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Atlanta, una maravilla de la aviación moderna

* Por su aeropuertos circulan diariamente cientos de miles de pasajeros * Al año son 86 millones, de ellos unos se quedan y otros pasan a múltiples destinos * Aeropuerto está interconectado por su propia línea de trenes rápidos

María Haydée Brenes

Atlanta es una ciudad especial. Su clima caluroso recuerda la zona de Occidente de nuestro país, durante el verano y se ufana de ser la ciudad donde se hacen más negocios en el mundo, de poseer uno de los aeropuertos más transitados, y de ser hogar de compañías con mucha historia como Delta Airlines

Atlanta, Georgia

Atlanta es tan calurosa como Chinandega. Con 32 grados centígrados a la sombra, durante el verano, bien podríamos llamarla la ciudad de las eternas despedidas y bienvenidas, pues desde el Aeropuerto Harstfield-Jackson, cada año pasan más de 86 millones de pasajeros a todas partes del mundo, y es el principal centro de conexiones internacionales de Estados Unidos.
Es en dicho aeropuerto donde situó su hogar en 1941 la compañía Delta Airlines, fundada hace 78 años como línea aérea. Delta empezó fumigando cultivos de algodón, y en 1927, con la flota más grande de aviones privados de Estados Unidos, comenzó a volar sobre el delta del río Mississipi.
Un recorrido por el Museo Delta Airlines permite a cualquier viajero frecuente enterarse de los valores y aportes de esta compañía al mundo de la aviación, y a su seguridad, y convencerse de que las diversas fusiones que ha tenido esta compañía, la ubican hoy por hoy como una de las tres más importantes líneas aéreas del mundo.
En las instalaciones del Museo se encuentra una réplica de lo que fue la primera sala de espera de Delta, una hermosa casita blanca con sillas y mesas metálicas con parasoles coloridos rodeada de una valla de madera. También pueden observarse los rudimentarios equipos con que se reparaban a principios del siglo XX los aviones, y, por supuesto, los diferentes aviones usados a lo largo de la historia.

El espíritu Delta
Los sobrecargos de Delta y sus aeromozas cambian de “look” cada dos años. Los atuendos, me explica mi guía, siempre han sido clasificados con base en su elegancia, y, ¿por qué no decirlo?, a su glamour, tal como denotan las prendas de colección que se exhiben, las cuales, por ser de líneas sobrias y elegantes, nunca pasan de moda.
Pero no sólo ropa, sino vajillas, itinerarios y aviones se conservan en este museo, con “El Espíritu Delta”, que para los empleados de esta empresa es más que un gran avión, pues simboliza el esfuerzo compartido de un grupo de personas para sacar adelante el sitio donde trabajan y del que se sienten parte, como una familia.
Todo ocurrió en 1982, luego de la desregulación de las aerolíneas. Delta Air Lines se vio sumida en una situación financiera precaria. Sus empleados, sin embargo, demostrando un apoyo incondicional a la empresa, por medio de contribuciones voluntarias, incluso de jubilados y de otros miembros de la familia Delta, compraron el Ship 102, el primer Boeing 767 de la empresa. En la cabina del Espíritu Delta, que ya dejó de surcar los cielos, se acondicionó un museo sobre la acción, y hay una moneda de 25 centavos enviada por el hijo de uno de los trabajadores.

Aviones verdes
Desde esa crisis a la fecha, Delta se ha fortalecido, y es una de las tres compañías aéreas más importantes del mundo. En el primer semestre de este año tuvo un crecimiento del 22 por ciento en la cantidad de boletos emitidos, y por esa razón --asegura María Schnabel, directora de comunicación para América Latina--,
estamos más comprometidos con el servicio a nuestros pasajeros y con nuestro planeta.
Como unos de los compromisos adquiridos para mejorar la calidad del medio ambiente, la flota de aviones Delta para Europa ha comenzado a ser modificada por “aviones verdes”, que poseen alas especiales de forma que no requieran quemar demasiado combustible.
Es una modificación que se hará de forma paulatina, dijo Schnabel. También hemos firmado un compromiso para que por cada boleto que se compre vía internet, los pasajeros puedan donar cinco dólares por vuelo nacional u once dólares para vuelo internacional, dinero que será destinada a sembrar árboles en comunidades de los lugares que visita la aerolínea.
“La intención de la compañía es involucrar al pasajero en la compensación por el uso y la emisión de carbono. También estamos trabajando en otros esfuerzos con organizaciones dedicadas a la protección del medio ambiente para mejorar las condiciones de este mundo que es de todos”, declaró Schnabel.

Destino: Nicaragua
Hace diez años, Delta comenzó a volar a Latinoamérica, y lo que inició como una tímida prueba, resultó un éxito rotundo, con 700 vuelos semanales. Nicaragua tiene un vuelo diario de Atlanta a Managua y viceversa. Schnabel explicó que para las fiestas navideñas, el año pasado comenzaron a salir vuelos del aeropuerto de Los Ángeles para cubrir la demanda que se tenía, y este año se hará lo mismo, y se está estudiando la posibilidad de agregar vuelos que salgan desde Nueva York.
“Son muchas las razones por las que queremos que nuestros pasajeros sigan volando con nosotros y se sumen nuevos pasajeros, como la calidad del servicio, la amabilidad, el precio del boleto, el horario, nuestro servicio, la experiencia y confiabilidad de nuestros pilotos, y la calidad de las aeronaves. Cuando los pasajeros entran al avión, se encuentran con asientos cómodos, sistema de entretenimiento digital, comida preparada por chef, pero sobre todo, el valor que le damos a su presencia con nosotros”, concluyó Schnabel.

Un aeropuerto con su ruta de trenes
No se puede hablar de Delta Airlines sin mencionar a su hogar, el Aeropuerto Harstfield- Jackson, considerado como uno de los centros de conexión más grandes del mundo. Cada día, 235 mil personas circulan por este aeropuerto que el año pasado movió 86 millones de personas, o sea, 15 veces la población total de Nicaragua.
Para agilizar las conexiones, el aeropuerto cuenta con un servicio interno de trenes que cada minuto quince segundos, se detiene en las más de 30 estaciones que posee el aeródromo, para que los apresurados pasajeros que buscan su conexión no pierdan tiempo. Las escaleras eléctricas también son muy rápidas, así como los miles de metros de cintas corredizas.
“Es algo caótico, pero una vez que se le toma el ritmo al asunto, nadie se pierde”, me comentó un sonriente pasajero uruguayo que me sirvió de guía en mi travesía hasta encontrar la salida sur, donde esperaba el vehículo que me trasladaría al hotel.