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Mercados subterráneos

T Delitos se cometen con propósito comercial: alguien demanda productos y red funciona e incentiva corrupción pública T Francisco J. Bautista observa en semáforos venta de logos, pidevías, limpia parabrisas, copas y radios robados a vehículos T “Detener al ladroncito que sustrajo diez metros de cable telefónico no termina el negocio, hay que quebrar el mercado completo”

Sin olvidar las causas del problema delictivo, nos referiremos a ciertos mecanismos que la facilitan, mueven o articulan los factores económicos y de mercado de algunos de esos fenómenos, y que las acciones policiales o penales al actuar sobre la superficie simplemente lo encarecen u obligan a la creación de nuevas redes de funcionamiento.
El fin último de muchas de estas actividades es obtener beneficio económico, por lo que para subsistir requieren apoyo de mecanismos mercantiles subterráneos e ilícitos que los sostengan. La magnitud económica y el tendido territorial de distintos tipos de negocios ocultos mueven grandes recursos e implican formas de ocupación laboral e ingresos fuera del sistema institucional. Enfrentarlos con responsabilidad y decisión no es fácil, tiene efectos sociales, toca intereses económicos y está vinculado con una cultura de evasión.
La economía nacional (la más pequeña de Centroamérica: 9% del PIB regional) es inseparablemente formal e informal, legal e ilegal; en la informalidad se encuentran estos mercados subterráneos o delictivos, sin embargo, a veces las fronteras entre ambos se pierden, su línea divisoria es tenue, difusa, uno alimenta al otro. Mientras esos mecanismos no sean afectados, los fenómenos delictivos generados seguirán incólumes, reproduciéndose.
Ciertos delitos necesitan mercados, buscan beneficios, alguien demanda los productos y la red funciona para satisfacer esa demanda, incentiva la corrupción pública en sus distintas manifestaciones, puede tener conexiones con otros delitos, disponen y van creando mecanismos de articulación con variada complejidad. Algunos son locales, otros nacionales o con vínculos internacionales, algunos temporales y otros de larga duración, unos se pueden interrelacionar con otros, pero en general, suelen especializarse alrededor de un giro específico de operaciones en donde cada participante o grupo de participantes tiene un rol concreto. Hay distintos grados de organización, diferente sofisticación y riesgo.
Alguien paga
Estas manifestaciones y su tejido operativo se originan o derivan en otros delitos vinculados, como las estafas, amenazas, falsificación de documentos públicos, lesiones y hasta asesinatos. Se construyen sobre relaciones asimétricas en cuanto al acceso a los privilegios y a la acción policial y penal, es decir, quienes reciben mayores beneficios no suelen pagar las mayores penas ni mucho menos sufrir el calvario del proceso.
En barrios de Managua y otros departamentos se han reportado robos de cables telefónicos, indudablemente porque hay alguien que los recibe y paga. Enfrentar el problema implica identificar el mercado subterráneo que lo desarrolla.
Detener al “ladroncito” que sustrajo diez o veinte metros no termina con el negocio, hay que “quebrar” el mercado completo, las fuentes que le proporciona subsistencia e incentiva.
Igual que lo anterior podríamos mencionar el robo de manjoles; alguien los compra para fundirlos y hacer de ese material otras piezas metálicas. La misma situación se presenta en el robo de luminarias y cables eléctricos, alguien, quizás empresas dedicadas a ese giro o constructoras, compran esos productos y los comercializan o usan. Otro caso es el robo de celulares, se harán los arreglos técnicos necesarios para volverlo a habilitar y ponerlo a la venta en ciertos lugares de la ciudad vinculados con empleados o ex empleados de las empresas de telecomunicaciones.
Robos de accesorios de vehículos: no es desconocida la comercialización en algunos semáforos de logos, pidevías, limpia parabrisas, copas, radios, etc., de vehículos, todos estos accesorios usados han sido robados en parqueos, vía pública y casas de habitación, luego alguien los ha adquirido y llevado a distintos centros de distribución y comercialización (topes).
Ordeño de combustible
También existe el mercado para lo obtenido del robo de repuestos y partes automotrices, los cuales han sido sustraídos de casas comerciales, talleres institucionales o vienen de contrabando. También el combustible y los lubricantes robados tienen su red, tal vez pequeña o temporal, que los almacena o comercializa; estos productos provienen de instituciones públicas y privadas o de remanentes de gasolineras, luego vendidos a precios favorables.
El robo de ganado es para venderlo a otro ganadero, exportarlo ilegalmente o llevarlo al matadero; implica una red precisa, organizada, funcionando a nivel local, pero con propósitos comerciales. La reproducción ilegal de vídeos, discos, juegos electrónicos, libros, etc., lo cual implica la violación a la Ley de Derechos de Autor (piratería), requiere lugares para reproducir vídeos o discos de música, película, juegos, textos, etc.; se crea una red de distribución en mercados y vía pública en donde el consumidor final podrá adquirir una copia, a veces buena y otras fallada, a un módico precio.
Esto requiere apoyo tecnológico para adaptar los equipos. El contrabando es un mercado de bienes provenientes del exterior que sin pagar impuestos son comercializados en los mercados locales con mayores beneficios para el “importador” o evadiendo regulaciones impuestas por el Estado, lo que conlleva al soborno de funcionarios y agencias aduaneras, puestos fronterizos, transportistas y otras instituciones.

Hasta la gente se vuelve mercancía
Hay mercados cuya organización es compleja, trascienden la esfera local, implican mayores riesgos, pero también mayores beneficios. Cada tipo de artículo robado o hurtado crea su red especializada, o mejor dicho, esa red comercial demanda, dadas las necesidades y beneficios, que alguien sustraiga el objeto deseado. Es la situación del robo de vehículos, que afortunadamente en Nicaragua es bajo.
El “negocio” requiere talleres, mecánicos, pintores automotrices, personas encargadas de robarlo, modificarlo, documentarlo y luego volverlo a comercializar en el mercado local o externo en piezas o completo.
En el caso del tráfico de armas de fuego, alguien demanda armas y municiones de determinado tipo y calibre, normalmente traficantes internacionales, aunque también compradores locales, que pagarán por el artículo de acuerdo con precios de mercado, crearán mecanismos para captarlas, sacarlas de bases militares, tiendas de armas y particulares, para almacenarlas, marcarlas, embalarlas, transportarlas y ponerlas en manos del destinatario final (coleccionistas, narcotraficantes, grupos irregulares, terroristas y otras organizaciones delictivas).
El tráfico de inmigrantes es otra actividad que requiere una red organizada con vínculos internacionales; las personas buscan llegar a Estados Unidos, hay quienes se encargan de contactarlos en sus países de origen, les tramitan documentos, los transportan, les ofrecen hospedaje, alimentación, facilidades migratorias, guías, hasta llegar a su destino final.
El tráfico interno de drogas, para el consumo local a través de una amplia distribución detallista en barrios, residenciales, comercios, bares, centros nocturnos y educativos, involucra, según afirmaciones periodísticas, unos diez mil expendios en el territorio nacional; es un negocio de hormigas, por su medio fluyen pequeñas cantidades contaminantes del tejido social, los compradores finales, los consumidores víctima y destino del producto.
El narcotráfico internacional utiliza el territorio nacional y redes de apoyo logístico, abastecimiento, almacenamiento, protección, información y descanso. Las redes reciben beneficios económicos y pago en especie, se integran a otras más complejas y transnacionales, buscan influencias en el poder institucional, financian actividades económicas, sociales, religiosas y políticas. Estas manifestaciones delictivas son germen de violencia, descomponen y corrompen a la sociedad.
La prostitución es un negocio, no siempre articulado, pero puede funcionar como una próspera y tradicional red utilizando centros de masaje, night club, bares, casas de cita, conexiones informáticas, etc. Se relaciona al turismo sexual y a la explotación sexual infantil. El tráfico de niños y niñas, no muy desarrollado en Nicaragua, pero rentable en Guatemala, por ejemplo, cuyo destino es la “adopción” para extranjeros, aprovechando la carencia de regulaciones. Incluye agencias de viaje, hoteles para alojar a los futuros padres, robo de niños, vientres de alquiler, e incluso la utilización de estas víctimas en otros negocios como la prostitución infantil, la pornografía y el tráfico de órganos. Este último, posiblemente inexistente en Nicaragua, encuentra sus receptores en países ricos que disponen de tecnología y desarrollo médico.
Lavado de dinero
El lavado de dinero y otros activos se deriva de las distintas actividades ilegales, es el mecanismo económico-financiero para lavar dinero y recursos mal habidos provenientes del contrabando, el tráfico de armas, la corrupción pública y privada, narcotráfico, tráfico de personas, etc.; crea una red profesional de empresarios, financieros, bancos, casinos, comercios o inversionistas, que “limpiará” los beneficios obtenidos de distintos negocios para usufructuar las utilidades.
Enumeramos otros: el robo, exportación o comercialización de bienes culturales, el tráfico de especies animales protegidas, la comercialización ilícita de maderas preciosas, fraude en el consumo de energía eléctrica, servicio telefónico, agua potable y otros; estafas con tarjetas de crédito, el tráfico de tierras dadas las condiciones de la propiedad en Nicaragua, robos de artículos varios, como medidores (agua y energía), joyas, computadoras, etc. Estos mercados y los no enumerados, crean redes específicas con distintos componentes, roles y actores, beneficios, riesgos y operaciones mercantiles. Buscan lucro, no son instituciones de beneficencia pública; proporcionan soporte a la economía. Algunas expresiones del poder político y económico nacional y transnacional no han sido ajenas a los hilos con los cuales se teje y sujetan las operaciones de ciertas “industrias”. La sociedad convive con ellas.
Los peces gordos
Invito a ver estas formas delictivas de manera distinta, pues están vinculadas a variados y creativos mecanismos. No son opuestas a factores socioeconómicos, a oferta y demanda, a precios y beneficios. La actuación del Estado requiere mucho más que incidir coercitivamente sobre algunos agentes visibles, los menos beneficiados y vulnerables: prostitutas, ladronzuelos, drogadictos, muleros, empleados informales, etc.
Exige, si se quiere ser eficaz, sin olvidar atender las causas socioeconómicas del fenómeno, romper el ciclo que sustenta sus mecanismos mercantiles, algunos pequeños e incipientes, otras desarrollados y transnacionales. Lo expuesto son condiciones indispensables a considerar para una eficaz política de prevención y persecución criminal, que aunque debe ser nacional, requiere identificar particularidades de las realidades locales, ya que las manifestaciones de estos mercados-redes no son homogéneas en el territorio.
En muchos de los mercados no somos inocentes, somos parte como clientes o usuarios. ¿Quiénes han comprado un CD o una pieza de vehículo en un semáforo? ¿Cuánto dinero mueve cada una de estas redes? ¿Cuántos empleados, socios, colaboradores, obtienen beneficio o subsistencia (empleo informal)? ¿Qué opciones laborales ofrece el sistema socioeconómico? ¿Cuántos clientes existen para cada mercado? ¿Cuál es la complacencia del Estado y la sociedad sobre su existencia? ¿Es posible incidir con eficacia sobre ellos o nos quedamos únicamente en sus efectos aparentes?
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