Esta Semana

Martínez Rivas: ĄAlfa sin Omega!


— Edwin Sánchez —

Se hizo de la noche y del tiempo. Los raptó y procreó, en un;
jueves 13 de diciembre, el Génesis y nos condujo del Génesis;
al Génesis, extirpando, frente a nosotros, cómplices no;
testigos, ese cáncer del destino: el apocalipsis.;


Y ahí, ante el auditorio que se empecinaba en el silencio para;
que los versos fluyeran como podrían hacerlo del poeta a la;
inmaculada página, estaba el culpable de la mejor noche que;
aconteció en el Recinto Universitario Rubén Darío: Carlos;
Martínez Rivas.;


Era poco lo que la imaginación nuestra de cada ańo presagió;
cuando conocimos de la retrospectiva anunciada sobre las cinco;
décadas de ejercicio y magisterio poético de CMR. Su;
imaginación -tanta de cada día-, la vació en recuerdos, en;
nombres, en sonetos, tan pulcro en la palabra como en sus;
intenciones, y alumbró parte de ese mundo para compartirlo,;
acudiendo a nosotros.;


CMR: EL ALFA;


Amparado en la algarabía de la creatividad, alborotó el;
impecable orden del tiempo sin mancillarlo: Claro, estaba el;
Hombre y también El Nińo, pero no hacía falta el Omega. ¿Qué;
grande puede ser confinado en ese áspero espacio ocupado por;
los simples mortales? Con el Alfa bastaba. Con CMR era;
suficiente.;


El lo dijo: No vamos a comenzar por el comienzo, porque sería;
como agredir a un nińo.;


Y presentó al Hombre: ese hombre que defendería al nińo, para;
que luego el auditorio lanzara su veredicto, "decidiera su;
juicio", como lo dijo él:... y salió absuelto. ¿Quién tiraría;
la primera piedra?;


Carlos Martínez Rivas llevó su canto, y con su medio siglo;
demostró que hasta de las "oscuras luces" se "extrae lumbre",;
y él, que ilumina con su creación las cosas, es capaz de que;
veamos por ejemplo, en una simple refrigeradora, que cuando se;
abre "zumba", el espíritu detestable de alguien o de muchos. ;
Y nada hay oculto para él; y lo que para otros pasa;
inadvertido en Carlos se convierte en denuncia, en razón, en;
una protesta hecha de versos en carne viva.;


LA CASA DE LOS RICOS;


Le vemos en "la casa de los ricos" y poco a poco nos interna,;
contrario de lo que otros pudieran imaginarse, en algo tan;
lejos, tan distante del Paraíso; allá donde la primera página;
del primer libro del Pentateuco hace mucho fue arrancada por;
insolente.;


No hay ningún ángel con la espada girando sobre sí misma, sino;
"sirvientas embotadas por la holganza". Hostiles a las;
visitas, apuntará él. Y se deja llevar por una de ellas a la;
cocina y en el gran refrigerador ve "los tramos apenas;
surtidos".;


En esa expedición a la apariencia, miró las pastas nacidas y;
las lechugas mustias, sobras en un plato y un pichel de;
naranjada con "más agua que pulpa". El poeta, encerrándonos ;
en su terrible experiencia, nos muestra un frasco cilíndrico;
con la etiqueta de aceitunas, conteniendo sólo salmuera;
turbia, como una muestra de orina para análisis.;


Y pregunta al final, para despertarnos de la odiosa pesadilla;
que hay tras muchos muros y apellidos:;


-¿Y de qué infierno es aquella cocina? ĄDel infierno de la;
tacańería!;


VIEJAS CON CANASTOS ;


Miramos con CMR los "Canastos" pero sólo con él apresaríamos;
la suerte, triste suerte, de las "mujeres viejas y;
voluminosas". Con su acuarela de palabras, logramos verlas que;
pasan "ida y vuelta, todos los días tempranos al oscurecer".;


El creador lamenta verlas en el depósito trasero de los;
camiones como una carga más. Y ahí van ellas "entre grandes;
canastas, llenas y vacías". CMR hace una pausa y ocupa su;
vocación como confesonario para decirnos, a nosotros, "las;
reconozco".;


CMR llega a afirmarnos, aunque quizá viéndolas ahora no le;
creamos, que "esas mujeres fueron nińas, nińas de rodillas;
puntudas y renegridas".;


"Sí, que de seguro vi pasar allá por los 1937", sostiene y se;
apresura en aclarar los términos de aquellas imágenes que no;
fueron puras ni lo serán nunca, porque él sólo pudo verlas;
"con la pasión mórbida de la infancia".;


Y el hombre escudrińa en su nińez y acepta, que es la pasión;
"que pierdes una vez y ya no recuperas, la que estaba alojada;
en su alma en esa hora". Y hoy el hombre se enfrenta a la;
realidad del viejo recuerdo y la pasión adquiere el tono de la;
denuncia, porque las sigue viendo pasar, entre canastas llenas;
y vacías, igual que ahora "hasta morir". ;


EL "DURO BREGAR";


El lo advierte: "Antes que nazcan no conocerán de la vida más;
que eso". Se rebela contra el "bregar diario" al que están;
sentenciadas las vendedoras, ese bregar que él delata y;
quisiera destruir porque "despierta antes que sus propios;
párpados".;


Sentimos al poeta que sufre cuando esa vida va "desgarrándoles;
el sueńo", junto con "las madrugadas implacables" y "los;
traseros de los camiones, las eternas canastas...".;


El nińo, el estudiante de un colegio religioso, surgirá;
también en el recital, ataviado de rigor eclesial, y le vemos;
colocar sus pensamientos, la intimidad de sus sueńos, en un;
ángel de 12 ańos que tuvo la fineza de nacer en la Tierra, y;
más aún la dulzura de dejarse conocer por el poeta que mira;
"sus desnudas manos", sus blancos brazos, y en esas manos;
desnudas, Carlos mirando los 10 Mandamientos. ;


Las gafas las deja a un lado. En paz como los papeles -esos;
papeles que ya nunca descansarán- para dejar oír los secretos;
inoculados de deseos que se arremolinan en el alma. Cierra los;
ojos como si apretujara con los párpados los versos antes que;
se le escapen.;


DEL EXTASIS DEL AYER;


El poema lo daba por perdido hasta que un día, el poeta;
rivense Urcuyo Gallegos le dio la buena noticia que entre unos;
papeles viejos, yacía un escrito que buscaba a su progenitor;
desde hacía mucho tiempo: uno de sus primeros engendros. Los;
versos comenzaron a hacerse voz, palabra, CARNE...y él con sus;
anotaciones, hechas en el aire,, apuntalaba el éxtasis que;
extraía de ese lejano día colegial.;


CMR refuerza el "clima erótico" de un mundo que no llegaba por;
esos días a las puertas del internado ni con el tacto de los;
dedos: él, que no llegó a sentir las yemas de ella, confiesa;
en su obra que "ni te manché la boca".;


Qué es ese ángel para el poeta: la tentación de unas palabras;
"sábanas limpias". Seríamos incapaces, escuchándole, no sentir;
las ansias de los muchachos por llegar al sábado. y la;
alegría, el placer no agotado por los rosarios ni catecismos,;
de cambiar la ropa de cama sucia por las sábanas limpias. Esas;
sábanas que traían envueltos...los nuevos deseos.