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El héroe vive en el relevo eterno del espíritu


Walter Castillo Sandino sabía que su abuelo era hombre de creencias superiores. Que alguna vez en la vida conoció la palabra y el credo de un hombre que alegaba que nada en esta vida era producto de la coincidencia, y que lo que se hiciera en este mundo mientras la materia del cuerpo tuviera vida, tenía repercusiones en la eternidad del espíritu.
Castillo lo oyó por muchos años y leyó mucho sobre ese mundo espiritual de su abuelo Augusto C. Sandino, el legendario general y jefe supremo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN), un mediano grupo de campesinos patriotas que se enfrentó y derrotó a las orgullosas y poderosas fuerzas militares del Ejército de Estados Unidos.
Su nieto sabía que detrás de los aspectos más controversiales del general Sandino --que aún seguían inéditos a pesar de los escritos sobre ellos--, aquel pequeño hombre de sombrero y mirada profunda que le puso freno a la intervención norteamericana en Nicaragua, se escondía una figura mística que dejó huellas en documentos y fotografías que se guardan celosamente en Venezuela, donde se abrió una sucursal de la escuela que originalmente estuvo en México y Argentina.
Respetado en Latinoamérica
“Yo sabía que mi abuelo desde 1929 hasta su muerte a traición, en 1934, era considerado un masón, que también mantuvo una estrecha vinculación con las doctrinas de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal (Emecu), que tenía como líder a un electricista vasco llamado Joaquín Trincado, con quien se contactó por cartas y fue quien lo sacó del catolicismo, pero no sabía del grado de respeto que logró ganar en América Latina en ese mundo espiritual”, dice emocionado Walter Castillo, quien comparte con su esposa, Marbely, la pasión por investigar el pasado personal de quien una vez fuera considerado “General de Hombres Libres”.
Antes que Castillo Sandino se zambullera en la vida espiritual de su abuelo, otros ya habían indagado sobre el aire misterioso del General y sus creencias metafísicas.
Incluso el autor intelectual de su muerte, Anastasio Somoza García, en su libro “El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias”, publicado en 1936, presentaba a Sandino como un bandolero con “síndrome mesiánico” al mando de un ejército de asesinos despiadados.
También el investigador Alejandro Bendaña en su libro La mística de Sandino (1994) reseñó el vínculo del general con la Emecu, y precisó que el abrazo a esa escuela comenzó en 1930, en México.
Allí se presume que Sandino fue puesto en contacto, por medio de un amigo masón, con la Emecu y los escritos de Joaquín Trincado sobre la teoría de la formación del cosmos, el espiritismo de la luz y la verdad, la formación de una comuna universal y otros planteamientos metafísicos.
Antes de ello, Sandino y sus hombres en la lucha mostraban un apego a la fe católica, iban a misa y oraban por sus muertos en combate. La Emecu, por su parte, era anticlerical porque Trincado consideraba que la religión católica y otras eran retrógradas y manipuladas por grupos de poder.
Castillo Sandino averiguó que desde ese viaje a México, el discurso político se transformó en la forma, ya que en el fondo su lucha por expulsar a los marines y mantener un gobierno nacionalista en Nicaragua siempre se mantuvo.
El General dejó entonces de llamar compañeros a sus hombres, y les empezó a decir hermanos, dejó de firmar Patria y Libertad en sus cartas, como al inicio de sus años de lucha, y empezó a despedirse con la frase Siempre más allá, y en vez de arengas de Patria libre o morir, hablaba de un universo libre de fuerzas oscuras.
Prueba de ello es su manifiesto Luz y Verdad, donde Sandino ya presenta su lucha contra los marines como una guerra cósmica entre el bien y el mal.
“Impulsión divina es la que anima y protege a nuestro Ejército, desde su principio, y así lo será hasta su fin. Ese mismo impulso pide en Justicia de que todos nuestros hermanos miembros de este Ejército principien a conocer en su propia Luz y Verdad de las leyes que rigen el Universo”, decía Sandino al inicio de ese manifiesto.
Admiración en Venezuela
Walter Castillo Sandino es hijo de Blanca Segovia Sandino Aráuz, quien a su vez es única hija del matrimonio entre Augusto C. Sandino y Blanca Estela Aráuz. Él viajó a Venezuela el 13 de marzo de este año, invitado por los diputados del Parlamento Andino de Venezuela para develar un monumento en homenaje a su abuelo en la Avenida Bolívar, de Caracas.
Antes de ese viaje había estado indagando sobre el pasado espiritual de su abuelo, y había escrito a las escuelas Emecu de Colombia, Venezuela, Argentina y México, pero no recibió comunicación alguna a sus preguntas.
Fue hasta días antes de su viaje a Venezuela, cosa que era ignorada por la Escuela de Caracas, que alguien le escribió para decirle que desde hacía muchos años la sociedad fraterna de Emecu venezolana estaba tratando de contactarlo para darle información respecto al General.
“Cual es mi susto que de todas las escuelas a las que escribí, solamente la de Venezuela me respondió a través del hermano Cándido Pérez, quien me envió fotos, documentos y correspondencia de mi abuelo con el gran Maestro Joaquín Trincado, donde él acepta el nombramiento como Celador de tal institución (el Celador es el segundo en importancia en dicha Escuela)”, dice.
“Ahí pude conocer el sello, el emblema y el significado de los colores de la bandera de Emecu. Asimismo, me enviaron fotocopias del libro de honor donde aparece el nombramiento de mi abuelo como fundador de esa escuela en Nicaragua”, cuenta feliz Castillo.
Por siempre, y más allá
La carta que le envió el director de la escuela, Pérez, decía así: “Ante todo, mis más respetuosos saludos y es un honor para mí hacer un contacto con usted, por lo que su abuelo significa y significará por siempre y más allá para toda nuestra humanidad, le comento que este correo se lo responderá con detalle el hermano Zamora en breves momentos”.
A los días le mandaron varios archivos digitales de cartas de Sandino con Trincado, fotos de Sandino con el maestro, copias de artículos periodísticos de la época hablando de la relación espiritual de Sandino con la libertad y otros detalles de cómo Sandino se convirtió de católico y masón a Celador de Emecu.
“Estimado Hermano, ante todo reciba un cordial y respetuoso saludo de nuestra parte, la presente es para darle algunas respuestas, las cuales anexaremos en archivo de formato digital. Aparte de esto, me complace decirle que por el compromiso que tenía su abuelo, es considerado uno de los 29 misioneros que a este mundo arribó, y sus obras así lo certifican”, le dijo uno de los hermanos de Emecu en Venezuela.
En su viaje a Venezuela, del 13 al 16 de marzo, Castillo Sandino visitó la escuela Emecu en Caracas y allá comprobó el grado de admiración que entre los miembros de esa fraternidad sigue teniendo Sandino.
La tumba de Augusto C. Sandino nunca se supo dónde quedó, sus restos nunca fueron hallados, pero en Venezuela y otras escuelas latinoamericanas de Emecu, sus miembros siguen diciendo que el espíritu del mítico General sigue viviendo en todos los mensajes que su espíritu ha dado a Nicaragua.

Sandino se creía el Elegido
En una carta dirigida a su hermano Abraham Rivera, fechada el 14 de octubre de 1930, Sandino describe su cosmogonía (origen del cosmos) y cosmología (naturaleza del cosmos), y refiere que el universo es el campo de batalla de estas fuerzas del bien y el mal.
Influido por las ideas de Trincado, Sandino creía que la Tierra era una especie de penitencia cósmica, pero el Creador, siendo misericordioso, envió “29 espíritus misioneros” a este planeta para redimirnos, y “han estado con nosotros por siglos a través de una cadena transmigratoria de espíritus”.
Sandino estaba convencido que esos 29 espíritus poblaban a campesinos que conformaban su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, del cual él era comandante en jefe.
Archivos en poder de la familia y cartas originales de la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal, indican que en 1932 Sandino formó su propia “comuna” en Río Coco, como el inicio del “gobierno del espiritismo”, y la denominó “Sociedad de ayuda mutua y de fraternidad universal”.
Allí izó la bandera de la Emecu de siete colores (arco iris) y le pidió a líderes de la Escuela en México que le enviaran a alguien que pudiese visitar Las Segovias para predicarle las doctrinas de la Escuela a los campesinos.