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Huracán se llevó el paraíso

* La vida humana casi imposible en bosques, manglares y cayos * Animales silvestres heridos o ateridos asoman a los caminos * Manglares hasta dentro de 10 años, y bosques --si no hay incendios-- hasta dentro de 50

Fermín López

PUERTO CABEZAS

La cantidad exacta de madera derribada por el huracán Félix no ha sido posible de precisar, sin embargo, es suficiente para abastecer a todo el país por 120 años, consideró el ingeniero Klaus Henkelman, representante de la Organización de Naciones Unidas para la agricultura y la Alimentación (FAO).
Datos preliminares indican que un millón 666 mil hectáreas de bosque fueron afectadas en diferentes escalas, impactando de forma directa la vida silvestre, acuífera y medios de vida de las comunidades que dependían grandemente de la agricultura, la pesca y la caza.
Una de las mayores preocupaciones de las autoridades regionales y de los mismos investigadores es que un incendio en el área del bosque afectado por el huracán Félix podría resultar mucho más desastroso que el mismo fenómeno. “Si se da un incendio, lo que es muy probable, las esperanzas de que entre 30 y 50 años podamos tener bosques regenerados se podrían ver desvanecidas, porque el fuego acabaría con todo lo que encuentre a su paso y sólo quedaría el suelo inservible”.

Se perdió la mitad del bosque
Un diagnóstico ambiental desarrollado recientemente por expertos de Naciones Unidas, Inafor, Marena, Inpesca, Gobierno Regional y universidades costeñas, revela datos dramáticos de la situación en que se encuentran los bosques, fauna, zona costera y cayos de la Región Autónoma del Atlántico Norte después del paso del huracán.
Ángeles Arenas, coordinadora de la misión de evacuación ambiental por parte de las Naciones Unidas, y Klaus Henkelman, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), quienes acompañaron el estudio de evaluación ambiental, dijeron que prácticamente se ha perdido más de la mitad del bosque que tenía la región, y lo que se puede decir a estas alturas es que es una zona que tuvo recursos forestales.
Los expertos de las Naciones Unidas coinciden con los demás investigadores nacionales y locales en que para lograr la regeneración del bosque, para que podamos volver a tener lo que hemos perdido, se requerirá de 30 a 50 años, bajo un estricto control de incendios forestales, una de las peores amenazas para que el bosque se recupere.

Otras amenazas
La presentación hecha por la misión de Naciones Unidas ante el pleno del Consejo Regional Autónomo señala, entre las amenazas ambientales, además de los incendios forestales, el peligro de cambio de uso de suelo, extracción de madera sin planes de aprovechamiento sostenible y la sobreexplotación del recurso pesquero.
Agregaron que es importante aprender experiencias como las del huracán Juana cuando, después de que todo el bosque fue arrasado, entraron los colonos campesinos, propiciando de esta manera el avance de la frontera agrícola y la ganadería expansiva, razón por la cual no pudo lograrse la regeneración de los bosques de la RAAS, que ahora es una zona ganadera común y corriente, con mucha emigración de personas que llegan de diferentes partes del país.
Las autoridades regionales manifestaron su compromiso de evitar a toda costa como una prioridad, el cambio de uso de suelo, debido a que ya existen intereses de grandes terratenientes y colonos del Pacífico que están planificando introducir a más campesinos de aquellas zonas hacia tierras indígenas afectadas por el huracán, porque creen que es la oportunidad de ampliar sus fincas ganaderas.
Una de las recomendaciones que podrían evitar el cambio de uso de suelo y la llegada de colonos, es que el gobierno agilice el avance del proceso de demarcación de las tierras indígenas, para que de esta manera, con sus respectivos títulos en mano, las mismas comunidades sean las encargadas de la vigilancia contra el avance de la frontera agrícola y los incendios forestales.
La propuesta del gobierno de la República, con la que también están de acuerdo los investigadores, es que parte de la madera que ahora está en el suelo se utilice para la reconstrucción de las viviendas destruidas, escuelas, puestos de salud e iglesias, y que también sea usada, en parte, para la subsistencia de las familias que perdieron todo y que en estos momentos no tienen de qué sobrevivir.
El Instituto Nacional Forestal, el Marena, la Secretaria de Recursos Naturales y Medio Ambiente del Gobierno Regional, y la misma Comisión de Recursos Naturales del Consejo Regional, se encuentran trabajando en una estrategia forestal que permita el aprovechamiento de la madera en el suelo, sin que se altere ni afecte más el medio ambiente.
Klaus Henkelman, de la FAO, manifestó que tres años es el tiempo máximo que podría esperar un árbol derribado en el bosque para que sea aprovechado, después de eso se pierde. Sin embargo, consideró que los árboles tumbados que queden en lo que fue el bosque servirán como semillero para la misma regeneración del sitio, es la garantía de que en 50 años nuestros nietos tengan un bosque como el que tuvimos antes del Félix.
Algunos ingenieros forestales y empresarios madereros estiman en unos 600 millones de metros cúbicos la cantidad de madera derrumbada por los poderosos vientos del huracán Félix.

Daños a la fauna
El desastre ocasionado por el fenómeno no se limita al área forestal, sino que el amplio estudio de daños ambientales señala que la vida silvestre es la más sufrida. Monos de distintas familias, perezosos, loras, tucanes, jaguares, venados y jabalíes, son entre otras, algunas de las tantas especies que están a punto de desaparecer, porque los árboles y cuevas donde se escondían y habitaban ya no están, y muchas de estas especies han salido a las carreteras y caseríos como queriendo decir “ayúdenme, por favor”.
“Urge que vengan especialistas que ayuden a capturar y atender a estos animalitos que nadie atiende, y el que los agarra es para comercializarlos”, manifestó una ecóloga.
Agregó que muchas de estas especies están golpeadas, otras enfermos, y requieren de atención de expertos para que una vez que se curen sean reinsertados a su hábitat natural.

Daños marinos, costeros y en los cayos
La vida y subsistencia de varias comunidades ubicadas en la zona marino costera, sobre todo en el litoral norte, se vio seriamente afectada, no sólo por la destrucción de sus casas, escuelas, templos, y por la pérdida de cabezas de familia, sino que los sitios que por generaciones habían servido para la pesca y sostenimiento de la economía familiar, ya no son los mismos. El huracán llegó convertido en una bestia e hirió la tierra y las fuentes que alimentaban a estas poblaciones.
Uno de los principales efectos del fenómeno es la destrucción enorme de manglares. Se estima que más del cincuenta por ciento del manglar que había en los Cayos Miskitos fue seriamente dañado, y que mangles de más de diez metros de altura fueron arrancados desde la raíz, para no hablar de plantas menores que resultaron ser muy frágiles ante la fuerza de la naturaleza.
Con mucho dolor, los Cayos Miskitos ya no volverán a ser como antes, pues a 28 días del huracán, el agua verde celeste que permitía ver el fondo, aún permanece roja.
Milton Castrillo, del Proyecto Procaribe, dijo que durante la gira de trabajo que realizó un equipo de profesionales del campo a la zona para evaluar los daños, no encontraron vida alguna, “no vimos pescados, cangrejos ni langostas”, aseguró.
La diferencia entre los manglares y la zona boscosa devastada es que éstos sólo tardarán unos quince años para regenerarse, a diferencia del bosque, que podría tardar mucho más, sin embargo, la amenaza es la misma.
Si llegara a producirse un incendio en la zona devastada de los manglares en los Cayos Miskitos o en la zona costera, estaríamos ante el posible fin de muchas especies que habitan entre los manglares.

Bancos de arrecifes destruidos
En los Cayos Miskitos, no sólo los manglares se vieron afectados. Durante la exploración, los expertos también encontraron cerros de arrecifes coralinos, como si hubieran sido sacados de las profundidades con un tractor que los dejó amontonados.
Por todas estas consideraciones, los expertos que han trabajado en el proceso de evaluación de daños ambientales han considerado que por lo menos ahora nadie podrá regresar a trabajar a los Cayos Mismitos, sino hasta que éstos hayan logrado su regeneración ambiental y de población de peces que habitaban en esa área.

¿Adiós a la tortuga?
En un detalle que los investigadores no profundizaron fue en la posibilidad de volver a ver a la tortuga verde que normalmente cazaban los pescadores de las comunidades de Awastara, Daukra o Sandy Bay, la que viajaba miles de kilómetros hasta aquí en busca del pasto marino, el que en gran parte fue lanzado por los aires, y apareció colgado en las ramas de los árboles de mangle.
El Instituto de Pesca y Acuicultura no ha sido específico sobre el tiempo que deberán esperar los pescadores artesanales para poder regresar a los Cayos, sin embargo, uno de los expertos que participó en la investigación, dijo que por lo menos en los próximos cinco años el ser humano no debe hacer presencia en los Cayos.
Esto es así porque la gente es una amenaza para la regeneración de la vida en ese lugar, que hasta el tres de septiembre funcionó como un campo de trabajo que reunía a unas mil quinientas personas, entre buzos, cayuqueros, mujeres comerciantes, acopiadores y cazadores de tortugas.

Lagunas están bien
El estudio que acompañó la FAO también incluye resultados de análisis de laboratorios realizados a las lagunas existentes, desde la comunidad de Bismuna hasta la comunidad de Wawa Bar, y todos los análisis dieron que las aguas de las mismas están en óptimas condiciones para reiniciar la actividad pesquera. El problema radica en que muchos de los comunitarios también perdieron sus instrumentos de pesca, es decir, cayucos y redes.
Durante la ponencia que realizó el director nacional del Instituto de Pesca y Acuicultura, Stedman Fagoth, a las autoridades regionales el pasado fin de semana, se consideró que las pérdidas en el sector pesquero por el paso del huracán ascienden a unos cinco millones de dólares.

Seguridad alimentaria en riesgo
Después de conocer el impacto ambiental, es posible decir que la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) está en riesgo, debido a que una gran parte de estas comunidades dependían de lo que la naturaleza les proporcionaba, tanto en la pesca, como en la caza y la agricultura, lo que ahora ya no tandrán.
El gobierno regional presentó un informe el pasado fin de semana, donde expresa que requiere de 18 mil toneladas métricas de alimento para las comunidades en los próximos seis meses, lo que equivale a unos 16.5 millones de dólares, que aún no están en mano.
En la parte forestal, el gobernador Reynaldo Francis dijo que urgen unos 21 millones de dólares para la rehabilitación, reposición de la capacidad pesquera, y para la reconversión de la pesca para unas seis mil familias de 25 comunidades ubicadas en el litoral norte.
También propuso el aseguramiento de un plan de protección forestal contra incendios, y la implementación de un programa de aprovechamiento de los árboles caídos para la reconstrucción de las viviendas, lo que tiene un costo de 18.5 millones de dólares, con lo que tampoco se cuenta.

Importancia de los manglares

Los manglares son ecosistemas importantes y ejercen distintas funciones al servicio gratuito del ser humano.
Entre las funciones y valores de los manglares podemos mencionar que:
* Son evapotranspiradores, suplen de humedad a la atmósfera (fuente de enfriamiento natural a las comunidades cercanas)
* Son productores de grandes cantidades de oxígeno.
* Son fuente de materia orgánica e inorgánica que sostiene la red alimentaría estuarina y marina.
* Sustentan un número considerable de especies vulnerables o en peligro de extinción.
* Sirven de hábitat a especies marinas y estuarinas de alto valor comercial.
* Estabilizan los terrenos costeros contra la erosión, protegen el litoral contra los vientos huracanados y otros eventos climatológicos de gran impacto.
* Funcionan como reguladores del flujo de agua de lluvia, y reducen el efecto de las inundaciones.
* Son zonas de amortiguamiento contra contaminantes en el agua.
* Son de gran importancia económica para la pesca comercial, usos recreativos y educativos.