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Segovianos al rescate de su historia

* La tercera ciudad fundada por los españoles * La ciudad peregrina que perdió su nombre

Ahora que el diputado Carlos Gadea Avilés ha revivido el tema, es bueno hacer una reseña de la histórica Ciudad Segovia, o Ciudad de la Nueva Segovia, como le llamaron sus fundadores en 1538, según afirman unos, o en 1543 como afirman otros.
La actual ciudad de Ocotal no debería llamarse así. Tiene ese nombre por pura coincidencia y por descuido de los pobladores del tercer y último asiento de Ciudad Segovia. Todos los cronistas y todas las monografías del departamento de Nueva Segovia concuerdan en que el primer asiento de la ciudad fue en el sitio conocido por mucho tiempo como Ciudad Vieja, a unos cuatro kilómetros de Quilalí. Los frecuentes ataques de los mosquitos y zumos azuzados por los piratas ingleses y franceses, encarnizados enemigos de los españoles que habían conquistado el continente, hicieron que los habitantes de esa primera ciudad tuvieran que abandonarla. El conquistador don Diego de Castañeda, su fundador, la llamó con el nombre de Segovia, en recuerdo de su homónima de Castilla la Vieja en España, de donde era oriundo.

Segundo y tercer asiento
La dispersión de los habitantes originales de la ciudad debió ocurrir alrededor del año 1654. Su segundo asiento vino a ser lo que hoy se conoce como Ciudad Antigua, a unos 30 kilómetros de Ocotal. Trazaron calles, construyeron su templo, convento, etc., pero nuevos ataques de filibusteros, mosquitos y zambos no les dieron sosiego. Sus habitantes se dispersaron una vez más buscando otro sitio, y fue así como llegaron a un lugar conocido como San Antonio de las Tejas. Aquí encontraron a un peninsular llamado don José Patricio Marín, quien les facilitó un terreno plano entre los ríos Dipilto y Coco, sembrado totalmente de ocotes. “Asiéntense ahí, en ese ocotal”, debe haberles dicho. De ahí quedó la costumbre de decir vamos al ocotal, venimos del ocotal, lugar en donde estaban erigiendo el tercer y último asiento de su Ciudad Segovia.
Son abundantes las crónicas de historiadores neosegovianos como don Salvador Calderón Ramírez, el doctor Emilio Gutiérrez, don Arturo Mantilla Vallecillo, monseñor Nicolás Antonio Madrigal, más historiadores como Guerrero y Soriano y muchos otros que resultaría demasiado extenso transcribir aquí.

Intentos fallidos por el rescate de su antiguo nombre
En el pasado hubo fuertes intentos de muchos neosegovianos y distinguidos personajes de la ciudad por rescatar el nombre de Ciudad Segovia, que legítimamente le corresponde a lo que hoy se conoce como Ocotal.
A finales de los años 60, estando en su primer período el general Anastasio Somoza Debayle, hubo un fuerte movimiento para propiciar el cambio de nombre, o sea el rescate del nombre original. Lo promovieron, entre otros, el doctor Emilio Gutiérrez, el cura párroco Nicolás Antonio Madrigal, don Heriberto Gadea Mantilla, el ex senador de la República, don Arturo Ponce, y presentó la iniciativa en el Congreso el diputado conservador doctor Edmundo Paguaga Irías.

Una ridícula politización
La población recibió muy bien la iniciativa de rescatar el nombre de Ciudad Segovia. Inclusive varios alumnos del Instituto Nacional Segovia, impulsados por su director, el profesor y poeta segoviano don Jorque Calderón Gutiérrez, se dieron a la tarea de recoger firmas con ese propósito. Los diputados también acogieron la idea, sin embargo, siempre hay personas que se oponen a todo. Estaba vivo en el clandestinaje el movimiento sandinista y alguien inventó que se le quería cambiar el nombre a Ocotal en honor a la hija del general Sandino, llamada Blanca Segovia. El rumor llegó al Congreso y causó inquietud entre los diputados de Somoza que estaban a favor del cambio de nombre. La iniciativa recibió su golpe definitivo cuando el diputado Adolfo Altamirano, un señor nacido en la Costa Atlántica y elegido como diputado liberal por Nueva Segovia, tomó la palabra para decir que estaba de acuerdo con el cambio de nombre, siempre que en lugar de Ciudad Segovia se llamara Ciudad Hope en honor a la primera dama, doña Hope Portocarrero de Somoza. Un rato más tarde sonó el teléfono en el Congreso, cuyo presidente era el doctor Orlando Montenegro. Era el propio Somoza Debayle, quien le ordenó terminar la discusión y engavetar el proyecto porque lo habían politizado demasiado.
Ahí murió aquel intento inicial por el rescate del nombre de la bella ciudad norteña.

Una ciudad con arraigo y estirpe de siglos
No cabe duda que su nombre original es Segovia o Ciudad Segovia, y que el Ocotal, un lugar sembrado de ocotes, es el sitio en el cual nuestros antepasados levantaron el asentamiento final de su antigua ciudad.
Con sólo visitar su templo parroquial cualquier persona se da cuenta de la recia estructura colonial y de la belleza arquitectónica de sus naves y sus altares. Hay que tomar en cuenta la lejanía y el abandono en que se encontraba la región segoviana en aquellos tiempos. La corona se ocupaba más de Granada y León, dejando olvidada a Segovia. Debe haber sido difícil para los nuevos habitantes de Ciudad Segovia el traslado de las familias hacia el tercer asiento de la ciudad, así como las reliquias e imágenes que seguramente quedaron abandonadas en el segundo asiento.
El arco toral del templo es toda una obra de arte que termina por ambos lados en un conjunto de columnas corintias. Hasta el año 2000 el templo enseñaba la torre derecha, que es la original, y la izquierda a medio construir. Gracias al empuje de varios neosegovianos amantes de su historia y deseosos de darle el esplendor de antaño fue terminada la torre del lado izquierdo que luce hoy imponente como símbolo del señorío de la ciudad.

Imágenes dignas de cualquier catedral
Las imágenes del templo impresionan por su realismo. Casi todas de tamaño natural. La bellísima imagen del Nazareno que se exhibe en la noche del huerto los Jueves Santos y sale en el Vía Crucis los Viernes fue traída de Guatemala y obsequiada por doña Isabel Bobadilla en 1821. Se conserva intacta como el primer día. Nadie puede resistir su gesto y su mirada sin sentir un estremecimiento de temor y dolor.
La imagen de la Virgen Dolorosa es otra obra de arte, así
como el Cristo yacente del Santo Entierro.
En la nave izquierda del templo se encuentra el altar que contiene la escultura tallada en piedra de Nuestra Señora de las Angustias, obsequiada por un forastero benefactor de Segovia, el ciudadano alemán don Francisco Altschul en el año 1896. A esta imagen del descendimiento, Jesús en el regazo de la Virgen, mi abuelo, don Daniel Gadea Marín, amante del arte, le agregó la escalera que se ve al fondo y una corona hecha de cuero crudo confeccionada por él mismo.

El primer bombardeo yanqui a un pueblo latinoamericano
En beneficio de la iniciativa por el rescate del nombre de Ciudad Segovia se podría asegurar que este nombre atraería mucho más afluencia turística que el de Ocotal. Nueva Segovia es conocida en todo el continente americano por la lucha que en el departamento libró Sandino en contra de la intervención.
Muchos turistas quisieran conocer el edificio histórico del antiguo Comando de la Guardia Nacional ocupado por los marines durante la intervención. Está situado en la misma calle que recibió el bombardeo de los aviones norteamericanos en 1927, durante la llamada batalla de Ocotal que no pudo ganar el General Sandino. Hoy este edificio está ocupado por la Casa de la Cultura.
Otro edificio que guarda mucha historia es la llamada “Casa de alto”, ocupada hoy por la municipalidad. Durante la ocupación fue también cuartel de los marines.
Lamentablemente muchas de las familias autóctonas segovianas han ido desapareciendo, aunque quedan algunas de las más connotadas, como los Calderón, los Peralta, los Paguaga, los Lovo, los Moncada, los Mantilla, los Gutiérrez, los Gadea, los Duarte, los Marín y algunas más.

Prominentes segovianos en la historia de Nicaragua
La distancia grande entre Segovia y el interior del país en aquellos tiempos mantuvo a la zona en un aislamiento perjudicial. La falta de vías de comunicación hizo que este lugar no pudiera figurar con luz propia, ya que sus principales intelectuales no encontraron el campo propicio para desarrollarse, sino en los centros de poder de entonces.
Prominentes personajes nacidos en Ciudad Segovia fueron el doctor y general Julián Irías Sanders (1873-1940), de notable figuración en la política nacional. Fue ministro de Gobernación y de Relaciones Exteriores y Fomento. Un poco antes de la caída de Zelaya fue Ministro General único con mando absoluto como Presidente de la República.
El doctor Modesto Armijo Lozano, nacido en Ciudad Segovia en 1886. Profesional y luchador político de gran figuración en las luchas por la democracia. Don Salvador Calderón Ramírez, prominente historiador y político. El Lic. Gilberto Larios Ramírez, Ministro de Relaciones Exteriores en la Administración de don Evaristo Carazo. Don Salvador Machado Agüero, senador de la República en 1893 y depositario de la Presidencia de la República por muy breve tiempo.
El poeta Manuel Maldonado, el político y escritor don Arturo Mantilla Vallecillo, el poeta Rafael Mantilla hijo, don Pedro Ortiz Gutiérrez, Secretario Privado del Presidente don Adán Cárdenas y en los últimos años el eminente radiólogo doctor Roberto Calderón Gutiérrez, cuya entrega y labor humanitaria mereció que se diera su nombre al hospital que todos conocemos.
Éstos y otros muchos que no cabrían en un pequeño reportaje fueron ciudadanos nacidos en Ciudad Segovia, segovianos puros, no “ocotaleños ni ocotaleanos”, sino segovianos.