siempre estar en manos de agentes estadounidenses y que ahora está bajo investigación de la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Por lo menos 20 agentes federales participaron del operativo inicial. Más de 100 balas habrían sido disparadas por los agentes. Pero se calcula que Ojeda Ríos --quien fue hallado desangrado sin vida al otro día del operativo, con una metralleta, un chaleco a prueba de balas y un pantalón de camuflaje-- lanzó otros 20 disparos.
Ojeda Ríos, quien el 30 de agosto de 1985 tuvo otro enfrentamiento a tiros con el FBI en momentos en que se le intentaba arrestar por el robo a la Wells Fargo, habría conseguido herir a un agente. Pero, en algún momento del enfrentamiento con el FBI recibió un balazo en el hombro derecho que le costó la vida.
El FBI, que tuvo francotiradores en la zona, reconoce que hubo hasta tres enfrentamientos a tiros esa tarde y noche del 23 de septiembre. Pero sus agentes, “cansados”, con un agente herido y con instrucciones de Washington de esperar por la llegada a Puerto Rico de un equipo de operaciones tácticas, se retiraron del área, dejando la custodia de la zona en manos de la Policía de Puerto Rico.
“Por protocolo del FBI una vez que haya un agente herido tengo que notificar a mis superiores en Washington D.C. y ellos determinaron en ese momento que el FBI no iba a penetrar en la casa, que íbamos a reagruparnos y tomar el próximo paso de acción. El paso fue pedir más refuerzos para pedir personas que estuvieran frescas”, dijo Fraticelli, el jefe del FBI en Puerto Rico.
La espera pudo haberle costado la vida a Ojeda Ríos, pues no fue hasta 17 horas después del enfrentamiento a tiros que la unidad especial de rescates del FBI penetró a la residencia y corroboró que el luchador independentista estaba muerto, con la mano en la herida y su arma a poca distancia.
Según la autopsia realizada por el Gobierno de Puerto Rico, Ojeda Ríos murió desangrado la noche del 23 de septiembre, de un sólo disparo.
“El viernes 23 de septiembre, en horas de la tarde, nuestra casa fue rodeada. Hombres armados penetraron a la propiedad y tomaron por asalto nuestro hogar, impactándolo de manera brutal y terrible, disparando con armas de fuego poderosas la pared frontal de la residencia”, dijo la viuda, Beatriz Rosado, quien a instancias de su marido salió de la residencia después del primer tiroteo.
Según el propio FBI y Rosado, Ojeda Ríos, después de negociar la salida de su esposa, pidió conversar con un periodista, a quien mencionó por su nombre y al que aparentemente estaba dispuesto a entregarse. El FBI descartó esa alternativa.
“Obviamente, no había gran interés en capturarlo. Hay operativos dirigidos a capturar a una persona viva, (pero) en este caso el operativo que hace el FBI es uno bélico, cuya misión es eliminar a un enemigo como si (los agentes) hubiesen estado en Irak o Afganistán”, opinó Ignacio Rivera, un analista político que defiende convertir a Puerto Rico en otro estado más de Estados Unidos, abogado de profesión y ex funcionario del Servicio de Espionaje de Estados Unidos (CIA).
El gobernador Acevedo Vilá, elegido por el pro Estado Libre Asociado Partido Popular Democrático (PPD), ha insistido en que el FBI tiene mucho que explicar en este caso, incluida la decisión de mantener a su Gobierno sin información sobre el operativo.
El FBI tardó más de 24 horas, desde el inicio del operativo, en comunicarse formalmente con el Gobierno de Puerto Rico y ofrecer declaraciones a la prensa. Durante el operativo, sin embargo, contó con el apoyo en la zona de la Policía local y logró que la estatal Autoridad de Energía Eléctrica dejara a oscuras el área.
El presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rubén Berríos Martínez --cuya formación política, contrario a Ojeda Ríos y su grupo, participa del proceso electoral--, ha condenado al FBI, pero también quisiera ver una investigación a fondo sobre la colaboración de las autoridades de Puerto Rico. “Esto es una vergüenza”, dijo Berríos Martínez.
La investigación más visible, por el momento, es la que realiza la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia federal, a petición de congresistas estadounidenses de origen boricua, y las autoridades de Puerto Rico.
El congresista por Nueva York José Serrano, nacido en Puerto Rico y el portavoz de la minoría demócrata en el subcomité de la Cámara de Representantes federal que regula el presupuesto del FBI, sostuvo que además de la falta de información al Gobierno de la isla y el uso de la fecha del Grito de Lares, se cuestiona por qué los policías federales se negaron a negociar con Ojeda Ríos. “Es evidente que estaba dispuesto a negociar si estaba pidiendo la intervención de un periodista. ¿Por qué no se hizo?”, indicó Serrano.
Ojeda Ríos fue sepultado el pasado martes en un acto multitudinario de pueblo, que recordó a muchos los grandes funerales para las más importantes figuras políticas del siglo pasado, como el nacionalista Pedro Albizu Campos, el autonomista Luis Muñoz Marín y el anexionista Luis A. Ferré, estos dos últimos ex gobernadores de la Isla.
En su funeral, que incluyó velatorios en el Colegio de Abogados de Puerto Rico y el Ateneo Puertorriqueño, se leyó un comunicado del grupo Ejército Popular Boricua, el mismo que bajo su liderato reclamó la autoría del robo a la Wells Fargo, la voladura de nueve aviones de la Guardia Nacional de Puerto Rico y atentados en contra de instalaciones estadounidenses en la Isla.
“Los Macheteros juramos hacer justicia a nuestro comandante y a nuestra patria... Yanquis asesinos, sus días están contados, revolcaron el hormiguero; todo boricua machetero”, indicó el mensaje suscrito por el comandante “Guasábara” (que significa guerra en la lengua de los taínos, los indios naturales de Puerto Rico).
La posibilidad de un resurgimiento de la lucha armada independentista, que ha estado en pausa durante las últimas dos décadas, provocó la alerta del Gobierno federal. “El FBI está consciente de la existencia de serias amenazas en contra de la vida de los agentes. Está bien consciente de la historia de violencia del grupo terrorista de Los Macheteros”, dijo el director del FBI, Luis Fraticelli.
La tensión política en Puerto Rico contribuyó a la cancelación de un viaje que haría a San Juan este fin de semana la senadora demócrata Hillary Clinton, cuyo marido, el ex presidente Bill Clinton, otorgó clemencia en 1999 a una docena de prisioneros independentistas puertorriqueños que estaban en cárceles estadounidenses y pertenecieron a los grupos clandestinos de Puerto Rico.
La senadora Clinton, posible aspirante a la candidatura presidencial demócrata de cara a las elecciones de 2006, se opuso en 1999 a la liberación de los prisioneros independentistas, algunos de ellos vinculados a Los Macheteros.
La prensa estadounidense ha dado una cobertura limitada a este operativo, que ocurre en momentos en que los más optimistas esperan que la Casa Blanca rinda un informe al Congreso sobre alternativas de status para Puerto Rico, un país que, invadido por Estados Unidos en 1898 y con derecho a formar su gabinete de gobierno, todavía no se ha decantado entre las opciones de mejorar la actual relación política, pedir la anexión total o reclamar su soberanía.
¿Héroe o terrorista?
Para el FBI, Filiberto Ojeda Ríos, trompetista de profesión y quien vivió en la década de 1960 en Cuba, es un terrorista. Como base utilizan las acciones armadas de Los Macheteros, que “en represalia” por actuaciones del Gobierno federal han realizado ataques en contra de instalaciones y militares estadounidenses.
El robo de 7.2 millones a la Wells Fargo, ocurrido en Hartford (Connecticut) el 12 de septiembre de 1983, es uno de los más espectaculares de la historia de Estados Unidos.
La voladura en 1981 de nueve aviones de la Guardia Nacional de Puerto Rico, adscrita al Ejército de Estados Unidos, llamó la atención mundial y fue hasta grabada en vídeo por los autores de la acción.
La vez anterior en que el FBI fue a detenerlo, el 30 de agosto de 1985, hubo otro enfrentamiento a tiros con Ojeda Ríos. El Gobierno federal le acusó de resistir el arresto, pero un jurado compuesto por puertorriqueños le absolvió en agosto de 1990. Un mes después, en espera del juicio por el caso de la Wells Fargo, Ojeda Ríos se dio a la fuga.
Desde entonces mantuvo un diálogo esporádico con su pueblo, a través de varias entrevistas clandestinas que concedió y continuos mensajes que envió a los medios, incluso el mismo día de su muerte a los asistentes a la conmemoración del Grito de Lares, cuando abogó por la unidad del movimiento independentista.
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