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Carlos Agüero y la Operación “Juan Santamaría”

* Calidad humana del fundador del FSLN le salva la vida a Ortega Saavedra, quien le pidió, casi agonizante, que lo dejaran en la carretera y que huyeran * “Los sandinistas no abandonamos a nuestros heridos”, respondió Carlos Fonseca, a quien no le importó volver a prisión con tal de que el jefe del comando no pereciera

Edwin Sánchez

El primer operativo exitoso de un comando del Frente Sandinista, organizado para liberar a sus notables dirigentes, fue el ejecutado hoy hace 37 años bajo la dirección del mártir Carlos Agüero Echeverría.
Los detalles de esta operación, que significó la liberación del fundador del FSLN, Carlos Fonseca, y de Humberto Ortega Saavedra, quien formó parte de la Dirección Nacional histórica que condujo el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en 1979, se encuentran en el libro “La epopeya de la insurrección”.
El ahora general de Ejército en retiro, Humberto Ortega, casi pierde la vida precisamente en un primer intento por liberar a Carlos Fonseca de la prisión en Alajuela. El “Comando Julio Buitrago”, jefeado por el hermano de Daniel y Camilo, estaba constituido por Germán Pomares, Fabián Rodríguez, Rufo Marín, el tico Plutarco Hernández, Julián Roque y Róger Vásquez. Una escuadra de apoyo, formada por Erick Ardón y Néstor Carvajal, se movilizó en otros vehículos.
Estas dos acciones para sacar al líder sandinista de las cárceles en Costa Rica se realizaron a finales la década de los 60 e inicios de los 70, porque la Oficina de Seguridad Nacional de Somoza infiltró a criminales con el objetivo de asesinar a Carlos.
Del primer secretario general del Frente, Ortega escribe: “Carlos en libertad resulta un aliciente anímico, moral y político para la militancia y el empuje de las tareas que el Frente Sandinista se propone desarrollar en las ciudades, el campo, la montaña, las cárceles y en el exterior del país”.
La situación que atravesaba la organización político-militar en Nicaragua no era la mejor al concluir los turbulentos 60, que dejaron su impronta en el imaginario popular: Los Beatles, el Che Guevara, “la imaginación al poder” en Francia, Tlatelolco en México, el LSD y los hippies regados en el mundo, y por supuesto, el Festival de Woodstock en Nueva York.
La llegada de la nueva década encontró a una organización guerrillera entre las más debilitadas en Latinoamérica. Si la izquierda de los cafés hubiera apostado qué guerrilla iba a alcanzar el poder al concluir los 70, nadie hubiera dado un peso por el FSLN. Fue la época del crecimiento de movimientos insurgentes con mayores posibilidades de incidir en sus respectivos países, como Guatemala, Colombia y Uruguay. “Los Tupamaros” se contaban entre las guerrillas más activas.
A pesar de los golpes al sandinismo, la captura de Fonseca, como bien escribe el autor, provocó la reacción de personalidades de renombre internacional como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Para entonces, el presidente de Costa Rica era José Figueres, quien, paradójicamente, terminaría ofreciendo su apoyo a la causa sandinista.

La sagacidad política de Carlos
En el libro de Ortega se percibe la sagacidad política de Fonseca, a quien otros autores perfilan de muy ortodoxo y extremista, sin capacidad para convencer a otros políticos, que no fueran de izquierda, a su causa.
Carlos desde la cárcel dirige los hilos para llamar la atención mundial a los prisioneros políticos, en tanto lograba incluso hablar personalmente con el propio vicepresidente Jorge Rossi “en busca de un resquicio legal” para obtener la libertad. Además, logra ligar al trabajo propagandístico nada menos que a la hija del otro vicepresidente tico, Aguilar Bonilla, quien participa en mover, junto con otros, el foco internacional a la Penitenciaría.

El primer intento
Escribe el general Ortega que el gobierno de Somoza infiltró a delincuentes comunes en las cárceles de Costa Rica, entre ellos a uno que llamaban “Mama Lola”, auxiliar de la Oficina de Seguridad Nacional, con el fin de asesinar a Carlos Fonseca.
“Con el pequeño grupo que quedamos en Costa Rica, organizo y comando dos escuadras para entrar sorpresivamente y dominar en silencio el Cuartel de Alajuela, una fortaleza del Siglo XIX que se encuentra ubicada en el centro de dicha ciudad”, se lee en el libro.
El historiador de la insurrección no oculta que Carlos Agüero “me proporciona su camisa amarilla, con el propósito de que yo esté más presentable en el Hotel Balmoral, en donde por la tarde de ese 23 de diciembre alquilamos los vehículos para la acción, y horas después estamos listos”.
Plutarco Hernández entró al comando vestido de pijama, junto con Germán Pomares, llevando a un supuesto ladrón, Rufo Marín, con lo que sorprendieron a la guardia, relata Ortega. Sin embargo, “se le escapó accidentalmente un tiro a Fabián Rodríguez, lo que desató un intercambio” de disparos.
“Yo recibo dos balazos, uno calibre 38 milímetros, cuando me encontraba en el interior del cuartel, atraviesa mi pecho y me roza el corazón. El otro, calibre 45, que disparan desde el torreón cuando ya he logrado alcanzar el automóvil y me dispongo a abordarlo, impacta en mi hombro derecho y lo paraliza, catapultándome sobre el carro. Carlos Fonseca me introduce en el vehículo y con Plutarco partimos velozmente rumbo a San José”, relata Ortega en la obra.

Casi muere
Plutarco, de acuerdo al relato, acelera hasta casi 200 kilómetros por hora, “mientras Fonseca me mantiene sentado para que no me ahogue en sangre debido a las hemorragias que presento, y cuando estoy a punto de perecer, me sacude de los hombros gritando: ¡No te vas a morir!, ¡no te vas a morir!”
Esos momentos, que se asemejan a las escenas de una película de acción, fueron de alto riesgo para la vida del propio jefe del comando que ya había liberado a Fonseca, pero que era perseguido de cerca por la guardia tica.
“Los bruscos movimientos que los huecos en la carretera provocan en el vertiginoso vehículo, me devuelven a la claridad cuando todo se me hace cada vez más neblinoso, oscuro. Le solicito a Fonseca que me dejen en el camino y se retiren. Carlos responde que nunca se abandona a un compañero herido, y ordena a Plutarco que tome rumbo a un hospital, para dejarme a salvo allí y luego ellos evadirse. Finalmente fueron capturados, tras casi una hora de persecución”, narra en su libro.
Desde el 23 de diciembre de 1969, día en que Carlos Fonseca es recapturado y recluido en una celda de la Tercera Compañía de la Guardia Civil, en donde es incomunicado por un mes, hasta el día 21 de octubre de 1970, en que es liberado, se produce su último cautiverio que ha de transcurrir en la Penitenciaría Central de San José, consigna en “La Epopeya”.

Criminales al acecho
El autor revela de qué clase de material estaba hecho el “tayacán vencedor de la muerte”, “porque no se arredra en la cárcel sino que conspira, hace ejercicios, lee y lee, hasta la colección de la “Revista Conservadora”, y promueve tres acciones: elaborar un plan de rescate de nuestra prisión, realizar una campaña nacional e internacional, exigiendo nuestra libertad, y medidas de protección física dentro del penal”.

El Kupia Kumi
En este plan participaron varias familias costarricenses. “La esposa de Carlos Fonseca, María Haydée Terán, apoya en la coordinación necesaria entre Carlos y el Comando”. La historia, compuesta por actos heroicos y también deleznables, se puede apreciar con intensidad en esta gran paradoja: mientras Carlos Agüero se alista para dirigir el comando, dispuesto a dar la vida por los revolucionarios capturados, su tío, Fernando Agüero Rocha, en Managua, daba los pasos necesarios para firmar al año siguiente el famoso Pacto “Kupia Kumi”, que en miskito significa “Nicaragua un solo corazón”.
Esa actitud del “joven y sincero, noble de corazón”, que decía la canción de Jorge Isaac Carballo, cancelaría el caudal político del oftalmólogo de voz tronante, todo a cambio de componer el Triunvirato o “Pata de Gallina”, donde Somoza sentó las posaderas de la reelección. Los otros integrantes fueron Alfonso Lovo Cordero y el general Roberto Martínez Lacayo, quienes asumen el periodo oficial de 1972 a 1974, aunque nunca mandaron nada.
El tirano sólo abandonó el poder formalmente y lo recuperó más cuando se autonombró Presidente del Comité de Emergencia, creado con el pretexto del terremoto de la Navidad de 1972.

Un prisionero providencial
Alguien muy importante para el éxito del plan en San José, y que nos habla de que la historia también se mueve por hechos que podrían pasar como providenciales, fue el limonense Marvin Wrigth, capturado tras el secuestro de un avión para llamar la atención sobre la lucha social que impulsaba en Limón. Al ser liberado, con su ayuda, se prepara el comando para el rescate de los presos, dirá luego Ortega.

Operación "Juan Santamaría"
El autor escribe: “El 21 de octubre de 1970 se lleva a cabo la Operación ‘Juan Santamaría’, que tiene por objetivo liberar a Carlos Fonseca y a los compañeros que nos encontramos en prisión junto con él. La operación es ejecutada por los Comandos Revolucionarios Centroamericanos y es dedicada a los caídos Julio Buitrago, de Nicaragua, Luis Augusto Turcios Lima, de las FAR de Guatemala; Néstor Carvajal, del Partido Revolucionario Auténtico de Costa Rica; y Aristo González, de Panamá.
“El jefe del Comando es Carlos Agüero Echeverría y tiene al nicaragüense Alberto Cornavaca como segundo al mando. Completan el comando dos jóvenes oriundos de Limón, una joven chilena y dos jóvenes costarricenses del valle central. En total son siete integrantes”.

Primer rescate de reos políticos
“El grupo del FSLN que lleva a cabo la operación ‘Juan Santamaría’, logra retener y desviar un avión de LACSA, un viejo Curtis de dos motores, matrícula TI-1024, de la ciudad de Limón a la Isla de San Andrés. Desde allí, el Comando se comunica con las autoridades costarricenses y demandan el traslado a México de Carlos Fonseca y demás presos sandinistas que guardamos prisión en San José”, escribe el autor.
“En ese momento las autoridades de Costa Rica son presididas por el primer y segundo vicepresidentes, Manuel Aguilar Bonilla y Jorge Rossi, respectivamente, ya que el presidente José Figueres se encuentra de viaje en Estados Unidos; a ellos les corresponde autorizar el canje para solucionar este excepcional episodio.
“De la isla, después de varios peligrosos momentos, el comando enrumba a Cuba en un nuevo avión de LACSA, matrícula TI 10086, con todos los pasajeros, entre los que se encuentran cuatro funcionarios norteamericanos de la United Fruit Company.
“Nosotros, con Carlos Fonseca, fuimos llevados a México, D.F., en vuelo privado de LACSA, poniendo fin a este exitoso operativo. Días después partimos a La Habana”, cuenta Ortega en su obra.
La operación guerrillera se considera la primera en la historia donde el FSLN logra el rescate de prisioneros políticos, tal como aparece en el libro citado. Después están los comandos “Juan José Quezada”, dirigido por Eduardo Contreras, y “Rigoberto López Pérez”, encabezado por Edén Pastora.
“Para nuestra organización este éxito es significativo, el momento en que se produce es muy difícil, ya que se encuentra el grueso de sus dirigentes y cuadros desde 1964, unos muertos, otros presos o desarticulados en el interior y exterior del país”, sigue el relato.
Antes de viajar a La Habana, Carlos Fonseca preside un encuentro de “análisis político” en Ciudad de México, en la que participan Tomás Borge, Henry Ruiz y Edén Pastora, quienes llegarían a jugar roles protagónicos en la caída de la dictadura de Somoza.
En esa reunión participaron además el célebre profesor Edelberto Torres, la doctora Concepción Palacios y el doctor José Córdoba Boniche. El general Ortega reconoce el apoyo “del veterano colaborador mexicano desde los inicios del FSLN, el ingeniero José (Pepe) Ovidio Puente León”, hoy convertido en crítico de la dirigencia oficial del sandinismo desde México.