Esta Semana

Varones... ¿más desordenados que ellas?

E xiste la generalidad que nosotros los hombres somos más desordenados que las mujeres. ¿De dónde sale esta afirmación que a muchos de nosotros resulta ser chocante?

— Freddy Cardoza Muńoz —

Don Ricardo, diagramador, confiesa que si abrimos su gaveta nos en-contraremos con un lío, tanto así que, creo, guarda lo que no sirve y bota lo más útil.;


Entrar al dormitorio de varones es indescriptible, pero... donde deberían estar los zapatos hay cajas conteniendo libros, ropa sucia u otra cosa que, por falta de Ťespacioť, es colocada en el lugar más fácil y de mejor acceso.;


ORDEN EN EL DESORDEN;


Paradójicamente existe, según una extrańa filosofía, orden en ese tremendo desorden. Cada quien sabe dónde deja las cosas que, para quienes están ajenos a la forma de convivencia de los desordenados, resulta encontrarse en un campo totalmente desconocido, entonces se recurre a la memoria de quien guardó el objeto buscado. ;


Ť...Mi mamá, men, en vez de ordenar mi cuarto más bien me hizo un relajo al cien, yo había guardado aquí el folleto, pero ahora no sé dónde lo puso...ť, me comentó un compańero de clases un tanto airado cierta vez que recurrí a él para que me prestase el famoso folleto que lo encontró en unas cajas que estaban sobre el ropero.;


Según Johanna Uriarte, socióloga, existen varios factores que influyen dentro de estas actitudes. Falta de disciplina, de enseńanza de los padres hacia los hijos a ser ordenados, falta de hábitos como, por ejemplo, arreglar su cama cada vez que se levanten. ;


También la falta de estética, y al respecto Johanna amplía: Ť...a veces no me explico cómo algunas personas pueden estar entre el desorden y el desaseo, porque lo cochino está agarradito de la mano con el desordenť, literalmente posiciona su punto de vista enérgicamente.;


LA HOLGAZANERIA;


Resulta ser el factor predominante. Todos deseamos tener una vida cómoda. No molestarnos en levantar un calcetín para ponerlo en el cesto de ropa sucia. Es como si la vida sólo es encender el televisor y que el mundo se caiga; en fin, no me molesten que estoy descansando (?).;


Se han visto casos en que, por ejemplo, cuando falta la empleada de la casa, la ama y seńora del hogar hace caso omiso del orden y, si alguien le pregunta qué pasa o las razones del porqué está la casa en esas condiciones, suele responder tan elegantemente y un tanto engreída: Ťmi empleada no vinoť, pero ¿y ella?;
La ignorancia se hace también presente. Karla, en una de sus tantas historia de vida familiar, relata que su hijo había colocado una pasta de lustrar dentro del refrigerador. Si a una criatura no se le enseńa dónde deben estar las cosas, lógicamente se formará este mal hábito: ser desordenado.;


El machismo también se apunta en esta lista. Es común escuchar en las conversaciones de hombres que Ťson las mujeres las encargadas de arreglar y asear la casať, que un hombre no puede darse el lujo de andar con un plumero o una escoba, de andar quitando y poniendo lo que la comodidad obsequia.;


SOMOS CAPACES;


Cierto es que en cada hogar hay un desordenado o desordenada, siendo los hombres en número y persona quienes llenan más la casilla de la gente desordenada, pero no olvidemos que cada cosa tiene su lugar en el hogar como el hombre su espacio en la sociedad. ;


No dejemos que pase lo que pasa en la familia Simpson que, para su mayor comodidad colocaron un inodoro en la cocina ¿para qué?, la lógica de la comodidad nos da la respuesta.;


Todos somos capaces de ubicar la ropa en el ropero, los zapatos en el zapatero, el refrigerador en el área de cocina y así sucesivamente. Capaces de ordenar y asear. Capaces de crear el buen hábito de ordenar. Tenemos las facilidades manuales y un motor impulsor que nos da la capacidad de discernir las cosas y entre éstas está ;
el orden. Que en nuestra tarjeta ;
de presentación se encuentre esta característica, le hace bien al cuerpo, a la mente, al espíritu y a los demás. Ser ordenado resulta ser satisfactorio.