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Abril y septiembre> dos caras de una moneda


Representantes de algunos sectores de nuestra sociedad, frecuentemente, elogian, aplauden y asumen la gesta del 4 de abril como una jornada patriótica, pero rechazan y hasta señalan como criminal la gesta heroica de septiembre del 56.
Sin embargo, hay que decir que el 4 de abril de 1954 y el 21 de septiembre del 56 son como las dos caras de una misma moneda: no se puede concebir la última sin la existencia de la primera.

¿Qué perseguían los hombres del 4 de abril, sino ajusticiar a Somoza en la emboscada de la Carretera Sur?
¿Y Rigoberto y sus compañeros? Ajusticiarlo en la Casa del Obrero de León.
El objetivo era el mismo. La única diferencia es que en abril eran 90 hombres y los delataron, en tanto que en septiembre era un hombre y cumplió.
Los protagonistas de ambas conspiraciones son los mismos: Manuel Gómez, Adolfo Alfaro, Guillermo Duarte, etc., como lo veremos a continuación.

Vuelta a la carga
Efectivamente, cualquier otro pueblo hubiera tardado mucho en reponerse después del baño de sangre perpetrado por Somoza el 4 de abril, pero el nicaragüense no. Sacando fuerzas de flaqueza, ya en el año de 1955, se reúnen nuevamente los exiliados en Costa Rica para organizar un movimiento similar al del 4 de abril de 1954, pero mejor planificado. Ellos son: Manuel Gómez, Nicolás Morales, Ernesto Solórzano y Pablo Leal Vivas, entre otros.
Emiliano Chamorro envía a Costa Rica a Luis Cardenal para averiguar sobre dichos planes conspirativos. Mientras tanto, Somoza, a mediados de 1955, ordena reformar la Constitución para permitir su reelección en las elecciones de 1956 (La saga de los Somoza, Agustín Torres Lazo, Fondo Cultural Invercasa. Managua, Nic.).
Aunque Emiliano Chamarro, esta vez, evita implicarse en el nuevo complot, quizás por su experiencia del 54, Luis Cardenal sí continúa conspirando en combinación con el capitán Víctor Manuel Rivas Gómez, Alí Sálomon y otros oficiales de la Guardia Nacional, como se verá más adelante.
Por su parte, el ex teniente Rafael Somarriba, en su obra inédita Memorias de mi vida revolucionaria, afirma que siempre, en el transcurso del año 1955, “nos reuníamos, en San Francisco de California, un grupo de ex oficiales que estábamos en el exilio”. “Decidimos concertar una plática con el ex coronel Manuel Gómez Flores, en Tijuana, frontera EU-México. A estas pláticas asistieron los ex oficiales Adolfo Vélez, José Ángel Rodríguez, Antonio Orúe Reyes, Mario Alfaro y yo”.
“El objetivo de la reunión era planificar la lucha amada contra Somoza y, al mismo tiempo, saber la verdad sobre el fracasado movimiento de abril del 54, que había sido jefeado, entre otros, por el coronel Manuel Gómez”.
“El esclarecimiento de este fracaso era muy importante y serviría para orientar la manera de combatir y proponer un cambio de jefe militar en el futuro. Propusimos a Gómez organizar un Estado Mayor, escogiendo a los elementos más capaces. El ex oficial Mario Alfaro se opuso, pues creía que Gómez era la única solución para liberar a Nicaragua”, afirma Rafael Somarriba.
O sea que Manuel Gómez y sus compañeros no se detuvieron, sino que continuaron la conspiración de abril, ahora en México y El Salvador. En este último país funcionaba como jefe de los militares exiliados, aunque bajo la dirección de Gómez, el ex capitán Adolfo Alfaro, quien había tenido un papel protagónico en abril del 54, cuando era militar activo. En esa época, escapó de la muerte permaneciendo asilado en la embajada de Costa Rica, donde estuvo doce meses. Su hermano, el también oficial Agustín Alfaro Carnavalini, había sido horriblemente torturado y luego asesinado.

El papel de PLI
Cuando los hermanos Somoza Debayle descargan su poder represivo sobre los militantes del Partido Liberal Independiente, saben lo que están haciendo.
Las torturas y el asesinato fueron realizados selectivamente.
El Partido Conservador, más que un adversario, había sido un aliado muy conveniente. Estaba ahí cuando lo necesitaban.
La izquierda estaba reducida a un pequeño grupo, el Partido Socialista, que funcionaba como apéndice del Partido Vanguardia Popular de Costa Rica, reclamando reivindicaciones económicas, sin aceptar la lucha armada. El enemigo era el PLI.

Virgilio: “Yo iba a matarlo”
“Yo fui escogido para matar a Anastasio Somoza García. Fui entrenado para esa misión en México. Éramos dos: Rigoberto y yo. El primero que lo cazara. Ni él ni yo conocíamos la misión que estábamos desempeñando. Rigoberto López Pérez y yo nos conocíamos desde pequeños porque éramos amigos y vecinos en el mismo barrio en León”.
Las anteriores declaraciones nos las dio en su oficina del Partido Liberal Independiente el Dr. Virgilio Godoy Reyes, el 2 de septiembre del año 2007.
“En el mes de julio de 1956 --sigue diciendo el Dr. Virgilio Godoy-- fui llamado por el dirigente de los exiliados en la capital de México, el Lic. Juan José Meza, quien me preguntó si yo estaba dispuesto a cumplir una misión patriótica. Yo le dije que sí, a partir de ese momento, fui sometido a un entrenamiento intensivo, el tiro al blanco, y luego viajé a San José de Costa Rica”, continúa relatando el Dr. Godoy.
“En San José me entrevisté con el general Carlos Pasos Montiel, uno de los fundadores del PLI, quien me dijo que debía matar a Somoza, en Panamá, durante la reunión de presidentes que se realizaría en esa ciudad, próximamente. El general Carlos Pasos me entregó una pistola Lugger Parabellum, reforzada, y trescientos dólares”, afirma el ex vicepresidente de la República.
“De San José viajé en vehículo hasta Golfito, y de allí a pie por las bananeras, hasta pasar la frontera, auxiliado por un guía que me dejó en determinado lugar de la montaña, ya en territorio panameño. En Panamá, estuve hospedado en la casa de unos amigos personales, la familia Arias, que me ayudaron, sin imaginar la misión en que yo andaba”.
“No pude cumplirla porque, alrededor de los presidentes, había un anillo militar impenetrable y tuve que regresar a México”, señala el Dr. Godoy, con gran sencillez, aunque sin ocultar la satisfacción que le da recordar sus ímpetus juveniles.
El Dr. Godoy, conocido político, quien también participó en el movimiento guerrillero del general Ramón Raudales dos años después, recuerda que, el 21 de febrero de 1956, había estado en un mitin en honor al general Sandino, en El Salvador, donde se encontró con Rigoberto López Pérez.
“Nos saludamos con alegría y entusiasmo, pero ninguno de los dos sabíamos que teníamos por delante la misma misión”.
“El Dr. Virgilio Godoy, mi padre y mi hermano Gerardo, gestionaron la póliza de seguro de vida de Rigoberto con la Compañía Centroamericana de Seguros, apoyados por el dirigente socialista Salvador Cuadra Martínez, también exiliado en El Salvador. Mi hermano Gerardo fue el depositario de la póliza”, recordó.
Las últimas palabras las pronunció el doctor Godoy mientras observaba la fotografía de Rigoberto, que siempre ha estado ubicada en un lugar destacado dentro de la Galería de Héroes y Mártires del Partido Liberal Independiente.

Mañana:
* Aguado, Lacayo Farfán, Edwin Castro.