Especiales

Entorno histórico del 4 de abril de 1954

* Eisenhower, los dictadores de América Latina, la Legión del Caribe y la puñalada a Arbenz desde Nicaragua * La decisión de un puñado de patriotas, entre civiles y militares, de acabar con la tiranía somocista * La organización interna y externa, y la increíble proeza de pasar por el centro de Managua un camión cargado de armas

I Parte

“Yo me metí a esto porque quiero capturar las armas que tiene Somoza en el aeropuerto, para mandar a botar a mi amigo Jacobo Arbenz”.
4 de Abril de 1954. Esta afirmación la hace Adolfo Báez Bone a su cuñado Arturo Cruz, mientras sus hombres están tendidos en emboscada en el kilómetro 18 de la Carretera Sur, esperando a Anastasio Somoza García para ajusticiarlo.
Adolfo Báez Bone, José María Tercero y Jorge Ribas Montes, tres de los principales jefes militares del 4 de Abril, habían sido compañeros de Arbenz en la Academia Militar Politécnica de Guatemala, donde se gestó el levantamiento cívico militar que derrocó al dictador Jorge Ubico en 1944, diez años antes.
La revolución guatemalteca iniciada por el profesor Juan José Arévalo y liderada ahora por el coronel Jacobo Arbenz estaba siendo asfixiada por el gobierno norteamericano de Dwigth Eisenhower. Documentos desclasificados por el Departamento de Estado indican que la Ley de Reforma Agraria que afectó a la United Fruit Company había sido el detonante que desencadenó la planeada invasión contrarrevolucionaria a Guatemala, que saldría de Nicaragua.

Los hermanos Dulles
En enero de 1953 había asumido la presidencia de los Estados Unidos Dwigth Eisenhower, quien ubicó a los hermanos John Foster y Allen Dulles como Secretario de Estado y Director de la CIA, respectivamente. Ambos pertenecían a la firma de abogados Sullivan y Cromwell, de Nueva Cork, apoderados de la United Fruit. (Por qué lucha Guatemala, Manuel Galich. Elmer editores, Buenos Aires)
También nombró a John Moors Cabot, Secretario de Asuntos Latinoamericanos, y a su primo Henry Cabot Lodge, jefe de la Delegación Permanente de Estados Unidos en la ONU. Ambos estaban ligados a los intereses de la UFCO.
El secretario de Estado John Foster Dulles había logrado cercar a la revolución guatemalteca en la X Conferencia Interamericana de Caracas, realizada el pasado mes de marzo, poniéndola en el banquillo de los acusados, utilizando como comparsas a Guillermo Sevilla Sacasa, Joaquín Balaguer y Núñez Portuondo, delegados de Somoza, Trujillo y Batista, respectivamente, con el pretexto de la penetración comunista de América.
Ya se daban los toques finales para la invasión contrarrevolucionaria de Castillo Armas, cuyos aviones despegaban de Managua y bombardeaban diariamente la capital guatemalteca.
José Figueres, Presidente de Costa Rica, estaba en una situación sumamente incómoda, porque mientras coqueteaba con Estados Unidos, no podía olvidar que el presidente Juan José Arévalo y su entonces ministro de Defensa, Coronel Jacobo Arbenz, le habían entregado las armas y los aviones por gestiones del nicaragüense Rosendo Argüello, con lo que logró el triunfo de su revolución en 1948. (Doy Testimonio. Rosendo Arguello R. Ed. CIRA)

La lucha contra los dictadores
Figueres se había comprometido ante los dirigentes democráticos del continente, Juan Bosh, Carlos Prío Socarrás, Rosendo Argüello y los mismos Arévalo y Arbenz, a que una vez triunfante invadiría Nicaragua para derrocar a Somoza y posteriormente apoyaría un movimiento similar contra Trujillo en Dominicana.
Previamente, Figueres, Juan Bosh, Arévalo y Arbenz habían auspiciado las fallidas intentonas de Cayo Confites (1947) y Luperón (1949), en combinación con los presidentes cubanos Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás, lo que dio motivo a que Trujillo acusara ante la OEA a Guatemala, Costa Rica y Cuba. (Tulio H. Arvelo. Memorias de un Expedicionario, y Abelardo Cuadra. Hombre del Caribe)
Menos aún podía olvidar Figueres que Adolfo Báez Bone, José María Tercero y Jorge Ribas Montes, miembros de la Legión del Caribe, habían combatido al frente de las columnas armadas que derrocaron al presidente Teodoro Picado en Costa Rica y permitieron su ascenso al poder.
Juan Bosh y Carlos Prío Socarrás presionaron a Figueres para que auxiliara a Arbenz, quien estaba a sólo dos meses de ser derrocado.
El cuatro de febrero de 1953 se habían reunido los ejércitos centroamericanos en la capital nicaragüense, en lo que habían dado en llamar Plan Militar Managua, para poner el cerco a Arbenz. Figueres, en actitud muy pudorosa, retiró a su delegación evitando una condena unánime para su antiguo amigo y protector.
Ahora la Organización de Estados Centroamericanos (Odeca) se vale de este acuerdo castrense para dar el toque final a la invasión. Carlos Castillo Armas, en contubernio con Anastasio Somoza Debayle, se dedicaba a comprar armamento. En Nicaragua se entrenaban mercenarios dominicanos y hondureños, especialistas en sabotaje y comunicaciones.

Nicaragua: cuartel de la infamia
Se instalaban emisoras clandestinas en Nicaragua y Honduras. El Cuartel General de la contrarrevolución estaba en Nicaragua, hasta donde llegaron barcos equipados para operaciones comando. (La Cortina de Banano. Guillermo Toriello. Fondo de Cultura Económica, México)
Un triunfo del movimiento 4 de Abril habría desbalanceado la correlación de fuerzas en Centroamérica. Un gobierno revolucionario en Managua expulsaría a los mercenarios de Castillo Armas, suministrándole oxígeno vital a la revolución de Arbenz, arrastrando en su solidaridad a la indecisa Costa Rica y probablemente también a El Salvador, que se habría unido a la mayoría, tal como acostumbraban hacerlo sus coroneles, girando indistintamente hacia la izquierda o la derecha, según las circunstancias.
Honduras y su gobierno, controlado por la United Fruit, hubieran quedado totalmente aislados en su intento de prestar su territorio a las fuerzas contrarrevolucionarias. Por eso probablemente Emiliano Chamorro, viejo zorro, astuto y sagaz, no manda a los 300 hombres que había prometido, comprendiendo que el 4 de Abril no sólo quería derrocar a Somoza, sino instaurar un régimen nacionalista y popular que perturbaría el control norteamericano en Centroamérica.

Había pues tres corrientes en el movimiento del 4 de Abril.

1º La conservadora chamorrista que intentaba poner en la presidencia a un delfín de Emiliano Chamorro y a un gobierno amigo de Estados Unidos.
2º La de los jóvenes de la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP), idealistas, enemigos de las paralelas históricas, pero sin un proyecto concreto.
3º Los jefes militares amigos de Arbenz, quienes querían tomar el poder para instalar un gobierno revolucionario, inspirado en el ejemplo de Guatemala.

¿Qué era la UNAP?
La Unión Nicaragüense de Acción Popular (UNAP) estaba integrada por los miembros de la Generación del 44. Sus principios eran: pluralismo político, cambios sociales y nacionalismo. La formaban jóvenes de familias conservadoras y algunos liberales que repudiaban el papel jugado por las paralelas históricas, rechazaban los pactos libero-conservadores, el tratado Chamorro-Bryan y la política entreguista de los partidos tradicionales a todo lo largo de la primera mitad del siglo XX.
La idea fue de Reynaldo A. Téfel y los otros fundadores fueron: Francisco Frixione, Pedro Joaquín Chamorro, Gustavo Adolfo Vargas y Arturo Cruz Porras.
Luego entraron Ernesto Cardenal, Emilio Álvarez Montalván, Rafael Gutiérrez, Rafael Córdoba Rivas, Eduardo Rivas Gasteazoro y René Vivas Benard, entre otros.
El acta de constitución (1951) la firmaron 25 personas. Las reuniones se hacían en casa de los diferentes miembros.
Adolfo Báez Bone. Había sido un brillante alumno de la Academia Politécnica de Guatemala. Vino a terminar de graduarse en Nicaragua y se integró a la Guardia Nacional. En 1945 se casa con Lilliam Cruz, hermana de Arturo Cruz Porras.
Después del golpe de estado al presidente Argüello, en 1947, Báez Bone y Arturo Cruz se asilan en la Embajada de Guatemala. Arturo cae finalmente preso y Báez Bone logra fugarse con la ayuda de Francisco Urcuyo por una de sus haciendas fronterizas con Costa Rica. Luego se integró a la Legión del Caribe, combatió con Figueres y regresó a Managua, donde cayó preso nuevamente en 1953.
Desde la cárcel comenzó a conspirar con el capitán César Napoleón Suazo y oficiales del Ejército.
En la Navidad del 53, Báez Bone le dice a Arturo Cruz: “Vayan a decirle a Pedro Joaquín Chamorro que estamos preparando algo en serio, que si la UNAP no entra, en el primer tribunal popular yo los denunciaré”.
Sale Báez Bone de la cárcel y tiene una gravedad. Se va a vivir a Jinotepe donde pone un negocio de granos. Era compadre de Luis Pallais. Se hace íntimo amigo de Reynaldo Téfel y Ernesto Cardenal, quienes tenían una librería en el Almacén Julio Cardenal.
Él es quien conecta a la UNAP con Cesar Napoleón Suazo en el Club Terraza. Llegan Téfel, Arturo y Ernesto Cardenal.
A otra reunión llega el capitán Blessing, quien sólo escucha. Luego otra con el capitán Domingo Paladino y la cuarta iba a ser con el coronel Rodolfo Dorn, pero no llega. Adolfo era un hombre de izquierda, recuerda Arturo Cruz, sólo vivía hablando de Arbenz. Fue integrando al movimiento a militares disidentes como Joaquín Cortez y al capitán Gustavo Zavala, también a otros militares activos como Adolfo Alfaro, Guillermo Duarte, Jorge Cárdenas y Víctor Silva.

Reunión de emergencia
El dos de abril 1954 se efectúa una reunión de emergencia de UNAP en casa de Rafael Córdoba Rivas. Llegan 15 miembros y se les explica todo lo relacionado con la acción bélica.
Quedan de reunirse al día siguiente en casa de Arturo Cruz a las dos de la tarde, pero sólo llegan Pedro Joaquín Chamorro, Reynaldo A. Téfel, Eduardo Rivas Gasteazoro y el mismo Arturo. Gasteazoro dice que lo esperen, que se va a ir a confesar, pero se van sin él.
Sábado tres de abril. 2:00 p.m. Salen de la casa de Arturo Cruz, Luis Báez Bone, a quien Arbenz lo había nombrado cónsul en Montreal, pero se vino por su compromiso con el movimiento armado. Adolfo Báez Bone, Agustín Alfaro, Joaquín Cortez, Pedro Joaquín Chamorro, Téfel y Cardenal van en una camioneta. “Nosotros los de UNAP íbamos sin armas, como que fuéramos a un picnic o a un safari”, relata Arturo Cruz.
Marchaban hacia la quinta La California, de Faustino Arellano, en el kilómetro 12 ½ Carretera Sur, y a la San Salvador, más hacia el norte. Allí se encontrarían con el grueso de los insurgentes.

Cómo se organizó el movimiento
El golpe al presidente Leonardo Argüello fracturó a la Guardia Nacional. Los militares que defendían la Constitución permanecían exiliados en Guatemala y Costa Rica, cuyos gobiernos adversaban a Somoza.
Con el apoyo de Arbenz y Figueres se organizó el movimiento que integró a los militares infiltrados dentro de la Guardia, los exiliados y civiles de la oposición.
El golpe comenzó a planearse en mayo de 1953. El ex capitán Adolfo Alfaro actuaba como contacto con Jorge Cárdenas y Víctor Silva, instructores de la Academia Militar, así como con el teniente Guillermo Duarte, el segundo del capitán Guillermo Noguera, comandante del Aeropuerto Las Mercedes. El sargento Flores, ayudante de Noguera, también colaboraría.
Tenían minados los campos de aterrizaje para que no alzaran vuelo los aviones a la hora del ataque.
Pablo Leal, uno de los héroes del movimiento, se encargaba de contactarse con el exterior y llevaba una carta a Prío Socarrás, quien se encontraba exiliado en Miami. Leal había sido nombrado jefe del movimiento invasor por Figueres y Juan Bosh en Costa Rica. Prío ofrece a Pablo Leal dinero y armas, le da 25 mil dólares y le indica que en México le será entregada una dotación de armas que consistirá en lo siguiente: 600 rifles, ochenta metralletas, tres ametralladoras de trípode, con su dotación de cien tiros para cada arma. También 600 granadas de mano.
Pablo Leal le comunica a Prío que el armamento será trasladado en autobuses de doble fondo hasta un puerto mexicano, de allí embarcado a Puntarenas, Costa Rica, y luego a Managua por veredas. Los conspiradores se reunían en el restaurante El Bomboniere y en la quinta La California. Los contactos con el extranjero se hacían por medio de la clave que tenía la Embajada de Guatemala en Managua.
Las armas y los hombres desembarcaron finalmente en un puerto del Lago de Nicaragua que estaba situado en la hacienda San Pedro, de las hermanas Zavala.
Venían 21 hombres perfectamente entrenados para participar en la acción, el resto de las armas sería repartido entre la gente de la capital.
El dos de abril de 1954, Pablo Leal realizaba una de las más grandes proezas en la historia de la subversión antisomocista al recorrer las calles de Managua lentamente con un camión cargado de armas disfrazadas como pacas de algodón, y entre sacos de maíz y frijoles. Pasaron el vehículo y su conductor por la Avenida Roosevelt, entre el Campo Marte y El Hormiguero y enrumbaron luego hacia la quinta San Salvador, que estaba ubicada cerca de Loma Linda, en la carretera a Diriamba.
Los planes contemplaban primero atacar el Club Internacional, donde había una fiesta; luego se pensó asaltar la Embajada Americana, en una reunión donde estaría Somoza.

La California y la San Salvador
Báez Bone, Arturo y la demás gente llegan a La California, donde los recibe Faustino Arellano, que era el dueño. También estaban allí Chema Tercero, Rafael Praslín, Luis Gabuardi, Pablo Leal, Amadeo Baena, Manuel Gómez y Manrique Umaña.
Le dan la primera misión a Reynaldo A. Téfel y a Ernesto Cardenal: que se aposten en Las Piedrecitas para que vigilen si llega Somoza a la Embajada Americana. Somoza no llegó.
Emiliano Chamorro, Fernando Agüero y Enrique Lacayo Farfán llegan a verlos a la San Salvador.
También los visitan Joaquín Cuadra Chamorro y Luis Pasos Argüello “sólo para saludar”.
Les entregan subametralladoras a Pedro Joaquín y a Arturo Cruz para que vigilen la carretera en el kilómetro 13, echados en el suelo hasta que en la noche los relevan. Llegan también Adolfo Alfaro y Guillermo Duarte.

Mañana:
* Los hombres de Emiliano no aparecen
* Cacería humana
* La leyenda de Ribas Montes